¿Quién es Juan Carlos Castro? Por su edad, un tipo que podría representar el mundo que queremos. Uno donde la diferencia entre los individuos no importa, en tanto podamos vivir en paz.
Castro, sin embargo, a sus veintipocos es un hombre con suficiente amargura como para poder gritar en un Parlamento como cualquier otro, que no tolera a los enfermos de las drogas o a los que han decidido ser distintos.
¿Quién educa a un tipo como Castro?
No sólo la familia: también una Nación.
Castro debería estar despreocupado, construyendo país, pero no: en la primera oportunidad que tiene de ser un hombre público, abofetea al que marca distancia con lo ordinario, califica y pone normas, reglas morales al que decidió ser quien es.
No es por Castro. Él será poca cosa, en todo caso.
Pero su pequeño universo muestra el universo que hemos tejido.
Uno donde el otro es enemigo.
Uno donde las drogas son anatema.
Uno donde el que quiera nacer, deberá escoger rápidamente un camino o será vapuleado.
¿Quién es Juan Carlos Castro? Nadie.
Pero es el futuro de nuestro presente.
Es el siguiente Miguel Sacal Smeke.
A propósito de jotos: más joto es el que siembra tanta ponzoña en un joven, que el que ha decidido gobernar su propio sexo.
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