En México, el etiquetado frontal de alimentos y bebidas fue diseñado por la industria. Foto: Cuartoscuro

Como en 2012, ante la entrada del gobierno de EPN, ahora en 2018 se ha vuelto hacer un esfuerzo extraordinario desde la academia (UNAM, Academia Nacional de Medicina y el Instituto Nacional de Salud Pública) para entregarle al gobierno entrante el Libro “La Obesidad en México: Recomendaciones para una política de Estado para la prevención y el control de la obesidad en México en el periodo 2018-20124”. Con la contribución de 52 especialistas y decenas más de revisores, se ha elaborado este diagnóstico y propuestas de política pública para enfrentar la obesidad, el mayor reto de salud pública que vive el país, un problema que ha puesto en crisis el sistema de salud pública y que pone en riesgo la viabilidad sanitaria y financiera del país.

La administración de EPN recibió las recomendaciones de la comunidad académica en 2012, como ahora en 2018 se le presentan al presidente electo López Obrador y a su equipo de transición. EPN respondió con una estrategia nacional contra la obesidad presentada en 2013 que nos generó gran entusiasmo hasta caer en cuenta de que era una gran simulación, especialmente con las regulaciones que afectaban a la gran industria de alimentos y bebidas. En los hechos, se dio un contubernio profundo de la Secretaría de Salud y COFEPRIS con las grandes corporaciones de los alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas, como lo demuestran diversas investigaciones, una amplia lista de documentos confidenciales que han sido revelados y lo confirman respuestas de estas autoridades a solicitudes de acceso a la información.

Quiero centrarme en lo que el Libro de Obesidad 2018 plantea en materia de políticas y regulaciones para prevenir la obesidad y qué propone para enfrentar lo que nos pasó en estos 6 años. Primero destacar que se plantea la necesidad de proteger el ciclo de la política contra la obesidad de la interferencia de la industria, del conflicto de interés, “estableciendo mecanismos para la identificación y gestión de dichos conflictos, que garanticen la integridad de las decisiones”, señalando que “la participación de los diferentes actores debe darse bajo reglas claras que permitan que las políticas actúen en beneficio de la salud de la población”.

En México, el etiquetado frontal de alimentos y bebidas fue diseñado por la industria, se trata del GDA, o Guía Diaria de Alimentación, que nadie entiende y tiene un criterio de azúcar que está muy por encima del consumo máximo diario establecido por la OMS para un adulto en todo un día, casi al doble. De igual manera, la regulación de la publicidad de alimentos y bebidas no saludables, diseñada también por la industria, es muy pobre, no cubre los horarios y programas de televisión más vistos por las niñas y niños, no cubre otros medios ni el uso de regalos, personajes populares, promociones, patrocinios y demás estrategias que, como dice la OMS, se aprovechan de la vulnerabilidad e inexperiencia de los niños.

Estas limitaciones en las regulaciones en México son bien señaladas en el Libro “La Obesidad en México”, presentando propuestas bien definidas de cómo deben diseñarse estas regulaciones y cuáles deben ser sus características. Recomienda el retiro del etiquetado de la industria, el GDA, y propone el establecimiento de un etiquetado de advertencia, respaldando la posición que ya ha hecho pública un grupo de expertos de las principales institutos de salud e instituciones académicas del país que han pedido que de manera urgente se establezca un etiquetado de advertencia del tipo ya implementado en Chile, y que ya ha sido aprobado en Uruguay y Perú para entrar en vigor el año próximo, pese a la gran oposición y campañas en contra de las corporaciones de alimentos y bebidas. Oposiciones que bien podemos compartir compañeros que desde el legislativo o desde instituciones públicas o la sociedad civil hemos experimentado en Chile, Perú, Uruguay, Colombia, Brasil, México. Esta oposición se ha dado a través de estrategias multimillonarias que han llegado, incluso, a amenazas y espionaje contra los que promovemos estas políticas desde la sociedad civil e instituciones de investigación, hechos comprobados y bien documentados, al menos, en el caso de Colombia y México. Pueden consultarse los artículos que en el New York Times se han escrito sobre estos hechos.

