Cada 20 de julio, en el aniversario de su muerte, los parralenses escenifican su emboscada en el mismo lugar donde lo asesinaron y cientos de turistas se reúnen para recordarlo. Aquí la crónica de este víacrucis revolucionario.

Por: Francisco Rodríguez

Parral, Chihuahua, 31 de julio (SinEmbargo/Vanguardia).- Que saquemos algo en la tele, que denunciemos, que tiraron una finca antigua, histórica, patrimonio arquitectónico.

Descarga rabioso una mañana un joven apenas nos dirigimos a la esquina donde murió asesinado el general Francisco Villa, en el Centro Histórico de Parral, Chihuahua.

Todo por un Pancho Villa de 37 metros de altura montando a un caballo.

La imagen, como un caballo de Troya que sale de las entrañas de la tierra y destruye lo que hay encima. Así se ve el enorme monumento de Pancho Villa arriba de su caballo. Alrededor, las ruinas de una casona histórica realizada en mampostería de adobe del siglo XIX con antecedentes del siglo XVIII, catalogada como Monumento Histórico por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

HASTA MUERTO CAUSÓ POLÉMICA PANCHO VILLA

Micaela Arámbula y Mariana Arango, madre e hija, vestidas como campesinas de la época porfirista, cargan unas tinas en las calles del Centro de Hidalgo del Parral, Chihuahua.

–Mamá, espera, déjame descansar –dice la niña y paran unos segundos y siguen.

–Hija, ¿dejaste prendida la estufa? –le pregunta la madre y se oyen algunos murmullos porque el público que observa imagina una estufa de gas prendida a finales del siglo antepasado.

Un hombre montado a caballo pasea por la calle. Es el hacendado Agustín López Negrete.

–Ay mijita vente pa’ acá, no te vaya a hacer algo el patrón.

Y el patrón, en efecto, trata de abusar de la niña.

– ¡Doroteo, Doroteo! –grita la mamá, grita la hija.

El joven Doroteo llega, forcejea con el hacendado, le quita la pistola al patrón y le asesta un balazo.

Doroteo Arango huye en caballo y su madre Micaela le lanza una bendición.

Es la primera escena de varias de la obra “Vida y muerte del General Francisco Villa”, que realiza el grupo de teatro Guillermo Baca que dirige Manuel Octavio Aguirre. La celebran el 20 de julio, el día que hace 93 años mataron a Pancho Villa por estas calles de Parral. En la misma esquina.

–La hacemos desde 1992. Inició con solo una puesta en escena más sencilla. Asesinaban a Villa y sus Dorados, la actividad fue creciendo –relata Aguirre.

En la puesta de 90 minutos, se actúan distintas postales de la vida de Villa: desde la hacienda en San Juan del Río, Durango, donde el antiguo hacendado trata de violar a su hermana, cuando se fue a la gavilla con el viejo Pancho Villa, cuando se entrevista con Abraham González, luego con Francisco I. Madero, la confabulación de su asesinato y por supuesto el mismo asesinato.

Son 37 actores en la puesta. Para el director Manuel Octavio Aguirre, la obra significa darle un nuevo incentivo a la ciudad, que antes era esencialmente minera. “El turismo está repuntando gracias a la historia de Pancho Villa”, asegura.

El director piensa que la gente sigue idolatrando a personajes como Pancho Villa o Emiliano Zapata porque cree que se necesitan ese tipo de líderes en la actualidad. Gente, dice, que se identifique con el pueblo y que el pueblo tenga líderes que lo pueda salvar de la situación socioeconómica del país.

OBRA DE ENTRETENIMIENTO, HISTORIA Y EDUCACIÓN

–Tantos años lo han matado y no se va por otra pinchi calle –bromea alguien del público mientras sigue la obra.

La historia la escriben los vencedores pero la leyenda lo escribe el pueblo. Dice Juan García historiador, escritor, guía turista y actor que interpreta a Francisco I. Madero en la obra.

