México, un país en el que cada día es “Día de los Muertos”

01/11/2011 - 10:00 am

Luego de dos décadas de haber dejado México, Marjorie Miller, periodista de la Associated Press, regresó en 2010 al país.

De aquí, dice la corresponsal de esa agencia noticiosa, siempre había disfrutado una de las tradiciones que más le gustan de la cultura mexicana: el Día de Muertos. Pero ahora es diferente a las celebraciones que ella recuerda: con las familias en los panteones llenos de flores, grandes altares llenos de comida, velas y calaveras de azúcar.

En una crónica publicada originalmente en inglés para periódicos y revistas de todo el mundo, Miller cita lo que le dijo un amigo que la recibió el año pasado en el aeropuerto de la Ciudad de México: “Cada día es Día de los Muertos. Tenemos 40 mil días de los muertos”.

Es la cifra de muertos que arroja la guerra lanzada por el presidente Felipe Calderón desde que asumió el cargo, dice la periodista, quien además tiene a su cargo el buró de la prestigiada agencia en América Latina.

“Cuando me transporto en una capital más moderna y próspera que la que yo dejé en 1993, encuentro un país que ha logrado muchos avances, pero que también se ha convertido en un miasma de la barbarie”, dice Marjorie en su relato.

El México que dejó, cuenta la corresponsal de Associated Press, era gobernado aún por el Partido Revolucionario Institucional, que tuvo el poder durante casi 70 años a través de una mezcla de política de clientelismo y del fraude electoral. Entonces, recuerda, la retórica política era anti-estadounidense. Por ejemplo, el TLC no había sido firmado todavía, por lo que las empresas extranjeras eran escasas y las importaciones caras. Con la Internet apenas en nacimiento, la mayoría de los mexicanos se informaba en medios de comunicación subsidiados por el gobierno.

“En aquél entonces había carteles moviendo la cocaína sudamericana y la marihuana mexicana hacia el norte para alimentar el apetito voraz de EU por las drogas ilegales. Y, por supuesto, hubo violencia en la década de 1990. El arzobispo de Guadalajara fue asesinado por narcotraficantes, en lo que se consideró ‘un error’, y el candidato del PRI, Luis Donaldo Colossio, fue asesinado, un caso que nunca fue aclarado. Además surgió la guerrilla armada zapatista en la selva de Chiapas, para exigir que los mexicanos pobres e indígenas recibieran su parte justa de la riqueza de México”.

Aun así, afirma la periodista, entonces no se pensaba que México fuera violento: “No había ninguna cuenta corriente de los muertos”, aclara.

Pero ahora el país cambió mucho, da cuenta. Y parece que los mexicanos están dispuestos incluso a devolverle al PRI la Presidencia. “Las encuestas le dan una impresionante ventaja de dos dígitos al presunto candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, el ex gobernador del Estado de México, que aún tiene que definir su agenda presidencial, en particular en relación con la violencia del narcotráfico”.

En este contexto, la periodista describe la bonanza de un país en crecimiento y multinacional; especialmente la de los políticos mexicanos, afectos a los lujos.

Además, el crecimiento de la clase media es notable, incluidos los llamados “Ninis”, los jóvenes que “no estudian ni pueden encontrar puestos de trabajo legítimos, y pueden buscar trabajo o ser puestos al servicio de los cárteles de la droga”.

Por otro lado, observa, los periódicos se han vuelto más profesionales e independiente de la publicidad oficial. “Pero el gobierno (sin importar quién esté en el poder) sigue dominando ese campo a través de medios como Televisa, aunque en las grandes ciudades, la cobertura más crítica y audaz se encuentra disponible en cable”.

Sin embargo, un síntoma de cómo está la situación lo ubica en un periódico que incluso tiene un nombre para la cuenta: “el ejecutómetro”, que no es sino el medidor de las ejecuciones que se realizan diariamente.

“El México que antes disfruté libremente se ha reducido hasta la mitad, si se mide el territorio que ya no se considera seguro: los estados de Durango y Tamaulipas, están fuera de los límites, al igual que la mayor parte de Michoacán. Las ciudades de Monterrey y Guadalajara, el balneario de Acapulco y, más recientemente, el puerto de Veracruz, van de mal en peor. Los cuerpos son colgados de puentes o tirados por camiones en la calle. Muchas de las víctimas son decapitados y las cabezas se exhiben como trofeos aztecas –o dulces de Día de los Muertos”, dice Marjorie Miller.

“México se ha convertido en un país de asesinatos en masa. Las atrocidades se producen de una en una o en olas, y después de una explosión de indignación y condena, no pasa mucho. Pocas veces existe claridad o una condena. Los asesinatos se reducen a frases reconocibles: los 72 migrantes muertos en Tamaulipas, o los 183 cuerpos encontrados en fosas comunes excavadas allí. Los 52 muertos en un incendio en un casino de Monterrey; los 35 cuerpos tirados en Boca del Río, Veracruz, o las fosas clandestinas en Durango, cuyo número en última instancia, eclipsó a los de Tamaulipas: 224”, destaca la periodista.

