La “nueva normalidad” es la “vieja normalidad” capitalista, solo que con los parches de los cuidados sanitarios para evitar contagios y paquetes económicos de reactivación de la economía tradicional.Foto: Margarito Pérez, Cuartoscuro.

Una de las palabras más usadas y desgastadas en este periodo de cuarentena obligada por la pandemia de coronavirus es la de “normalidad”. Casi desde el inicio de las medidas de confinamiento por la expansión del coronavirus, se planteó que el regreso a la “normalidad” previa a la pandemia sería imposible. Desde entonces se ha vuelto moda hablar de la “nueva normalidad”. En este propósito se afanan los gobiernos de todo el mundo.

Pero es necesario cuestionar que la mayor parte de medidas de vuelta a la “nueva normalidad” se trata de planes de adaptación sanitaria y de los esfuerzos por reactivar la economía de cada país puesta en crisis por el parón de actividades productivas provocada por la pandemia.

De tal manera que se diseñan medidas de sanidad (“sanitización”), de distanciamiento social, de adaptación de espacios públicos, productivos, comerciales, educativos, recreativos y turísticos para que las personas pueden volver a la mayoría de las actividades, tratando de evitar contagios de un virus que puede quedarse con nosotros durante mucho tiempo.

El otro conjunto de planes que implican la “nueva normalidad” son las medidas para reactivar las actividades económicas y productivas que se detuvieron durante la expansión de la epidemia. Y para ello la mayoría de los planes económicos de los estados implican una fuerte inyección de dinero público para intentar reanimar la economía y tratar de que vuelva a crecer como antes de la pandemia. A su vez, estos paquetes de reactivación se financiarán mediante paquetes de deuda que al final pagará la misma población afectada por la epidemia.

Es decir, la “nueva normalidad” es la “vieja normalidad” capitalista, solo que con los parches de los cuidados sanitarios para evitar contagios y paquetes económicos de reactivación de la economía tradicional.

Y este es el punto crítico: que la “vieja normalidad” capitalista es el problema. Ninguno de los gobiernos del mundo están proponiendo cuestionar esa vieja normalidad, y no debemos esperar que lo hagan porque los estados trabajan para legitimar y hacer viable un sistema social como el capitalista.

Pero desde la sociedad, desde abajo, se debe cuestionar la “normalidad” capitalista que es la que produce justamente un modelo de producción y consumo que generan las condiciones para el surgimiento de pandemias y enfermedades que ahora tienen al mundo confinado, en cuarentena, en crisis económica y en grave riesgo de aumentar las desigualdades y padecimientos para los más pobres.

Salvo pocas voces de la sociedad civil global, casi no se cuestiona el sistema mundial de producción industrializada que, a decir de Silvia Ribeiro del Grupo ETC, es el causante de esta crisis. Hace unos días, en entrevista para Radio Universidad de Guadalajara (UdeG), Ribeiro sostuvo que la agricultura industrializada es una “verdadera fábrica de virus”.

Esto ocurre porque esta industria, junto a las actividades extractivas, es el principal factor de la expansión de la frontera agrícola, lo que produce deforestación, extinción de especies, o destrucción de ecosistemas que implican que distintas especies entren en contacto con otras o con humanos, trasmitiendo virus como el Sars-Cv.02, que produce el coronavirus.

En los llamados a la “nueva normalidad” se da por sentado que después de unos meses o años de crisis, se volverá a crecer a las mismas tasas y aquí otro problema que ya había sido señalado por los “decrecentistas”: la sobrevivencia de la moderna sociedad pasa por cuestionar el capitalismo voraz que pretende maximizar sus ganancias con tasas de crecimiento siempre en ascenso, con el consumo permanente de los bienes y recursos comunes y mediante la explotación de la fuerza de trabajo.

La pandemia que ha trastornado la vida moderna es justamente consecuencia de la sociedad de producción y consumo capitalista que agota los recursos planetarios acelerada e irracionalmente. Desde hace años la organización global Global Footprint Network viene alertando en cuantos meses el sistema productivo agota los recursos que se producen a lo largo de un año. En 2019 los recursos que se producen en un año, se consumieron el 29 de julio, mientras en 1970 los recursos de un año se agotaban el 23 de diciembre. Eso implica que actualmente la humanidad requiere 1.75 planetas al año para reponer los recursos que consume el sistema productivo capitalista, ha señalado otra ONG global: World Wildlife Fund.

La “nueva normalidad” se olvida también del consumismo irracional que ha propiciado el neoliberalismo en las pasadas tres décadas y que conlleva aparejado un sistema de endeudamiento que encadena a las personas, familias o negocios al sistema financiero casi de modo permanente.

No hay que olvidar que desde antes de la pandemia, que tanta incertidumbre y angustia ha ocasionado, la moderna sociedad capitalista es una sistema productor de nocividades como ha planteado el pensador libertario Miguel Amorós. Se trata de un sistema social que “nos está imponiendo estilos de vida que no queremos, son insanos, que son frustrantes, nos están volviendo infelices y contra eso nos rebelamos”, añade el pensador español.

Estos son algunos aspectos, no los únicos, de la llamada “nueva normalidad” que no debemos aceptar. Si nos queremos salvar como civilización, debemos cuestionar esa “nueva normalidad” que nos pretende devolver a la “vieja normalidad” capitalista.