En Parral además de leyendas, han escrito el nombre de Villa en restaurantes y comercios. Tienda El Centauro, bar la Casa de Villa, platillo Pancho Villa. Pancho Villa está vivo en cada esquina del municipio de más de 100 mil habitantes.

–Yo no sé que tanto desmadre le hacen a ese tipo, si era un ladrón. Allá para mi rancho ni lo quieren –dice un taxista.

Cada quien habla como le va en la feria. Expone Juan García. Hay que ver a Francisco Villa como lo que fue: un ser humano con defectos, debilidades, fortalezas y virtudes, repite constantemente el historiador. “Hizo trascender a Parral”, asegura.

Parral tiene un título: Puerta a la inmortalidad del gran caudillo. “Nadie puede vanagloriarse de decir que tuvo un Pancho Villa. Nos tocó tenerlo mucho tiempo, que aquí fuera asesinado, que aquí estén sus restos, su cuerpo. Es un orgullo muy grande. Cuántos quisieran tener los restos del general”, pregunta Juan García.

Escena de la obra:

Vamos a conocer algunas esposas de mi general –anuncia René Rangel, el narrador.

Sale Librada Peña, Manuela Casas, Piedad Alvarado, mujeres que se pelean al General Villa, un hombre pelirrojo de 1.80 metros, fornido y que odiaba el alcohol, según Juan García, el historiador, escritor, guía turista y actor que interpreta a Francisco I. Madero en la obra.

Según García, Pancho Villa tuvo 26 esposas legales. Unos hablan de 27 y otros de 18. Tuvo 22 hijos procreados, a decir del mismo historiador. “Era un feminista”, ataja Juan García. “Se le ha tachado como machista pero decía que ‘el honor de la mujer se impone por sobre todas las cosas pero ellas enojadas y armadas son más peligrosas que las leonas y los apaches’”.

Lorenza Villa Berroterán es una hija de un hijo legítimo de Villa, una nieta pues. Asegura que le hubiera gustado haber nacido en tiempos de la Revolución. Asegura que hubiera sido una Adelita de Pancho Villa, lo hubiera seguido como todas las mujeres. Lo asegura la hija de Águedo Villa, hijo de Piedad Alvarado y del General Francisco Villa. “Soy nieta del Centauro del Norte”, dice con orgullo la señora, nacida en el municipio de Delicias.

Su papá quedó huérfano de padre, de Villa, cuando tenía 3 años. “Nos contaba que cuando nació, mi abuelo y mi abuela fueron al Valle de Zaragoza a registrarlo. Que jugaba con él y le agarraba las manitas”.
Su papá murió a los 83 años. Hombre que trabajó la tierra. Hombre noble, fuerte y chillón, su gran admiración así como su abuelo Pancho Villa.

–¿Cómo se imagina a su abuelo si viviera en estos días?

–Me lo imagino de lo mejor –llora- no puede haber persona más magnífica que él y que mi padre.

– ¿Qué siente al ver la escenificación?

–Me causa orgullo y tristeza a la vez, como al final que lo matan. Me causa orgullo que estuviera tan interesado en la educación de los niños. Les daba turnos para estudiar y turnos para trabajar a los adultos.

Sobre la muerte de su abuelo, Lorenza afirma que su abuela Piedad le contó a su papá Águedo que Pancho Villa ya había soñado que lo iban a matar.

–Yo creo que sí, que es descendencia, porque yo a veces siento que va a pasar algo y pasa, es algo que percibimos. Es de familia. Es un orgullo muy grande –insiste la nieta.

Francisco Villa Campa es también nieto de Pancho Villa. Vive en la Ciudad de México pero cada año acude para las mismas fechas. Su papá fue el General Teniente Francisco Villa Rentería, que quedó huérfano de Pancho Villa a los tres años y medio. Su abuela fue Austreberta Rentería, la última mujer de Pancho Villa. Su papá es el bebé que aparece en las últimas fotografías del General.