“Doce meses han pasado desde mi regreso y las caléndulas están floreciendo de nuevo. Las calaveras de azúcar y el pan de muerto están a la venta. Como en años anteriores, compro el papel picado de alegres esqueletos que cuelgan como adornos. Pero este año, como dijo mi amigo que me recogió en el aeropuerto, hay más tumbas de muertos recientes y frescos: 10 mil más este año, según recuentos de prensa”, consigna la corresponsal de Associated Press.

 

El Paso: a llorar a los difuntos

Otro escenario para la celebración mexicana del Día de Muertos: El Paso, Texas. Allí, cientos de habitantes de esa localidad fronteriza con Ciudad Juárez, Chihuahua, se dieron cita en una de las plazas del mercado local para rendir un homenaje póstumo a sus difuntos, a los que es costumbre levantar altares.

Y esta vez, también, se recuerda a aquellos que han caído abatidos por la violencia de la guerra contra el narcotráfico.

Músicos, artesanos, maestros de cocina y otros embajadores de la cultura mexicana participaron en esta décimo tercera edición con sus talentos y pusieron el toque colorido a una jornada melancólica y caracterizada principalmente por el recuerdo de los fallecidos.

Cerca de 50 altares con fotos de los fallecidos y sus objetos personales, se apostaron a lo largo y ancho del mercado Mayapán, en una festividad que ya es tradición cultural para el pueblo mexicano.

“Para los mexicanos la muerte es una fiesta, es un recuerdo de los que pasaron por nuestras vidas, y por eso en esta fecha les rendimos un homenaje”, explicó Wendy Cao Romero, procedente de Veracruz, a la agencia EFE.

Cao Romero entretuvo a los asistentes con la presentación musical de su grupo folclórico llamado “Los Utrera”, y añadió que cada año llega hasta esta ciudad fronteriza para participar de esta fecha especial junto con sus compatriotas.

Durante la conmemoración del Día de Muertos, cientos de personas acudieron llevando consigo las fotos de sus amigos y familiares muertos, así como los platillos que más les gustaban, esperando así que los espíritus de sus allegados pudieran disfrutar una vez más de sus comidas preferidas.

“He traído la foto de mi sobrino que fue asesinado recientemente en Ciudad Juárez, y también puse sobre su altar las cosas que más le gustaban, como una cerveza, cigarrillos y su comida predilecta. Sé que él vendrá esta noche y se pondrá muy contento con sus regalos”, indicó Teresa Loya, una residente de Ciudad Juárez en México.

Loya señaló además que este homenaje va dedicado a todas las víctimas mortales que ha dejado la confrontación entre carteles del narcotráfico en su país, y que la única razón para hacerlo en territorio estadounidense, es porque se siente más segura de este lado de la frontera.

Algunos altares fueron dedicados a figuras representativas ya fallecidas, como Benito Juárez, Pancho Villa, y el escritor uruguayo Mario Benedetti, a quien le posaron sobre su mesa algunos de sus libros y un parlante en el que se escuchaba la voz del propio poeta narrando varios de sus célebres versos.

Mercedes Sosa y Pablo Neruda, también tuvieron sus altares durante la conmemoración, ya que según los organizadores, estos personajes son admirados y respetados en su país.

“Son artistas que pasaron por el mundo dejando mensajes de paz y unión, y que ayudaron con sus ideologías a formar a miles de personas”, declaró Julio Molinet, otro de los asistentes.

Molinet expresó a EFE que está seguro de que actividades de este tipo se desarrollan paralelamente en Juárez, aunque debido al miedo y al caos por el que atraviesa esa población, muchos han decidido venir a territorio estadounidense y conmemorar esta fecha sin zozobra de ninguna índole.

“Los altares están levantados a muchos de esos muertos asesinados en Juárez, son miles las víctimas, y a todas les rendimos un homenaje hoy”, finalizó.

Para los mexicanos, la muerte tiene una simbología amigable y por eso es común ver durante esta conmemoración estatuas y dibujos de la misma parca, a quien muchos denominan “La Catrina”.

Menores de edad con la cara pintada de blanco y negro en representación de la muerte, fueron otra de las curiosidades durante este día de difuntos.

“Detrás de los altares del Día de Muertos se encierran nuestras tradiciones, nuestras costumbres, esas de las que estamos orgullosos y queremos transmitir a nuestras generaciones futuras", dijo orgullosa Socorro Máser, quien junto con sus amigas visitaba el altar de su esposo fallecido.

 

 

Redacción/SinEmbargo

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