María Rivera
Impensable
19/03/2026 - 12:01 am
"Estamos ya en una nueva era, muy oscura, donde lo impensable, lo inverosímil, puede ocurrir, como ataques entre países hermanos".

Y regreso al tema, querido lector, porque no hay tema más importante en el mundo que lo que está pasando con el que ya podemos empezar a denominar el Eje Israel- Estados Unidos. Un nuevo eje del mal, como el del siglo pasado, que ha ido sentando las bases para una conflagración mundial que, por desgracia, nos incluye. Una no creería que esto pudiera pasar nuevamente en el mundo, pero es un hecho que nos encontramos ya en la ruta de un desastre mayor que nos atañe directamente.
Y es que, de manera vertiginosa, el Presidente de los Estados Unidos ha ido desfigurando los delicados equilibrios políticos en el mundo, no sólo en Medio Oriente. Aquí, en América Latina, las amenazas comienzan a configurarse con más claridad una vez que Trump ha apuntado a nuestros países. La invasión de Venezuela, el secuestro de su Presidente y el robo a mano armada que ha sufrido, apenas hace unas semanas, son sólo señales de lo que puede ocurrir en aquellos países que no se plieguen a su rampante e ilegal imperialismo.
Por desgracia, Trump está cometiendo en Cuba el mismo acto atroz que su aliado Netanyahu cometió (y comete) en Gaza, al restringir el acceso de ayuda al país. La prohibición, bajo amenazas, de que países surtan a Cuba de petróleo no sólo busca ahorcar a su gobierno, sino a toda la población. Es algo que debería escandalizarnos, porque es totalmente ilegal e indebido. Que el Presidente de Estados Unidos, se ufane públicamente de que puede “tomar” a Cuba y “hacer con ella lo que quiera”, es una monstruosidad que sólo puede concebirse a la luz de la total destrucción de los valores surgidos tras la Segunda Guerra Mundial. El fascismo y el nazismo están de vuelta, querido lector. Las atrocidades que Estados Unidos e Israel están cometiendo en Irán, a quien Trump bombardea “por diversión” según declaró en una entrevista, son muy graves porque incendiarán aún más esa zona, pero también porque mandan un mensaje muy claro al resto del mundo: los criminales tienen el poder y pueden asesinar a la población civil, robar e imponerse militarmente.
Simultáneamente, los crímenes que Israel está cometiendo en el Líbano contra la población civil, a la que ha asesinado y desplazado, para llevar a cabo exactamente el mismo libreto criminal que en Gaza y apropiarse de su tierra, así como en los territorios palestinos, sin que absolutamente nadie lo detenga, es la constatación de que el genocidio cometido en Gaza, destruyó el viejo orden mundial como lo advertimos muchos desde hace meses. Ese horror inconcebible, cometido a la vista de todos y sin que nadie lo detuviera, fue el huevo de la serpiente. Ahora, ya incubó su enfermedad en el mundo, y es mejor que, aunque el estupor nos consuma, lo reconozcamos, porque esa misma enfermedad está ya en nuestro continente.
Ha sido Donald Trump el promotor de la locura criminal y estamos muy lejos, querido lector, de haber visto todo lo que ya está configurado aquí mismo. Nada más piénsese en la nueva iniciativa que lanzó Trump hace unas semanas llamada “Escudo de las Américas” con países americanos gobernados por la derecha o afines a Estados Unidos para combatir el “narcoterrorismo” y el narcotráfico.
Obviamente, México no acudió, ni Colombia, ni Brasil, ni Uruguay, pero prácticamente toda Centroamérica sí, como también Ecuador, Bolivia, Argentina y Perú. Muchos analistas descartaron muy fácilmente su importancia, porque resulta totalmente inverosímil que los mismos países latinoamericanos pudieran atacarse entre sí, es decir, ser usados como instrumentos político-militares por Trump. Pero lo cierto, querido lector, es que ese acuerdo de “colaboración en seguridad” es y debería de ser un motivo de preocupación para los países no alineados con un criminal que ve en toda Latinoamérica a su patio trasero y para el que no existe el derecho internacional, sólo sus apetitos. Petróleo, minerales, ubicación estratégica, Donald Trump está convencido de que le pertenecen y para hacerse de ellos usa y usará al narcotráfico como pretexto.
En realidad, podemos vislumbrar que América Latina está ya puesta en un tablero, sometida a los designios de un psicópata al que no le importa llevar la guerra a cualquier parte, ni asesinar civiles, ni violentar la soberanía, ni derrocar gobiernos. Haríamos muy mal en pensar que el viejo orden internacional que nos regía, al menos formalmente, sigue en pie. No, querido lector, ni los valores, ni la racionalidad política anterior han sobrevivido. Estamos ya en una nueva era, muy oscura, donde lo impensable, lo inverosímil, puede ocurrir, como ataques entre países hermanos. Colombia, México y Brasil harían bien en preocuparse.
Ni la indignación ni la rabia de los pueblos han podido detener a un criminal de guerra, genocida como es Netanyahu; no pudimos detener el asesinato de miles de niños y niñas, de familias enteras, que los neonazis cometieron durante meses en Gaza, así como el mundo no ha podido detener los asesinatos que ahora mismo llevan a cabo en Irán y el Líbano, ni la asfixia sobre Cuba o el robo en descampado de Venezuela. Para efectos prácticos, no hay ninguna organización internacional capaz de parar a los viejos demonios del pasado que, por desgracia, han vuelto entre nosotros.
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