–Como familia Villa, el 20 de julio representa un hecho doloroso, el día que perdimos a nuestro abuelo. Es grato también ver el cariño que la gente le tiene a Villa. Creemos que cada día hay más villistas. Aquí se creó la leyenda.

Francisco Villa, botas piteadas y chaleco vaquero, cuenta que su abuela Austreberta le contaba que Villa le decía que dejaba un cheque en blanco, mismo que podría llenar cualquiera como quisiera. “De Villa se van a hablar cosas buenas y malas, lo que importa es que se siga hablando de Villa. Crece día a día la figura”.

El nieto cree que el Centauro del Norte va a seguir dando de qué hablar, pues dice que no se saben muchas cosas como que le gustaba los niños, los caramelos, que disfrutaba sentarse en el campo.

–Mi abuelita decía que mi abuelo se levantaba a las tres y media de la mañana y se iba al campo, ella no sabía a dónde se iba y lo seguía a ver qué hacía, así como era de enamorado mi abuelo pues a lo mejor iba con una novia pero que era el primero que llegaba al campo para trabajar la tierra, que muchas veces llegaba y agarraba la tierra, la olía, la estrujaba y se sentaba debajo de un árbol en lo que llegaban los muchachos a trabajar y a las 9 de la mañana llegaba a comer atole, unas gorditas, se iba a la escuela primaria a escuchar clases.

–Ahí está Pancho Villa… ¿quién es Pancho Villa? –pregunta una niña arriba de los hombres del padre entre el público espectador.

En la obra esta una escena donde Pancho Villa platica con tres mujeres en la Hacienda de Canutillo en Durango. Hablan sobre educación.

–Mi general quiere a todos los niños como a sus propios hijos –dice una maestra.

–Primero pago el sueldo de un profesor que el de un general –dialoga Villa y arranca el aplauso más fuerte de la gente. Se nota que hay maestros en las gradas. Se nota latente el problema magisterial al sur del país.

… Las cantinas las incendian, a los borrachos me los fusilan y pónganse a construir escuelas. Es el resto de la frase según Juan García, historiador.

Llega entonces un reportero, supuestamente Regino Hernández Llergo. Según la historia, fue la primera entrevista en dos años, entrevista que para los historiadores sentenció a Pancho Villa (la misma obra teatral la narra como una “entrevista desafortunada”).

Para Félix Acosta Contreras, 57 años, quien personifica desde hace 17 años a Pancho Villa en su muerte, la historia del general es como la matemática: no tiene fin. Historias, mitos y leyendas sobran, y cada una –así como el platillo Pancho Villa en el restaurante La Vaca voladora- mantiene la imagen de Villa con vida.

–¿Por qué llegó a esa conclusión? –le pregunto.

–Se hablan de tantas y tantas hazañas que creo es eso. Las hazañas e historias son infinitas.

¡De película! Los turistas aprovechan para tomar la foto en la escena legendaria donde asesinan al General Francisco Villa. Foto: Roberto Armocida, Vanguardia.

¡De película! Los turistas aprovechan para tomar la foto en la escena legendaria donde asesinan al General Francisco Villa. Foto: Roberto Armocida, Vanguardia.

Félix Acosta es nieto de Trinidad Acosta Chávez, un carretonero que trabajó para Villa y desertó. “Mi abuelo siempre evadía hablar de Pancho Villa, sé que mi abuelo jalaba las mulas”, cuenta Félix, que cuando no es actor, se empapa de grasa y aceites en un taller mecánico.

Han pasado 93 años desde la muerte de Villa y Félix se refiere al caudillo como “mi general”. Solo así pudieron con mi general, con una cobarde emboscada… la grandeza de mi general cuando andaba en la bola y tenía gente a su servicio… mi general era muy astuto. Platica Félix, orgullo parralense que interpreta el papel de Villa con honor y responsabilidad, dice.

