¿Y si renunciáramos ya a los “puentes”? ¿Y si nos pusiéramos ya a trabajar? Porque en efecto es de lo más agradable pasear por este camellón sin que haya nadie que me moleste y es digamos soportable que las oficinas y los comercios no abran. Pero creo que no es demasiado bueno para la economía. Creo que los camellones deberían de estar limpios pero no de gente; deberían de estar limpios porque deberíamos de ser una sociedad que valorara un poquitín más el trabajo.
Por Nicolás Alvarado
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