En una reunión casual, Ruperto Long halló la inspiración. Una mujer le habló de cómo tuvo que abandonar Bélgica para huir de los nazis. Esa historia ha recorrido ya el mundo. 

Ciudad de México, 31 de agosto (SinEmbargo).– El uruguayo Ruperto Long realizó investigación de campo y documental para construir el libro La niña que miraba los trenes partir, en el cual se recupera la historia de Charlotte, una niña que tuvo que huir de Lieja cuando los nazis invadieron Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial.

“El azar va con el proceso de investigación. La historia que me captura, la de Charlotte, la descubro por azar. Hablaba con una persona, en un encuentro social, sobre la guerra. Le pregunté que dónde estaba durante la guerra. La tomé por sorpresa. No estaba preparada, pero me soltó unas frases: ‘yo era belga… cuando inicia la invasión nazi, vemos que el mundo se derrumba, mi padre consigue papeles falsos y nos escondemos, vivimos huyendo de lugar a lugar’. Yo pensé que era una historia maravillosa que debía ser contada”, dice Long.

En entrevista con Puntos y Comas, el escritor habla sobre los ecos que dejó la Alemania nazi en las siguientes generaciones.

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–¿Cómo le hacemos para vender miles de libros en el mundo?

–Para eso no hay una receta. Con lo que uno sueña cuando escribe es primero lograr comunicar a la gente. Cuando uno tiene una historia que cree que merece ser contada, creo que esa es la chispa que mueve al escritor. Uno encuentra esa historia con luz y fuerza y trata de transmitirla de la mejor manera posible. A mí me parece maravilloso: uno entra a una librería y hay miles de libros, y muchos son buenos. ¿Por qué alguien elige el de uno? Cuando eso pasa en distintos países, como en este caso, mayor es la sorpresa. No hay una receta pero hay que apostar por lo que uno siente que tiene una fuerza y que debe ser trasmitido. Es algo que sientes. Siempre apuesto a las sensaciones, sentimientos y a que la persona se ponga en los zapatos del personaje.

–¿Es más fácil escribir de una tragedia? ¿Es más fácil escribir desde el dolor?

–No necesariamente, pero mostrar lados oscuros puede tentar a muchos autores. Eso no pasa sólo en la literatura, también en el cine, por ejemplo. Yo creo un poco en lo otro, creo en la luz, en la esperanza. Aún en las situaciones más duras, hay rayos de esperanza. Siempre hay el que quiere ayudar al semejante. Apuesto a ser capaces de descubrir en las tinieblas, en la oscuridad, en la tragedia, las cosas que realmente irradian esperanza e ilusión. Por supuesto, mucha de la gente que vivió el holocausto, por más ilusión y esperanza que tenga, al final sucumbe. Yo he escrito un libro sobre la trata de mujeres, y ahí también encontré seres maravillosos, seres de luz. En el medio de la oscuridad, es posible encontrar la luz.

–Cuéntanos sobre el proceso de investigación para construir La niña que miraba los trenes partir.

–El azar va con el proceso de investigación. La historia que me captura, la de Charlotte, la descubro por azar. Hablaba con una persona, en un encuentro social, sobre la guerra. Le pregunté que dónde estaba durante la guerra. La tomé por sorpresa. No estaba preparada, pero me soltó unas frases: ‘yo era belga… cuando inicia la invasión nazi, vemos que el mundo se derrumba, mi padre consigue papeles falsos y nos escondemos, vivimos huyendo de lugar a lugar’. Yo pensé que era una historia maravillosa que debía ser contada. Ella no le había contado esa historia a su marido ni a sus hijos. A veces dicen que la historia lo elige a uno. Ella cuenta su historia y encuentro una inspiración formidable. Luego a eso hay que darle contexto: hablamos de una niña de ocho años que está huyendo. Lo que ve es poquito. Necesitamos conocer esa realidad a fondo. Fui a los archivos a París, en Marsella, en Georgia. Estuve en los lugares en los que ella se escondió. Fuimos armando la historia 60 años después. Hice mucha investigación. Creo que la investigación es una de las mamás de la imaginación. Vas encontrando pedazos de la historia. A veces hay escritores que escapan a ese trabajo de búsqueda, pero a mí me parece que así salen las joyas, investigando.

