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Habló Félix Gallardo; Palacio respondió

Se sabe: La suerte y los buenos negocios no duran para siempre.

COLUMNAS | 2 comentarios
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  • Posiblemente algún duende eliminó mis comentarios de esta mañana. Se los reenvio.
    Este artículo es una bocanada de aire fresco en el enrarecido ambiente (literalmente envenenado) por un periodismo militante, de consigna, de paga mercenaria; de gángsters a sueldo por intereses político-económicos afectados por el proyecto de transformación en marcha a partir de diciembre de 2018. Ni modo que sea truco o cuento de pescadores. No conozco a Carlos A. Pérez Ricart; recuerdo alguna entrevista que le hicieron en meses recientes Álvaro Delgado y Alejandro Páez Varela —ni “modos” que algún otro u otra de esas cosas que se dicen periodistas—, en su programa “Los periodistas” de SinEmbargo al aire. Su narrativa, la de Pérez Ricart, es consecuencia de un análisis cuidadoso, sereno, documentado, algo más cercano al periodismo de investigación. Nada qué ver con las “cosas” esas que publican los(as) opinólogos(as) improvisados de la hora que contamos por docenas; más adocenados imposible encontrarlos. Me sorprende sobremanera que Pérez Ricart sea un profesor-investigador del CIDE, un CIDE próximo a los años 1980 y 1990 y no a la entelequia en que lo convirtieron los neoliberales que todo cuanto tocan lo pudren. De haber sido un centro de irradiación del conocimiento en las ciencias sociales, particularmente la economía en cuyos momentos estelares, las décadas citadas, se consideró como una “catedral” de la enseñanza de la economía, lo “transformaron” en un enclave de entrenamiento del “derecho corporativo”, como si no fueran bastantes y suficientes la Escuela Libre de Derecho y la Facultad de Derecho de la UNAM. Qué pena con lo que hicieron en el CIDE, mucho más queda por decir. Espero, casi fervorosamente, que este texto de Carlos A. Pérez Ricart llegue a su destinatario más importante: el presidente Andrés Manuel López Obrador. Bajo ninguna circunstancia, por más humanitaria que parezca, se le debe otorgar amnistía (ni perdón ni olvido) a ése criminal sentenciado Miguel Ángel Félix Gallardo. Qué se pudra en la cárcel… y sus “defensores” y jueces también. [FJFA]

  • Este artículo es una bocanada de aire fresco en el enrarecido ambiente (literalmente envenenado) por un periodismo militante, de consigna, de paga mercenaria; de gángsters a sueldo por intereses político-económicos afectados por el proyecto de transformación en marcha a partir de diciembre de 2018. Ni modo que sea truco o cuento de pescadores. No conozco a Carlos A. Pérez Ricart; recuerdo alguna entrevista que le hicieron en meses recientes Álvaro Delgado y Alejandro Páez Varela —ni “modos” que algún otro u otra de esas cosas que se dicen periodistas—, en su programa “Los periodistas” de SinEmbargo al aire. Su narrativa, la de Pérez Ricart, es consecuencia de un análisis cuidadoso, sereno, documentado, algo más cercano al periodismo de investigación. Nada qué ver con las “cosas” esas que publican los(as) opinólogos(as) improvisados de la hora que contamos por docenas; más adocenados imposible encontrarlos. Me sorprende sobremanera que Pérez Ricart sea un profesor-investigador del CIDE, un CIDE próximo a los años 1980 y 1990 y no a la entelequia en que lo convirtieron los neoliberales que todo cuanto tocan lo pudren. De haber sido un centro de irradiación del conocimiento en las ciencias sociales, particularmente la economía en cuyos momentos estelares, las décadas citadas, se consideró como una “catedral” de la enseñanza de la economía, lo “transformaron” en un enclave de entrenamiento del “derecho corporativo”, como si no fueran bastantes y suficientes la Escuela Libre de Derecho y la Facultad de Derecho de la UNAM. Qué pena con lo que hicieron en el CIDE, mucho más queda por decir. Espero, casi fervorosamente, que este texto de Carlos A. Pérez Ricart llegue a su destinatario más importante: el presidente Andrés Manuel López Obrador. Bajo ninguna circunstancia, por más humanitaria que parezca, se le debe otorgar amnistía (ni perdón ni olvido) a ése criminal sentenciado Miguel Ángel Félix Gallardo. Qué se pudra en la cárcel… y sus “defensores” y jueces también.

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