Su general Francisco Villa, si viviera hoy, cree que completaría lo que dice que siempre quiso, meter a políticos y mafiosos en trenes y fusilarlos. Volvería a pelear por las injusticias, quitaría a los ricos para dárselo a los pobres y apoyaría la educación de los niños.

“Lo necesitamos y urge”, opina Félix sobre un nuevo Villa. “El gobierno hace lo que quiere y Pancho Villa era un frenito”.

Si le preguntan a Francisco Acosta Contreras, quien también interpreta a Pancho Villa en su época de revolucionario, dirá que se lo imagina como un líder que hoy pondría orden y metería a todos en cintura. “Era una persona impredecible. No sabríamos cómo estaría ejecutando sus labores en la actualidad. Fue lo que tuvo que ser. Dependiendo de las circunstancias era como Villa actuaba”.

Francisco cree que se debe respetar la memoria de Pancho Villa como lo que fue: un héroe o un villano dependiendo de la óptica, porque al final, agrega, la historia es de quien la cuenta.

En la obra, Félix Acosta conduce un coche viejo que va a paso lento. Arriba van otros actores, sus centauros. Va un actor que interpreta al coronel Miguel Trillo, y Félix Acosta, Villa, le dice:

–A mí, Parral me gusta pa’ morirme aquí… Tranquilo que no llevamos prisa…

Un espectador susurra que va a vuelta de rueda y se oye una carcajada.

–Gente tan hermosa, tan bella –dice el General.

Y el coche sigue su marcha, lento, muy lento. Y frente al Museo Francisco Villa, cerca de la Biblioteca Francisco Villa, los asesinos de Villa disparan a quemarropa. Niños lanzan palomitas que simulan los disparos. Pum pum pum. Los asesinos huyen y el público los abuchea: “traidores”, “cobardes”, “asesinos”, “agárrenlos”, gritan algunos desde las gradas, como si realmente hubieran sido los pistoleros.

El coche queda frente al Museo Francisco Villa que hace 93 años era una finca utilizada para un negocio de pastura y forrajes. Son las 12:30 del mediodía. La hora real cuando mataron a Villa fue cerca de las ocho de la mañana, cuando bajó de su casa en Juárez y Zaragoza, pernoctaba con dos de sus esposas, dice Juan García. Tenían seis meses esperándolo.

Regresan los pistoleros y rematan. Pum pum. Vuelven a tronar palomitas. “Traidores”, cobardes”, vuelven a gritar algunos en las gradas. Llega el diputado Jesús Salas Barraza y le da el tiro de gracia. Las mujeres de Villa corren hasta el lugar del asesinato. Se hincan y lloran.

Se acaba la función y en el micrófono anuncian que la gente puede acercarse a tomar fotografías.

La frase “a mí Parral me gusta pa’ morirme aquí”, la repiten los parralenses cuando se les pregunta lo que significa Pancho Villa para la ciudad. “Es la figura representativa por excelencia de Parral”, comenta Francisco Acosta.

–¿A usted también le gusta Parral para morirse?

–Me imagino que a todos los parralenses nos gusta para morir.

–¿Y para vivir?

–Con más ganas.

Escena donde se salva de un fusilamiento. Foto: Roberto Armocida, Vanguardia.

Escena donde se salva de un fusilamiento. Foto: Roberto Armocida, Vanguardia.

Francisco es docente de un Conalep, especializado en maquinaria pesada y sistemas de diesel. Manuel Octavio Aguirre, el director de la obra, le preguntó que si sabía de caballos, que si tenía gente que los pudiera mover. Lo invitó a la obra e inició en pirotecnia, aventando palomitas. Ahora es Pancho Villa. Y siente un honor de interpretar ese papel.