Ruperto Long. Foto: Carlos Vargas, SinEmbargo.

–Te gusta más la investigación de campo.

–Creo que cuando uno ve el lugar, escucha los ruidos y ve la luz, inmediatamente se da cuenta de cómo podría haber sido la vida ahí. Necesito ver los ambientes. Estuve en uno de los pueblitos en los que estuvo Charlotte escondida, y había que ver cómo se podía estar escondido ahí, donde había pocas casas. Había complicidades. El nazismo sacó lo mejor y lo peor de los seres humanos en todos los países. Cuando uno llega al lugar, siempre captura algo. La investigación es una mezcla entre el documento y la visita de los lugares. Y hablar con las personas… Hay detalles que enriquecen el relato. Hay que mezclar todo eso. Hay que estar dispuesto a caminar y buscar.

–El avance de los nazis es uno de los capítulos más oscuros de la humanidad. ¿Qué tan lejos estamos hoy de eso?

–Es sin duda uno de los capítulos más trágicos de la humanidad. Mataban a personas por tener una discapacidad. Eran cosas impensables… ¿Qué tan lejos estamos? Recuerda que si el humano no recuerda su pasado, está condenado a repetirlo. No estamos a esa escala, pero sí hay detalles. Las migraciones… No tenemos la guerra, pero sí migraciones importantes. Traficantes en fronteras dejaban tiradas a las personas a su suerte. Vemos las balsas que se integran al mediterráneo… Balsas sin destino. La xenofobia, el rechazo al distinto. Actualmente se estigmatiza al otro. Esos son ecos de cosas que la humanidad no pudo resolver. El nazismo era la era del desprecio. El desprecio era la raíz de todos los movimientos totalitarios. Todavía hoy hay mucho desprecio.

–¿Cuál es tu opinión de personajes que son el eco de aquello? ¿Qué opinas de Donald Trump?

–Es difícil. La realidad de aquella época fue extrema. Estamos hablando de uno de los países más desarrollados y cultos, y que recluta adeptos en otros países. Fueron excluyentes, al límite del exterminio. Es difícil comparar eso con lo de hoy, pero sin duda hay una actitud… Lo he visto, lo he sufrido. He escuchado las declaraciones de Trump sobre México y sobre los migrantes… Incluye el factor de desprecio. Me preocupa. Son cosas que deben cambiar y que no deberían tener lugar en el siglo XXI. Cada país puede tener sus políticas, pero no de esa forma. Tenemos un camino para recorrer. El libro no busca trasmitir un mensaje específico, pero sí hay cosas que trasmite claramente. Todos somos parecidos, dejemos de hablar de diferencias y desprecios a otros seres humanos. Son realidades distintas, pero se puede aprender algo.

–La protagonista no quería contar la historia. Luego la cuenta. Se reúnen ya cuando está el libro…

–Fueron dos años en los que nos estuvimos reuniendo seguido. Ella contaba, yo buscaba. íbamos y veníamos. Al final la historia fue quedando. Ella nunca me dijo que quería ver la historia. No es la biografía autorizada de nadie. Es una novela inspirada en personas de carne y hueso. Obviamente el día que estuvo listo, ella tenía que verlo. Fue un fin de semana largo, pues si después de tantos años de trabajo ella se sentía, de alguna forma, no reflejada, ¿qué hacíamos? Pero no, ella se sintió identificada. Ha estado en las presentaciones. Se ha sentido reflejada. Ha sido un homenaje a muchos que no sobrevivieron. Es algo valioso para la gente que no ha contado su historia.