La historia de Robot Zonda poco tiene que ver con los lugares comunes de la lucha por ser alguien en el complicado mundo del rock latinoamericano. Quizás lo más que pueden tener en común con otros grupos es la consolidación de un demo de cinco canciones grabado de forma modesta. Hasta ahí. Luego, en lugar de distribuir esa maqueta casera por múltiples casas disqueras, decidieron darse a conocer por sus propios métodos, incluso con el pequeño lujo de ir disponiendo de quienes podrían ser sus futuros fans.

Todo empezó hace tres años aproximadamente, en los suburbios de Buenos Aires, sin más herramientas que una guitarra Epiphone, un bajo Fende, y un destructivo tambor Black Panter, más un alto parlante de baterías. Kiko Mazzeo, vocalista hiperactivo en compañía de sus secuaces, decidieron plantarse por las mañanas, a unos cuantos pasos de las puertas de escuelas secundarias tanto públicas como privadas de los alrededores de su casa, e improvisar conciertos de no más de cinco canciones, las únicas que tenían y que están incluidas en su demo: “Sabíamos que si salía todo mal era más fácil regresar a nuestras casas”, recuerda Kiko.

La reacción fue casi inmediata. Los adolescentes parecían volverse locos con aquellos tipos forrados de plástico en colores electrizantes y su música de baja producción, pero de una potencia que incitaba a brincar y acabar con todo lo que estuviera alrededor. Una vez que se percataron que su idea tenía posibilidades de éxito, decidieron ponerle un nombre a sus caóticas giras escolares de muy bajo presupuesto: No te mates tour, por aquello de la fantasía del suicidio frecuente en los población adolescente.

No te mates tour fue expandiéndose mas allá del barrio de Kiko, invadiendo todo el circuito escolar de Buenos Aires y alcanzando la provincia (regiones donde según Kiko, la gente es más tranquila y aún así pudieron alborotar las hormonas de los chicos provincianos); luego siguió Chile, en donde tuvieron una inesperada aceptación, sobre todo conociendo las antañas rencillas que guardan estos dos países del cono sur: “A nosotros nos fue bien con los chilenos y mira que acá eso no es fácil”.

Como no podría ser de otra manera, sus primeras presentaciones provocaron la consternación y desaprobación del personal educativo de las escuelas en las que se ponían casi enfrente. Profesores y directores no le veían ventajas didácticas a los conciertos de Robot Zonda, quienes aprovechaban esos pequeños minutos del No te mates tour para vender su demo y no les iba mal.

Después de estas irrupciones escolares, puede ser que su historia vuelva al camino de los lugares comunes del rock. Alguien los vio en la calle y les propuso hacer las cosas en grande y con mejor producción.

Hoy Robot Zonda ya juega en la grandes ligas, por decirlo de algún modo. Son una banda cuya fama a nivel comercial arranca de buena manera, a pesar que muchos chicos ya sabían de ellos, son los mismos locos que tocaron afuera de sus escuelas. De hecho, eventualmente siguen dando conciertos pero ahora dentro, en los patios de recreo o auditorios y con la aprobación del a veces rígido cuerpo académico.

Justo en al ascenso de su fama y a pocas semanas de sus primeros conciertos en México (que no serán afuera de secundarias), Kikko Maezzo habla en exclusiva para Sin embargo.mx sobre Robot Zonda y lo que representa ser parte de una banda en estas épocas de crisis económicas e Internet.

–¿Porqué se llaman Robot Zonda?

–La idea principal siempre fue armar hacer diferencia entre algo frío y mecánico como un robot con la fusión del zonda, que tiene dos significados: el zonda, que es un término más usado en Chile para referirse al viento fuerte y caluroso que le prende fuego a un árbol, y también la idea de que zonda es ese tipo de señal que se mandan a la luna, o esos cables que ponen en el cuerpo a los enfermos, es como que te mandamos música intravenosa…

–¿Qué te motivó a emprender un tour tan peculiar como el No te mates tour?

