John Rayburn (impresionante Kyle Chandler) hará lo indecible para esconder su crimen. Foto: Netflix

John Rayburn (impresionante Kyle Chandler) hará lo indecible para esconder su crimen. Foto: Netflix

Los Cayos, Florida: un paisaje memorable de día y el más desolador campo del crimen a la noche. En medio de esos dos polos, los tres hermanos Rayburn tratan de sobrevivir con un horrible secreto a cuestas. Danny, el mayor de la familia, ha muerto asesinado por sus propios parientes. Nada bueno esperes de esta segunda temporada.

Ciudad de México, 31 de mayo (SinEmbargo).- Las cosas van cada vez peor en el paraíso y ni los paisajes esplendorosos, esa arena blanca e inconmensurables, las palmeras que hablan de tú a tú con un sol imposible, logran cortar la línea violenta de sangre que une irremediablemente a los atribulados miembros de la familia Rayburn.

La segunda temporada de Bloodline, drama original de Netflix  por medio de la cual el antes soso actor  Kyle Chandler (Buffalo, Nueva York, 1965), dejó de ser el entrenador de Friday Night Lights, para convertirse en el hijo predilecto de un matrimonio que guarda muchos secretos y hermano de tres buenos para nada a los que les encanta transitar por el lado oscuro, lleva la violencia, la traición y el crimen al siguiente nivel.

Bloodline es una serie creada por los hacedores de Damages (a cargo de la famosa Glenn Close): Todd A. y Glenn Kessler y Daniel Zelman y que fue puesta a disposición de los usuarios de Netflix el 20 de marzo de 2015, para contar la negra historia de la familia Rayburn, que posee un lujoso complejo vacacional en Los Cayos, Florida.

El lugar, entre apacible y agitado, ofrece opciones de divertimento para personas de todas las edades, quienes  se relajan con la pesca, la navegación en kayak, los cócteles dulces y un paisaje de ensueño.

A ese paraíso y al seno de la familia regresa el hijo mayor, Danny, la oveja negra que conmociona con su presencia la presunta armonía del grupo familiar, comandado por un matrimonio veterano interpretado por los siempre solventes Sissy Spacek y Sam Shepard (escritor y músico, además de actor, el ex marido de Jessica Lange es un portento artístico que siempre entrega magia en sus trabajos, aun cuando como en este caso, sus apariciones sean breves).

Danny, interpretado por Ben Mendelsohn, guarda una historia del pasado que lo ha traumado al punto de convertirlo en un verdadero freek, un hombre que al borde de sus 50 años tiene comportamientos adolescentes y resulta sin duda un gran peso para sus tres hermanos y sus padres.

Y de pronto aparece Nolan, el hijo desconocido de Danny. Foto: Netflix

Y de pronto aparece Nolan, el hijo desconocido de Danny. Foto: Netflix

La estrategia del personaje confunde al principio. Uno no sabe si tremendo patán es así por obra y gracia de un hogar burgués que no ha sabido ponerle los puntos sobre las íes a tiempo o si las adicciones y la vida disipada lo han llevado a una psicopatía que –es evidente- no puede y no quiere controlar.

Para Mendelsohn, nacido hace 46 años en Melbourne, Australia, a quien habíamos visto en la perturbadora Animal Kingdom (David Michôd, 2010), este rol le ha significado un desafío que consiste en mostrarse por momentos como el tipo más encantador del mundo –a quien le comprarías sin pensarlo un auto usado- y por otros como un prototipo de asesino serial que no quisieras ver si te pierdes una noche oscura por alguna callejuela.

Tantas idas y vueltas terminan  con el hermano indeseable muerto a manos del decente de la familia (no es espoiler: así concluye la primera entrega de Bloodline).

Los grandes personajes interpretados por enormes actores entre los que sobresalen la hermosa Linda Cardellini (recordada como la conflictuada enfermera de E.R. y como una de las amantes de Don Draper en Mad Men), el otro hermano malo a cargo de Norbert Leo Butz y  la siempre sugestiva Chloe  Sevigny, cargan ahora con la culpa por un crimen que ensombrece aún más el oscuro esqueleto familiar.

“Nadie es bueno, nadie es del todo malo, hay un montón de gris”, ha dicho Todd Kessler de Bloodline, pero el dicho se desmiente con la segunda temporada donde aparece un perturbado John Leguizamo en el papel de un buscavidas violento y el legendario Beau Bridges, quien encarna a un millonario sin escrúpulos que poco a poco va carcomiendo las endebles leyes morales de los Rayburn.

Los hermanos están desesperados, la madre de familia –impresionante Sisy Spacek- va perdiendo la memoria y entiende cada vez menos de lo que quiere entender cada vez más, mientras John, el otrora impoluto hermano bueno, rompe todas las cadenas de confianza tanto en el trabajo como entre los parientes, decidido a esconder su crimen y a convertirse en el próximo alguacil del pueblo.

El secreto del horror une a los hermanos y los lanza hacia una carrera desenfrenada por las tibias noches de Florida, un lugar soleado y esplendoroso de día, que observa cómo a la noche salen las ratas que trafican con drogas, personas y prenden fuego todo lo que osa molestarlas.

“Todos quieren a la familia Rayburn y todos quieren ser como ellos, pero nadie se da cuenta de que son tan disfuncionales como cualquiera”, dice el colombiano John Leguizamo, que le ha agregado un vértigo sangriento a la serie.

“Es realmente una cuestión de supervivencia para todos ellos. Estamos haciendo todo lo posiblepara seguir sobreviviendo, porque si nos cazan, la vida como la conocemos, habrá terminado”, afirma Cardellini, refiriéndose a los 10 capítulos de la segunda temporada, ya disponibles en la poderosa cadena de televisión por streaming.

Impiadosos narcotraficantes comienzan a ser los interlocutores de la familia. Foto: Netflix

Impiadosos narcotraficantes comienzan a ser los interlocutores de la familia. Foto: Netflix

Las cosas se complican por la inesperada aparición de Nolan, un hijo de Danny y la madre de éste, Eva, dos personajes al principio repulsivos y extraños, hasta que logran acomodarse como piezas imprescindibles en el turbio entramado de los Rayburn.

No diremos cómo acaba la segunda temporada, porque eso sí sería spoiler, pero que comience pronto la tercera, por favor.