Hay gobiernos europeos que ya piensan en extender las medidas restrictivas al verano, mientras no se espera una vacuna antes de un año, mientras que en México la Secretaría de Salud ya extendió hasta el 30 de abril el periodo para que la ciudadanía se quede en su casa para evitar contagios de COVID-19.

Madrid, España, 31 de marzo (ElDiario.es).– Los confinamientos empezaron siendo de dos semanas. Pero todos se van alargando. China, donde arrancó la pandemia, ha necesitado tres meses para controlar su expansión. Y la vacuna… los expertos creen que no habrá vacuna antes de 12 o 18 meses. Entonces, ¿cuánto va a durar esto? En realidad, nadie es capaz de ponerle un fin… Eso sí, lo que pretenden las autoridades sanitarias y los gobernantes es rebajar los colapsos de los sistemas de salud a través de los confinamientos. Pero también son conscientes de que no pueden eternizar el parón económico. Y con esas variables van tomando decisiones, a veces contradictorias y en relación con el mundo por el que se expande la pandemia.

En Europa, de momento, los gobiernos están prolongando los confinamientos, la mayoría de los cuales se decretaron días o semanas después de detectado el brote en el continente, hasta finales de abril o principios de mayo. Es decir, más de un mes.

Por ejemplo, Reino Unido ha considerado “completamente verosímil” que la pandemia dure “varios meses”. Así lo afirmó el profesor Jonathan Van-Tam, segunda máxima autoridad médica de Reino Unido.

Sin embargo, en una de sus comparecencias diarias hasta que cayó enfermo, Boris Johnson dijo el 19 de marzo: “Podemos cambiar el rumbo en las próximas 12 semanas”.

Johnson afirmó: “Estoy absolutamente seguro de que podemos desterrar al coronavirus, pero solo si todos tomamos los pasos descritos. Sé que estamos pidiendo mucho, pero es crucial para salvar miles de vidas”. Luego multiplicó la confusión al admitir que el país podría no estar en un “camino descendente hasta fines de junio”.

El principal asesor científico del Reino Unido, Patrick Vallance, ha dicho: “Poner plazos absolutos en las cosas no es posible”.

En México, el Gobierno amplió las medidas de confinamiento, pues en primer lugar había anunciado que tendrían lugar del 23 de marzo al 19 de abril.

El 30 de marzo el Subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell Ramírez, llamó a la ciudadanía a quedarse en casa del 30 de marzo al 30 de abril para evitar que el sistema de salud del país colapse ante el aumento de casos de COVID-19.

“Hay que actuar ahorita, en esta fase dos para evitar que la fase tres no sea tan intensa. No quieran esperar hasta la fase tres. Hay que actuar ya, hoy. Del 30 de marzo al 30 de abril: Quédate en tu casa”, enfatizó durante la conferencia diaria sobre los datos de contagios por COVID-19 en el país.

Además, informó que a partir de la próxima semana comenzará a utilizar la cloroquina, un fármaco para tratar el paludismo, la malaria, enfermedades reumáticas y en el lupus, en dos ensayos clínicos, de cuatro en total, para combatir el coronavirus.

¿MESES O SEMANAS?

Aunque hay una veintena de países que han decretado medidas de confinamiento, el Presidente de EU, Donald Trump; y el brasileño, Jair Bolsonaro, han actuado al revés.

El propio Trump dijo que la economía estadounidense volvería a la normalidad en tres semanas antes de comprobar que eso no podía ser.

Del mismo modo, Donald Trump llegó a presumir de la ausencia de fallecidos en Estados Unidos mientras acusaba de histeria a los medios.

Pero este domingo, Donald Trump amplió la vigencia de las directrices de distanciamiento entre personas hasta el 30 de abril, lo cual evidencia que sus promesas de volver a la normalidad económica en Semana Santa no se van a cumplir: “Nada podría empeorar las cosas que cantar victoria antes de haber vencido”, dijo Trump después de sugerir que aún quedan dos semanas para el pico de contagios.

La estrategia a corto plazo de los países que están decretando los confinamientos es reducir los casos tanto como sea posible para evitar que los hospitales se vean desbordados, que las Unidades de Cuidados Intensivos (UIC) no se queden sin camas para que las muertes no aumenten. Una vez que se frena la multiplicación de casos, se puede permitir que algunas medidas se levanten temporalmente, hasta que los casos vuelvan a aumentar –si así ocurriera– y se necesite otra ronda de restricciones.

El Gobierno alemán, por su parte, ha dicho que no levantará las restricciones a la vida pública hasta el 20 de abril; el francés, hasta el 17; el belga, hasta el 19; e Italia, que debía revisar sus propias medidas de cierre el 3 de abril, ha dicho que podrían extenderse hasta el 31 de julio –aunque hay estudios más optimistas–. España, por su parte, extendió su estado de alerta y reforzó las restricciones que lo acompañan, hasta el 11 de abril.