Del Museo del Centauro, parralenses vestidos de centauros sacan un féretro nuevo con bandera mexicana. Caminan hacia una carroza vieja jalada por caballos. La gente toma video, fotografías, como si fuera el papa o un militar afamado recién muerto. Lo suben a la carroza negra. Atrás viene la banda de guerra del ejército. Atrás de ellos, Félix Acosta, actor de Pancho Villa y dos adelitas. Atrás, funcionarios y políticos. Atrás, unas 200 personas.

El cortejo fúnebre avanza por las calles del centro de la ciudad. Son las 10 de la mañana. La gente sale de los comercios, toma imágenes. El cortejo se detiene en el Centro de Documentación, antes la antigua presidencia. Un grupo de policías locales dispara tres veces: pum, pum pum. El cortejo avanza. En la acera, un niño grita “Viva Villa” y el actor de Villa grita ¡viva!

El destino es el Panteón de Dolores, donde supuestamente están los restos del General. “Se platica en los libros y las personas que él está sepultado un poquito más allá, en los terrenos de la familia Rentería, porque después de 3 años que le cortaron la cabeza, la segunda mujer que tuvo más fuerza, primero fue Luz Corral luego Austreberta, fue la que lo sacó a sus terrenos”, narra María Luisa Duarte Rico presidenta de los Nuevos Villistas de Parral, un grupo que tiene como propósito conservar la tradición villista.

María Luisa tiene 18 años al frente de la agrupación, en el lugar que alguna vez ocupó su suegra. Acuden a desfiles, eventos conmemorativos, fechas importantes, como el natalicio de su asesinato.

La señora, que dice tiene el don de percibir lo que una persona tiene a través de los pies (su oficio es la reflexología podal), asegura que la ideología villista está tomando fuerza, va pa’ arriba. “La gente se pone su vestuario. Cuando yo inicié decían ‘ahí va la maestra canuta’, pero ya hay un respeto de la gente”, dice.

Parral, cuenta la Adelita, estaba en crisis desde que se terminó La Prieta, una antigua mina de plata que data del siglo XVII y que fue el principal detonante de la fundación de Hidalgo del Parral. La actividad de la madera también cayó y hace 21 años, empezó a incrementarse el turismo. “Gana desde el paletero hasta el hotelero”, afirma.

El grupo lo conforman 60 personas de Parral, más la gente que se une de Monterrey, Laredo, Salamanca, Tamaulipas, Ciudad de México. Albergan a unas 30 personas, descendientes de veteranos villistas que reciben mil 827 pesos mensuales de parte de la Secretaría de la Defensa Nacional.

El féretro entra al panteón y la gente se dirige a la supuesta tumba de Pancho Villa a hacer la guardia de honor. En los retratos de Villa hay fotografías de personas, familias, mensajes. Hay que gente que cree que Pancho Villa está vivo y los ayuda.

Francisco Villa inclusive es adorado como ícono milagroso y mucha gente cree en ello. Foto: Roberto Armocida, Vanguardia.

Francisco Villa inclusive es adorado como ícono milagroso y mucha gente cree en ello. Foto: Roberto Armocida, Vanguardia.

Dolores Carbajal Moreno viene desde la Ciudad de México. También se halla en la tumba de Pancho Villa haciendo limpias y ‘curando’ a la gente. Carga con un busto de madera del General. Dice dedicarse al hogar pero cada año viene a ‘trabajar’ con el General Villa.

Dolores, 65 años, cuenta que de niña se le apareció Villa en un campo. Tenía 10 años. “¿Por qué te tardaste tanto?”, le preguntaba su mamá. “Me encontré con un soldado”, le respondía. Desde muy chica creyó en él.

Asegura que el Centauro la guió hasta Parral. “Tú vas a ir a verme hasta donde yo estoy, vieja o joven te brindo mi hogar”, dice que le decía Villa.

La primera vez que llegó tenía 30 años. Vino sin conocer y desde entonces no falla.

–Mucha gente es seguidora de mí que cree en mí. Como un santo. Podrá ser el señor sanguinario, el caudillo del norte malo, para mí como haiga sido, sus acciones de él fueron buenas y por eso tengo fe en todo.

