
Ciudad de México, 25 de agosto (SinEmbargo).-La correlación negativa entre la inteligencia y la religiosidad es cada vez más contundente. Esto de acuerdo con una investigación que analiza todos los estudios que han analizado el nexo entre intelecto y fe desde comienzos del siglo XX.
Según Miron Zuckerman autor de este trabajo, la religión cumple una serie de funciones para el ser humano que explican su supervivencia a lo largo de la historia. Sin embargo, para un número cada vez mayor de personas, sus mayores habilidades intelectuales hacen innecesaria la presencia de un Dios.
El análisis se realizó de acuerdo con una recopilación de todos los estudios sobre religión e inteligencia encontrados en los archivos de la base de datos de la Asociación Americana de Psicología que se ajustaran a términos de búsqueda como coeficiente de inteligencia, IQ, inteligencia o habilidades cognitivas, así como también a temas como religión, espiritualidad, o creencias religiosas, publicó Personality and Social Psychology Review.
No obstante, la revisión no se limitó únicamente a esa fuente y los recopiladores también se dieron a la tarea de revisar uno a uno los artículos aparecidos en revistas científicas especializadas en religión y consultas en el buscador académico de Google, encontrando un total de 62 estudios referentes al tema, cuyos datos fueron codificados.
“Alrededor de 53 estudios mostraron una correlación negativa mientras 10 presentaban una correlación positiva”, dice el estudio encabezado por Zuckerman, quien también funge como profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Rochester.
Sin embargo, no sólo los resultados fueron tomados en cuenta, sino también particularidades mencionadas en los análisis recopilados. De esta forma, variables como edad, sexo, raza o educación fueron contempladas.
Así, se encontró que en el caso de las tres primeras, estas no afectaban a la correlación, mientras que en la última, sólo un estudio establecía que sí, pero también resultó negativa.
De acuerdo con el trabajo, la historia de la problemática relación entre inteligencia y religiosidad inicia una con una serie de estudios de la Universidad de Iowa en 1928, cuando dos científicos que examinaron por separado correlatos entre sentidos, capacidades motoras y cognitivas con la religión, encontraron que, en el individuo, un mayor nivel de inteligencia representa un menor grado de religiosidad.

Décadas después, otros trabajos abordaron el tema con conclusiones similares. Sin embargo, en la última década los científicos retomaron esta relación, con sus conclusiones apuntando a una mala relación entre habilidades intelectuales y creencias religiosas.
Por su parte, sin afirmar que exista una relación causal, el equipo de investigación de Zuckerman intenta explicar en la segunda parte del trabajo por qué los inteligentes suelen ser menos religiosos, resultando tres las hipótesis que se plantean.
En primer lugar, el ateísmo sería una expresión de inconformismo, por ello que los inteligentes presenten una menor probabilidad de conformarse con la ortodoxia religiosa.
La segunda posibilidad está relacionada con las habilidades cognitivas. Esto quiere decir que a las personas inteligentes no les bastan las explicaciones teológicas y, por lo tanto, no pueden aceptar las creencias que no están sujetas a examen empírico o el razonamiento lógico.
Finalmente, su estilo cognitivo, más analítico que intuitivo, los hace refractarios a la religión, lo cual es la explicación más aceptada en la actualidad.
De esta manera, los investigadores apuestan por lo que llaman equivalencia funcional, para así explicar que la religión ha permanecido durante tantos milenios debido a que cubre una serie de necesidades humanas.
Basados en esto se tiene que la religión permite un encaje emocional y ofrece la visión de un mundo ordenado y predecible, además de ayudar a autorregular los impulsos, ajustando la conducta en pos de objetivos.
Otra de las características de la religión es que eleva la autoestima y, por último, ofrece un rincón o sistema de unión que da seguridad en tiempos de incertidumbre. No obstante, de a acuerdo con los autores del estudio, la inteligencia también puede prestar estos servicios.