El Ministro de Economía alemán, Peter Altmaier, declaró el 17 de marzo que la crisis causada por el coronavirus “tendrá consecuencias seguramente todo abril y todo mayo” y que cuenta con que hasta entonces habrá “una cifra sustancial de nuevas infecciones”. Pero esa previsión ya parece haber quedado superada.

De hecho, otras voces advierten en ese país de que la pandemia del coronavirus podría prolongarse por “un periodo de dos años”. En una comparecencia ante la prensa, el presidente del Instituto Robert Koch, Lothar Wieler, ha señalado que su organismo trabaja con la hipótesis de que la pandemia pueda prolongarse durante dos años aunque la duración dependerá de cuándo se pueda contar con una vacuna. “Estamos asumiendo un período de dos años”, ha asegurado.

“En el mejor escenario”, en el que las medidas surtan todos los efectos deseados y los casos se vayan reduciendo, la situación epidemiológica puede alargarse “dos meses”, decía hace unas semanas Fernando Simón, el Director del Centro de Coordinación de Alertas del Gobierno español: un mes de medidas restrictivas –que se irían reduciendo– hasta que no haya positivos, y luego otro mes –dos periodos de incubación– en el que se comprueba que no hay transmisión –en el que ya no hay políticas que afecten a la población–.

En escenarios peores, en los que las medidas no surten efecto tan rápido, la situación puede alargarse “hasta cuatro o cinco meses”. Es decir, el mínimo tiempo para dar la epidemia por contenida son dos meses, aunque eso no significa que las medidas restrictivas vayan a durar todo ese tiempo.

En todo caso, la Comisión Europea, por ejemplo, aunque ha dado por sentado que el cierre de fronteras interiores y exteriores de momento se ha fijado en un mes –hasta mediados de abril–, ha suprimido los requisitos de los slots en los aeropuertos para evitar los vuelos fantasma durante seis meses.

ATERRIZAJE A LA NORMALIDAD

Según un informe de la BBC, hay tres caminos para volver a la normalidad. Y ninguno es rápido.

El primero es el de la vía de las vacunas, y para contener el virus la vacuna tiene que llegar al menos al 60 por ciento de la población. La investigación de vacunas se está llevando a cabo a gran velocidad, pero no hay garantías de nada, y nadie las espera para antes de 12-18 meses.

El segundo es la inmunización natural. Pero esto podría tardar años en ocurrir. Según el profesor Neil Ferguson del Imperial College de Londres, citado por la BBC: “Estamos hablando de suprimir la transmisión a un nivel en el que, con suerte, solo una fracción muy pequeña del país se infectará”. Ferguson calcula “más de dos años”.

Además, hay dudas de cuánto durará la inmunidad, como explicaba Esther Samper en eldiario.es.

Un turista con una mascarilla en las inmediaciones del Museo del Louvre, en París, el 2 de marzo de 2020. Foto: Christophe Ena, AP.

Y la tercera vía de aterrizaje que explicaba la BBC era cambiar el comportamiento de las personas para mantener bajas las tasas de transmisión. Esto podría incluir mantener algunas de las medidas que se han decretado, o la introducción de pruebas rigurosas y aislamiento de pacientes, intentando la detección temprana y el rastreo de contactos. A esto también podría ayudar el desarrollo de medicamentos más eficaces contra el COVID-19.

Y MIENTRAS TANTO…

Mientras una parte del mundo multiplica enfermos y fallecidos, se confina para evitar contagios que colapsen la sanidad y, por tanto, la curación de sus enfermos, en países a los que aún no ha llegado con fuerza la pandemia –o no se ha detectado– los dirigentes no sólo no ponen plazos a la vuelta a la normalidad, sino que no intentan mantenerla.

Por ejemplo, la Vicepresidenta nicaragüense, Rosario Morillo, ha convocado multitudinarias “marchas del amor en tiempos del COVID-19” desafiando los llamamientos internacionales a restringir las concentraciones de personas.

Mientras, el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, antes de pedir a sus ciudadanos que se queden en casa, apeló a la fortaleza milenaria mexicana:

En Israel, por su parte, el Primer Ministro, Benjamin Netanyahu, se encomienda a Dios para derrotar al virus.

Mientras tanto, en Brasil, el Presidente Jair Bolsonaro actúa como si el coronavirus fuera un refriado más, a pesar de haber sido catalogado como pandemia por la OMS. Y dijo: “Nuestras vidas tienen que seguir. Hay que conservar los trabajos y debemos volver a la normalidad”.

El Director Ejecutivo para Emergencias Sanitarias de la OMS, Mike Ryan, en todo caso, ha dicho que sigue habiendo incertidumbre sobre cuánto podrá durar la actual pandemia, ya que las distintas regiones se encuentran en diferentes situaciones. “Muchos países acaban de empezar los confinamientos, mientras que otros como China y Singapur luchan ahora desesperadamente para intentar que el coronavirus no regrese”, explicó, y destacó que “la cadena de transmisiones solo se puede romper cuando se confirmen los casos y se siga a sus contactos”.

– Con información de Andrés Gil, ElDiario.es.

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