Jorge Alberto Gudiño Hernández
Una aproximación cualitativa
04/01/2026 - 12:01 am
"Lo más simple es contar, pues comparamos numéricamente. Si, por ejemplo, un sujeto leyó 12 libros en 2025, bien podría proponerse leer 13 en 2026, como una forma de mejorar su rendimiento lector anualizado".

Lo más simple es contar, pues comparamos numéricamente. Si, por ejemplo, un sujeto leyó 12 libros en 2025, bien podría proponerse leer 13 en 2026, como una forma de mejorar su rendimiento lector anualizado. Es sencilla la comparación, tanto como lo es bajar determinado número de kilos o tallas, ciertas rutinas de ejercicio o reducir el consumo de alcohol o cigarros o consumir menos tiempo en pantalla. Cuando contamos las comparaciones son simples.
Conozco, por doquier, personas que, ayudadas por aplicaciones diversas, saben bien cuánto gastan o ahorran, pues inscriben, metódicamente, cada una de sus compras, desde los egresos fijos hasta las propinas otorgadas. Es un buen sistema para descubrir los gastos hormiga y, en consecuencia, reducirlos para ahorrar más este año. También sé de quienes van acumulando lecturas en una lista que suelen presumir por doquier o de algún otro que se pesa cada semana y va registrando sus progresos. Lo dicho: contar es sencillo y comparar, en estos términos, se vuelve simple.
Tanto, que hacer trampa también puede convertirse en parte del proceso. Basta con leer, en noviembre y diciembre, varios libros muy delgados para alcanzar la meta. O sumar una cena multitudinaria como varias reuniones con amigos. A la hora de ajustar los parámetros, solemos ser bastante permisivos. Recuerdo aquella época en que, para dejar de fumar, reducía cada semana un cigarro al total de la contabilidad del día. Hacia el final, me dedicaba a fumar medios cigarros o tercios de éstos para alargar lo más posible la experiencia. Si hasta llegué a plantearme el hecho de que nadie se fuma un cigarro de principio a fin, pues se hacen pausas entre calada y calada, por lo que un cigarro era, en realidad, medio y así.
Hace tiempo que no me interesa leer más libros que el año pasado sólo por acumular lecturas. Prefiero leer mejores libros, aunque me vaya lento. Esa comparación, de entrada, es muy subjetiva y depende de mi propia experiencia. Dicho lo cual, lo que me interesa es, por supuesto, el proceso de selección de mis lecturas, mi disposición a adentrarme a esos libros entre los que sigo buscando, eso sí, a la maravilla que me deje sin palabras, no importando si suma uno más al listado anual.
Algo semejante se puede hacer con otros propósitos. Quizá valga más la pena hacer ejercicio de forma cotidiana y repetitiva que contar, exactamente, cuántas vueltas le dimos al circuito de carrera. O alargar las sobremesas con la familia antes de contar, con prisa, cuántas veces los visitamos a lo largo del año. En otras palabras, hacer de lado esa condición posmoderna que nos obliga a compararnos y a hacer uso de las estadísticas y procurar una mayor calidad en nuestros propósitos. Así, quizá, podamos volver a la idea de que dichos propósitos no son sino un pretexto para hacer mejor la vida. Y eso es muy difícil de cuantificar.
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