Todos los hombres del presidente vuelve a cobrar relevancia tras los conflictivos comienzos de la presidencia de Donald Trump, cuando muchos especulan sobre la posibilidad de que sea sometido a un proceso de destitución como el que forzó a Richard Nixon a dimitir tras las investigaciones narradas en este libro.

Recién llegado a la redacción de The Washington Post en 1972, Bob Woodward fue enviado a cubrir la siguiente noticia: “Cinco hombres, uno de los cuales afirma ser un antiguo empleado de la CIA, fueron detenidos ayer sábado a las 2:30 de la madrugada cuando intentaban llevar a cabo lo que las autoridades han descrito como un complejo plan para espiar las oficinas del Comité Nacional de Partido Demócrata en Washington.”

Woodward asistió a la toma de declaraciones preliminares por parte del juez y descubrió que, el que se declaraba empleado de la CIA, no era otro que James McCord, coordinador de seguridad del Comité para la Reelección del Presidente. Woodward y Bernstein comenzaron una investigación a fondo que concluyó en el escándalo político más devastador del siglo XX.

Publicado pocos meses antes de la dimisión de Richard Nixon, Todos los hombres del presidente descubre el escándalo Watergate en todo su alcance, introduciendo por primera vez a Garganta Profunda, la misteriosa fuente de los autores.

Carl Bernstein (Illinois, 1943) es uno de los periodistas de investigación más conocidos de los Estados Unidos. Tras graduarse en la Universidad de Yale en 1965, sirvió cinco años como oficial de comunicaciones en la marina americana antes de trabajar en The Washington Post. Después de ganar el premio Pulitzer, continúo trabajando en el periódico hasta llegar a ser director editorial adjunto de noticias de investigación en 1982.

Bob Woodward (Illinois, 1943) es uno de los periodistas de investigación más conocidos de los Estados Unidos. Tras graduarse en la Universidad de Yale en 1965, sirvió cinco años como oficial de comunicaciones en la marina americana antes de trabajar en The Washington Post. Después de ganar el premio Pulitzer, continúo trabajando en el periódico hasta llegar a ser director editorial adjunto de noticias de investigación en 1982.