Las Actividades Terciarias crecieron 0.2 por ciento, mientras que las Primarias cayeron 3.4 por ciento. Las Secundarias no mostraron variación durante el segundo trimestre de 2019 respecto al trimestre precedente. La cifra está por arriba del consenso de analistas que estimaban una contracción de la economía  mexicana de 0.2 por ciento.

Ciudad de México, 31 de julio (SinEmbargo).– El Producto Interno Bruto (PIB) aumentó 0.1 por ciento en términos reales en el trimestre abril-junio frente al trimestre previo, de acuerdo con la estimación oportuna publicada la mañana de este miércoles por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Por componentes, las Actividades Terciarias crecieron 0.2 por ciento, mientras que las Primarias cayeron 3.4 por ciento. Por su parte, las Actividades Secundarias no mostraron variación durante el segundo trimestre de 2019 respecto al trimestre precedente.

La cifra está por arriba del consenso de analistas que estimaban una contracción de la economía mexicana de 0.2 por ciento.

El aumento de 0.1 por ciento del PIB en el segundo trimestre de 2019 se publica luego de la contracción del de 0.2 por ciento en el primer trimestre del año, y se aleja de las estimaciones de analistas y bancos que preveían una recesión técnica.

En su comparación anual, la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto con series desestacionalizadas tuvo un incremento real de 0.4 por ciento en el segundo con relación al trimestre abril-junio de 2018. Por actividades económicas, el PIB de las Actividades Primarias creció 1.7 por ciento y el de las Terciarias 1 por ciento, en tanto que el de las Secundarias descendió (-)1.6 por ciento en el mismo periodo.

La estimación oportuna del PIB mexicano en el segundo trimestre de 2019 sorprendió con un avance, en semanas previas, J.P. Morgan, Goldman Sachs, Citibanamex, Banorte, Oxford Economics y Pantheon Macroeconomics adelantaban una contracción de la economía mexicana en el segundo trimestre, que podría rondar entre el 0.2 y el 0.5 por ciento.

Los analistas dejaban poco espacio al optimismo y ya hablaban de una recesión si el PIB mexicano hubiera caído este segundo trimestre, pues se cumpliría la regla de dos trimestres de caídas consecutivos, sin embargo no ocurrió así.

El propio Banco de México (Banxico) abrió el pasado 11 de julio la posibilidad de una “ligera recesión” tras registrarse una actividad económica con una “desaceleración mayor a la anticipada”.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador aseveró el lunes que “no hay recesión” y que el país “va muy bien” en el plano económico. Para el Mandatario, quien asumió el poder el 1 de diciembre de 2018, ahora hay “más desarrollo y bienestar” en México mientras que los neoliberales se “excitan” pensando en una recesión.

El martes la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) anunció un plan para movilizar 485 mil millones de pesos para apoyar la economía.

El titular de la dependencia, Arturo Herrera, señaló en conferencia de prensa que actualmente se vive “un proceso general de desaceleración de la economía a nivel global”.

Explicó que este fenómeno tiene que ver con “el ciclo económico per se”, con tensiones comerciales, en particular a las que prevalecen entre Estados Unidos y China, así como con otras tensiones e incertidumbres, como las relativas a la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

“México no es inmune a toda esa serie den tendencias, y por eso hemos pensado que teníamos que iniciar un programa que tratara de apoyar de manera inmediata el dinamismo de la economía”, expuso Herrera, quien apenas el 18 de julio fue ratificado como Secretario de Hacienda por la Cámara de Diputados.

J.P. Morgan estableció en una nota posterior a la publicación de los resultados que pese a que el PIB fue “ligeramente positivo”, esto “no debería desviar la atención de un hecho claro: la economía durante algunos trimestres ha sido extremadamente débil”.

“Seguimos viendo el consumo y servicios como el único punto saludable en la economía”, destacó y apuntó que la economía mexicana es “bastante débil”. 

“En gran parte frenado por la caída de la inversión. Para poner esto en perspectiva, la economía podría no haberse contraído por dos trimestres seguidos, pero no ha crecido desde el tercer trimestre de 2018″, puntualizó.

¿MÉXICO ESTÁ EN RECESIÓN?

Con el dato del PIB en el segundo trimestre se completaría una recesión técnica, conforme la definición técnica internacional de dos trimestres consecutivos de contracción económica.

De acuerdo al Buró de Investigaciones Económicas de Estados Unidos (NBER, por sus siglas en inglés), “la recesión es una caída significativa en la actividad económica, a lo largo de toda la economía, que dura más de unos cuantos meses, y es visible en el PIB real, ingreso real, desempleo, producción industrial y ventas al por mayor y al menudeo”.

Como regla de dedo a la definición del NBER se toma la “recesión técnica”, en la cual se establece que una economía se encuentra en recesión si el PIB cae durante dos trimestres consecutivos. Esta definición no forma parte del estudio formal de la macroeconomía y se dice que surgió cuando un Presidente en Estados Unidos pidió por una respuesta rápida para saber si su país estaba en recesión, según explica un análisis de Banco Base.

En relación al ciclo económico en México, es el Inegi quien calcula los indicadores coincidente y adelantados. Según los datos del Sistema de Indicadores Compuestos Coincidente y Adelantado (SICCA), que sigue la metodología clásica del NBER, para clasificar como fase recesiva se requiere que el indicador coincidente se ubique al menos seis veces consecutivas por debajo de un máximo de referencia.

Al tomarse como máximo para México el dato de septiembre 2018, se encuentra que el ciclo se encuentra en fase recesiva, ya que se tienen siete meses consecutivos por debajo de ese máximo anterior. Bajo este mismo enfoque, el Indicador Adelantado se muestra estable, sin señales claras de que la actividad mejore.

Entonces, la economía mexicana se encuentra en fase recesiva, de acuerdo a los datos del SICCA, pero aún no en recesión, de acuerdo a la definición del NBER. ¿Cómo puede traducirse lo anterior al simple español? En una desaceleración que puede convertirse en recesión, explicó la analista del Banco base, Gabriela Siller.

“Ante el deterioro en la economía muchos de los consumidores y empresas disminuyen sus gastos. Nos volvemos responsables de lo que sucede, pero nadie quisiera actuar en diferente dirección por miedo. Entonces para aumentar la demanda agregada es el gobierno quien debe gastar. A esto se le llama política keynesiana”, detalló la analista.

Por supuesto, agregó, “el gasto debe ser bien focalizado y dentro de parámetros establecidos para no generar mayor incertidumbre y empeorar las expectativas”. Es decir, gastar lo que estaba presupuestado, cuidando no endeudarse ante las disminuciones en los ingresos tributarios.