“Respecto al asunto del mensaje político, cada vez más, el Informe se ha aquilatado por este rubro, mismo en el que AMLO ha sido bastante sólido desde su campaña y seguramente será su punto fuerte en esta ocasión”. Foto: Isaac Esquivel, Cuartoscuro

Mucho se ha escrito a través de la historia sobre los informes presidenciales, mismos que han pasado de ser “el día del Presidente” a “el día contra el Presidente”, por este último motivo se hicieron las reformas necesarias para evitar que el Primer mandatario acudiera en persona al Congreso de la Unión. Precisamente, está a punto de llevarse a cabo un Informe Presidencial histórico, el de Andrés Manuel López Obrador, ya que será la primera vez que un mandatario identificado con la izquierda de cuenta del estado que guarda la nación. Habrá que analizar las diferencias de forma y fondo con los informes de sus predecesores, para lo cual me parece se podrían fijar tres parámetros: la campaña de difusión del contenido del Informe; sus grandes mensajes políticos; y el Informe mismo sobre las acciones del gobierno y la situación del país.

El primer rubro, sobre la campaña mediática para comunicar el contenido del Informe. El Gobierno ha tratado de mostrar a un Obrador que da cuenta de los resultados y avances obtenidos, una figura seria y profesional, que tal vez contraste la percepción e información que indican la escasez de cambios significativos. Esta estrategia de comunicación política fue muy socorrida, incluso en la forma, por Enrique Peña Nieto. Los expertos en la materia podrían explicar si este formato da resultados o no, sin embargo, por lo conocido, ni han cambiado la percepción sobre el gobierno, ni han mejorado la imagen del Presidente. En suma, la campaña de medios de Obrador respecto a su Informe es muy parecida a la de sus antecesores.

Respecto al asunto del mensaje político, cada vez más, el Informe se ha aquilatado por este rubro, mismo en el que AMLO ha sido bastante sólido desde su campaña y seguramente será su punto fuerte en esta ocasión. Algunos presidentes de antaño han acudido al Congreso a fijar más su programa de gobierno al inicio de su administración, que a informar sobre lo realizado. Por ejemplo, y para hacer comparaciones de mayor tiempo y antagonismo, la parte contundente del primer Informe de Victoriano Huerta, villano para la versión histórica de AMLO (y en general), fue para indicar el rumbo y objetivo de su Gobierno. El general planteó como el fin último de su régimen la pacificación, para alcanzarlo fijó tres ámbitos: el militar, el político y el social. Manifestó, “el primero es de resolución inmediata y a él se consagrará toda la energía y toda la actividad del Gobierno”. Utilizando esta referencia, es claro que el objetivo principal para Obrador es acabar con la corrupción, así como para Huerta era lograr la pacificación. Sin embargo, el actual Presidente ya ha fijado ese discurso hasta la saciedad y, aunque lógicamente se referirá al punto, resultará muy repetitivo si su mensaje político se vuelve a centrar en la corrupción. Se esperaría que plantee algunos otros grandes asuntos que revitalicen su ejercicio de gobierno.

Por último, los informes presidenciales se han convertido en una narrativa en la que al país le va mejor y en la que, en los rubros con magros resultados, se indica que se está trabajando y en camino de la ruta correcta. Los presidentes enuncian una serie de cifras sorprendentes que superan a todo lo anterior e incluso fijan parámetros históricos. Fuegos fatuos a los que nadie presta atención porque han sido desmentidos por la realidad. Es imposible que Obrador no presente cifras, ojalá las comprobables por todos, y acciones de gobierno; pero para superar ese mundo de ficción de cada año y tener un discurso con credibilidad, tendrá que referirse a los temas torales de México, como la inseguridad y la situación económica.

De cara al primer Informe de AMLO, en uno de los tres rublos que planté, el de la campaña de comunicación, no se ha diferenciado de lo anteriormente presentado. Le quedan los elementos más importantes para demostrar que también hay un cambio en la manera en que da a conocer el estado de su administración y los puntos a seguir en su segundo año de gobierno.