Mercedes Llamas
La línea tenue (o inexistente) entre la autoridad y la delincuencia
22/10/2014 - 12:04 am
Desde siempre se ha sabido que en México, existe una línea muy delgada entre los opuestos; los buenos-los malos, los políticos-los delincuentes, la legalidad-la delincuencia, nosotros-los otros, los ciudadanos-los outsiders, etc. Pero con los sucedido en Ayotzinapa esa delgada línea se convierte en inexistente, simplemente no hay una separación entre gobierno y delincuencia; son uno mismo, un conjunto indisoluble, que han sabido trabajar en equipo.
Entre los criminólogos, politólogos y políticos, al conjunto de acciones orientadas a la prevención, reducción y tratamiento de los fenómenos antisociales, se les llama comúnmente políticas criminales, sin embargo, yo siempre hago la aclaración que el término correcto es políticas criminológicas.
El primero hace alusión a lo criminoso, es decir serían todas las operaciones organizadas y llevadas a cabo por los grupos delincuenciales con un fin ilícito. Por el contrario el segundo término son todas aquellas realizadas por el gobierno con la finalidad de prevenir, reducir y tratar el crimen.
Pero en México como la realidad supera la ficción, las políticas criminales y las criminológicas son prácticamente lo mismo. ¿Cuando antes se había visto tan cínicamente que los policías, cumpliendo una instrucción de un superior, levantaran a 43 ciudadanos jóvenes y los entregaran a manos de un grupo de delincuentes? ¿Quiénes son más delincuentes; los que actúan en nombre de la ley de forma ilícita, corrupta y vejatoria o aquellos que actúan de la misma forma pero en nombre de la delincuencia?
Yo contesto claramente que los primeros, porque no sólo reciben el dinero de nuestros impuestos sino también un “sueldo” de los diferentes grupos, sirven a dos amos y además actúan con careta de legales.
México, es uno de los pocos lugares en donde no existe diferencia alguna entre los sujetos que llevan a cabo ambas políticas, tanto las criminales como las criminológicas; las dos son llevadas a cabo por las mismas autoridades, quienes actúan en nombre de la ley para trabajar en contubernio con la delincuencia.
¿Cómo desaparecen 43 personas sin que exista rastro alguno de su paradero? si están muertos, ¿donde están sus cadáveres?, si están vivos ¿cómo puede ser que nadie haya visto nada ni sepa nada?. La respuesta es sencilla, a través de la excelente y profesional política criminal que tenemos en México.
No puedo imaginar el dolor de los familiares y de los amigos; lo único que alienta es la respuesta de indignación que ha habido por parte de la ciudadanía, quienes a través de los medios de comunicación, han logrado que el caso se esté convirtiendo en un asunto internacional, que esperemos, no quede olvidado como muchos más debajo de la tierra.
@criminologiamex
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