–Un problema muy grande que hubo acá en Buenos Aires fue después de la tragedia del Cromagnon, ese día fue como que el punto de inicio dónde acá se acabó todo, se acabó el rock, tocar en vivo, fue complicado. El evento del Cromagnon nos pegó muy fuerte y encima acá se empeoró esa situación, no fue que después mejoraron los lugares, con salidas de emergencia y eso…Y a veces está bueno como escuchar este lado, el de las bandas –que habemos muchas– que estamos ligadas y que podemos dar testimonio de lo duro que es encontrar un espacio para tocar, que es algo que no lo puede decir Charly García porque Charly García siempre va a tocar. A las bandas que recién arrancamos nos costó mucho. Empeoraron las cosas a tal grado que llegamos a 2008 dónde era muy difícil tocar. Tiempo después nos cayó encima todo el asunto de la gripe aviar (bueno, pensábamos que era eso, lo que hoy es la influenza AH1N1), y era un desastre total, además yo tenía unos problemas familiares algo densos.

Nosotros no sabíamos qué hacer, si mandarlo todo al carajo. Me junté con Moe Robot que es el guitarrista de la banda. Los momentos de crisis están buenísimos porque te obligan a pensar en lo que realmente querés. Nos dimos cuenta que lo único que queríamos era tocar, así que nos juntamos y pensamos que para lo único para lo que nos alcanzaba el presupuesto era para tocar afuera de las escuelas. Tocamos durante todo un mes en las puertas de las escuelas. Y así nos salvamos de la depresión o del suicidio supongo…

–¿Así de graves estaban las cosas?

–Pues supongo que no, pero nosotros mismos nos asombramos de todo lo que hacemos por sacar adelante una banda, pienso que si fuera un poco más débil hubiera tomado otro camino… Pero sí tengo que aceptar que nos maneja mucho el estado de ánimo en esto de la música. No se si esto sea bueno o malo sabés…

–¿Qué tipo de escuelas eran, de qué nivel escolar?

–Empezamos primero con secundarias. Luego nos arriesgamos a tocar en la mañana secundarias y en la tarde primarias. Y fue increíble, porque de tener un show al mes empezamos a tocar todos los días. Fue muy divertido, aunque en efecto pasábamos por muchas etapas durante estos conciertos improvisados. Por ejemplo, con la primera canción la reacción de los adolescentes fue mala obviamente, entre miedo, asco, vergüenza, pero para el segundo tema ya estaba todos como locos enajenados; en el tercero ya estaban rompiendo todo y al cuarto ya nos pedían otra y te compraban el disco, un ep de cinco canciones que grabamos de forma casera.

Lo grabamos en mi casa. Ya después hicimos un disco de 10 canciones en donde venían las cinco del ep remasterizadas más cinco nuevas que también hicimos en m casa. Pero bueno, ahí nos sentimos bastante cómodos. Eso de verdad nos ayudó un montón. Eran conciertos de muy corta duración, lo justo para no cansar a los adolescentes y para que la policía no nos llevara, no eran más de siete canciones. Pero gran parte de nuestros fans de hoy son aquellos chicos que nos vieron a fuera de sus escuelas. Siempre hay una escuela de pica entre las escuelas públicas y privadas, es una estupidez y no conlleva nada.

–¿Y cómo era la reacción de las autoridades de la escuela, los directores o los maestros?

Era extraño. Por momentos, con tanta adrenalina, no te das cuenta pero ahora que lo recapacito a la distancia, te das cuenta como es el pensamiento del personal académico de las secundarias. Por ejemplo, si salía un profesor o un director, te veía tocando y tu intentabas explicarle y lo primero que se les ocurría pensar era que venías de un partido político o de una religión. Por ejemplo, tenemos una canción que se llama Auto Bomba que dice “Volá volá”, una directora vino la escuchó y dijo: “¡Pero que están cantando? Colaborá colaborá”, esa cosa que te das cuenta que la gente está mal pensada, para mí es muy enfermo que la gente no pueda ver a cuatro personas con un look increíble a tocar en la mañana y en invierno, sin pensar que te manda o un partido político o un culto. La gente no cree en la individualidad y eso se me hace muy enfermo la verdad…

–¿Cómo era ese look?

–Muy charpado, muchas cosas de colores, plástico, pantalones de cuero. Al final los directores se dieron cuenta que en muchos sentidos éramos inofensivos, a tal grado que ahora damos los concierto dentro, en los patios de las escuelas.

–Sin embargo, esta idea del No te mates tour, ¿sólo era tocar por tocar?