Dolores cree en Villa como se cree en San Judas Tadeo o San Antonio de Padua. A Villa, su santo, le pidió siempre por su familia, porque sus hijos fueran estudiosos y no cayeran en vicios. Y ahí está que sus hijos son abogados y contadores y no cayeron en vicios.

La gente le ora por curaciones, que queden sanos de alguna enfermedad. “Muchos me siguen, una vez al año y se sienten bien, por eso le doy gracias”.

–¿Cura y sana en nombre de Francisco Villa?

–En nombre de Doroteo Arango y cuando siento que entra la fuerza en mí, es mi general Villa.

–¿Cómo siente esa fuerza?

–Una fuerza muy grande en mi cuerpo. Orita un señor que pasó me dijo que sintió la fuerza. Yo siento tranquilidad, paz.

En la misma tumba se halla una mujer baja, cabello corto, ojos cerrados, vestida de caudillo, simula hablar ronca, con voz de hombre:

–¿Cómo se saluda? –le cuestiona a un joven que se acerca a ella. El joven no sabe cómo. Entonces la mujer hace el saludo militar.

La mujer le pasa alcohol y lo sacude con las manos. Lo talla en el cabello, lo voltea y le echa más alcohol. “En el nombre de Dios, Padre y Espíritu Santo…”, persigna al hombre. “Te vas a barrer a las 12 del día…

Compra una piedra lumbre… que te bendigan un cirio pascual… A veces andas muy mal de esa cabeza, andas muy azorado”, le dice al muchacho y éste nomás asiente.

Llega otro hombre mayor: “Se me tiró el paño de protección, necesito que me ponga otro”, le pide. La mujer accede a hacer el ritual, barrido o sanación.

Me acerco a la mujer que tiene fila en la tumba de Villa. Accede a platicar conmigo mientras los enfermos, devotos o seguidores, esperan y nos observan.

–¿Cuál es su nombre? –le pregunto.

–¡Cómo que cuál! Pues soy el General Francisco Villa.

No sé si es su papel o realmente siente que está encarnando al general Villa.

–¿Cómo está eso?

–Acuérdate muchachito que hice muchas cosas en vida. Y me tenían envidia, me mataron, ahorita ya estoy en espiritual. Mi padre dios me dio licencia de venir a ayudar como ayudé en vida.

–Pero hay quien dice que solo fue un ladrón.

–Claro pelao, es como te estoy diciendo, mi padre dios me mandó a cuentas porque pues robé, maté, todo lo que tú quieras pero yo no robé para mí, ni para hacerme rico, ¿o no muchahitos? –pregunta para el público que nos ve. “Sí”, contestan todos.

–¿Para qué le pide ayuda la gente hoy en día? –sigo.

– Ahora me piden que los ayude en sus necesidades, muchachito, me oyistes, tanto materiales como espirituales como enfermedades.

–¿Y cada cuándo se aparece?

–Mira aquí con nosotros en este lugar yo vengo cuando se me permite o cuando hay una materia, las materias se llaman las cajitas donde yo estoy, ahorita yo estoy en una cajita de vieja, cómo me ves.

– Veo que les unta algo.

–Son unas locioncitas para que huelan bien y les vaya bien en todo, ¿verdad muchachitos? “Sííí”, responden. Alcoholito para despejar y quitar las salaciones y negatividades que tienen.

–¿Con tocarlos sabe lo que tienen?

–Claro que sí.

Después me entero, por uno de sus caudillos (ayudantes), que se llama María del Refugio ‘Cuquita’, que viene de Guadalajara. Que no cobra, que a veces baila con las personas que se acercan a pedirle una curación, que les entrega un recuerdito a todos y que en realidad, cree que Pancho Villa está en ella.

Sigue formada la gente y toca el turno de un joven vestido de centauro. “Mi general”, le dice y la saluda militarmente, como si realmente estuviera vivo el General Francisco Villa.