Un planteamiento central del libro “La Obesidad en México”, es el señalamiento de que la crisis que vivimos en materia de salud por este cambio profundo en la dieta de la población tiene que abordarse modificando el actual Sistema Alimentario. Se plantea la necesidad de un nuevo sistema alimentario enfocado en producir alimentos saludables para la población, volviéndolos asequibles, de manera especial a la población más vulnerable, subrayando que este sistema tiene que ser sustentable, que este sistema tiene que reducir su impacto ambiental, que tiene que estar dirigido a la agroecología.

Señala la necesidad de que este sistema alimentario no sólo debe ser saludable y sustentable, también debe ser justo socialmente ya que la diversidad de nuestros alimentos depende de los pequeños y medianos productores, de ellos también dependen una gran parte los ingredientes de nuestra cocina tradicional. Estos productores deben recibir apoyos al tiempo de que se fortalecen los mercados locales y regionales basados en cadenas cortas.

Se propone en el Libro de Obesidad 2018: “Promover el desarrollo de una política alimentaria con enfoque multisectorial que no se limite a aspectos agropecuarios, sino que considere sus efectos en salud y nutrición de la población, así como su impacto ambiental”.

Entre los principales retos que enfrenta actualmente la humanidad, a escala planetaria, están el cambio climático y la epidemia global de obesidad. Nuestra región de América Latina y el Caribe es, por un lado, altamente vulnerable al cambio climático, lo cual está generando ya desplazamiento de poblaciones, los llamados migrantes ambientales, y crisis en la producción de alimentos y acceso a agua. Por otro lado, nuestra región presenta una de las mayores incidencias de obesidad y enfermedades derivadas de esta epidemia. Estos grandes retos no son asuntos separados, están íntimamente relacionados. La agricultura y la ganadería intensiva contribuyen al 30% y 18% de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), respectivamente y se han convertido en la principal causa de deforestación. La agroecología no sólo reduce las emisiones de GEI, sino que puede incluso absorber GEI. Estas políticas son también efectivas en el combate a la pobreza y la violencia, al mejorar las condiciones de vida de las zonas rurales, fortalecer la economía y la integración comunitaria.

El Libro de Obesidad da las herramientas nuevamente para que el gobierno mexicano impulse una política para enfrentar la epidemia de obesidad y diabetes que vive el país. La administración que está por terminar realizó lo que llamamos “La Gran Simulación”, al doblegarse y entrar en contubernio con las grandes corporaciones de los alimentos ultraprocesados y las bebidas. El presidente electo López Obrador, realizó un compromiso público de separar el poder político del poder económico, también, en su propuesta de gobierno, se comprometió a enfrentar el conflicto de interés, y ésta es una condición para elaborar la política pública contra las ya declaradas oficialmente emergencias epidemiológicas por obesidad y diabetes en México, en base a la evidencia científica.

Este texto lo he leído en la presentación del Libro “La Obesidad en México: Recomendaciones para una política de Estado para la prevención y el control de la obesidad en México en el periodo 2018-20124” durante el XVIII Congreso de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición que se realiza en Guadalajara, Jalisco. Este es el primer congreso del SLAN, que tiene ya más de 50 años de existencia, en que se estableció no aceptar financiamientos ni vínculos con la gran industria de alimentos y bebidas. Estas empresas, junto con las farmacéuticas, han venido cooptando a las sociedades de profesionales de salud a través de financiamientos de congresos, el pago de viajes y la entrega de artículos promocionales. El SLAN ha dado un paso importante al establecer un código para evitar el conflicto de interés como lo comienzan a hacer diversas asociaciones profesionales en el mundo ante los escándalos hechos públicos sobre la compra de conciencia que este tipo de prácticas está provocando al neutralizar a estas sociedades profesionales que deben ser las primeras en enfrentar los daños que las prácticas de estas empresas están generando, como bloquear las políticas recomendadas para enfrentar la obesidad.

Bienvenido el Libro “La Obesidad en México: Recomendaciones para una política de Estado para la prevención y el control de la obesidad en México en el periodo 2018-20124”. El gobierno entrante tiene en sus manos el diagnóstico y las propuestas para enfrentar la obesidad presentado por los expertos del país en esta materia, tenemos toda la esperanza y convicción de que no perderemos otros 6 años más, el país ya no lo soportaría.