Empezó así, pero lo que sucedió es que topamos con la dura realidad de que ni idea del rock y del show business como se da hoy en día. Me di cuenta que de pronto el rock está un poco pasado de moda porque hay un intermedio que son las bandas que están resurgiendo y las bandas que son nuevas. Entonces los chicos hoy en día no están acostumbrados a ese bagaje que teníamos nosotros de ir a ver en una noche a un montón de bandas en un bar. Hoy los chicos no hacen eso, los de clase media no hacen eso. Los chicos de 15 ó 16 años que van a ver bandas son unos freaks. En esto tiene que ver mucho Internet, ahora todo lo tienes en tu computadora. A mi me pasa que de repente estoy en mi casa después de haber hecho fechas en una escuela y grabar un poco, y llego cansado un viernes en la noche y digo, ‘¿qué hago: salgo o me quedo a ver una película o una serie en Internet?’. Es ya una opción que se contrapone a la de sociabilizar, y tiene que ver con el sentido de la clase media, porque cuando yo tenía 15 ó 16 años incluso ir al cine nos costaba mucho, ir a ver a una película siendo adolescentes era difícil, no teníamos plata, ¿cómo le hacíamos? Yo me colaba en los cines sin pagar…

–El rock puede estar pasado de moda, ¿lo de hoy es lo indie, sin importar el género?

–No somos independientes porque queremos o por una bandera, es porque de repente no es más fácil y porque a veces la situación no nos está planteada de la mejor forma, tenemos muy buena relación con las compañías multinacionales y con las más bajas, con todo los bunkers y con todo mundo. Y aun así hemos podido, por nuestra cuenta, conseguir buenas movidas en un momento donde al parecer las movidas más grandes se dan en festivales y ligadas a bandas con mucho nombre. Yo creo que en nuestro caso, estamos en un momento en que siempre fue así. La bandas y los artistas pueden decir un montón de cosas, pero nunca la verdad. Y la verdad nunca se va a saber. Por eso hoy escuchas que todo mundo se dice independiente y salen en todas las revistas comerciales incluyendo la Rolling Stone y vos decís: ‘¿esta banda es indie, cómo puede ser? Si yo estoy en el indie y se que no es nada fácil’. A mí esas bandas no me importan saber quienes son, la verdad. Tampoco tengo que demostrar nada a nadie. Por lo tanto, indie en mi banda significa hacerse cargo de algo que nadie en su vida quisiera hacerse cargo, como por ejemplo nadie en mi vida me obligó a mi a tocar en las escuelas en la mañana. Creo que si mi mamá me despertara para decirme que tengo que dar un concierto afuera de una secundaria, yo la iba a mandar a cagar y me iba a quedar durmiendo. Y la verdad es que nuestro show puede ser tan independiente como puede ser un show de Luis Miguel, yo no se que compañía tenga él. Pero después de las escuelas lo superamos y hoy en día, nuestro show es impecable. Para mí ser indie no es salir a tocar con una bombita quemada y con la guitarra desafinada. Las cosas se hacen bien y punto.

–En México existe una percepción de que Argentina es un fábrica de bandas de rock, ¿esto es verdad?

–Es cierto que de repente aparecen muchas bandas, pero siempre hay que tener un análisis concreto. A mí lo que me dio por hacer Robot Zonda en esta era es saber que soy completamente distinto al estereotipo de un músico de rock que yo percibía en el ambiente y que era que como banda tenías que salir a matar a la otra, luchar porque aunque sabes que por más que no se diga todos están queriendo tener ese lugar tan preciado. Hoy hay muchas bandas que aparecen en la Internet pero que no hacen nada, no están tocando en vivo. Hoy en día te tomas una foto con un iPod, le haces dos o tres efectos, la pones en MySpace, la diseñas con una buena tipografía y ya pareces como una banda profesional y estás girando por todo el mundo. Es como si te dijera: ‘¿te acuerdas de Pepe el que vive a la vuelta de la casa, que iba con nosotros en la secundaria?’, checas el MySpace de Pepe y parece la página de 30 Seconds to Mars, y luego te das cuenta que Pepe es un tipo cualquiera que vive con su mujer y con su hijo y Pepe no hacía nada más que ser un padre de familia. La Internet ha venido a cambiar eso. Tal vez uno piensa que hay muchas bandas por acá, pero no las hay y esa es la verdad. Más bien hay muchas bandas virtuales que tuitean mucho pero no tocan nada.

Hay que analizar la música desde un lugar nuevo.

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