Jorge Alberto Gudiño Hernández

Ciudadanos vs turistas

29/03/2026 - 12:01 am

"Los ciudadanos han sido afectados durante meses. Falta ver si las construcciones servirán cuando ya se hayan ido los visitantes".

Trabajos de la Ciclopista que conectará el Zócalo Capitalino y el Estadio Azteca. Foto: Rogelio Morales, Cuartoscuro.

Mi madre y mi suegra arreglan sus casas cuando van a recibir visitas. Mi esposa nos organiza para mejorar la apariencia, el orden y la limpieza de la nuestra cuando tendremos invitados. Supongo que a nadie le parece extraño ese comportamiento. Si recibimos a alguien intentamos mostrarle nuestra mejor cara y, en este caso, lo mejor de nuestra casa. Que parezca, pues, que somos algo civilizados, aunque, en lo cotidiano, a veces se acumulen las sudaderas en un sillón o los botes de la ropa sucia puedan estar a la vista. Si lo hacemos así es para quedar mejor con nuestros visitantes, pero también como una cortesía hacia ellos: nadie quiere llegar a una casa donde se acumulen, por ejemplo, dos semanas de trastos sucios.

Si a todos nos parece natural ese modo de actuar, no estoy tan seguro de que se pueda extrapolar a otros ámbitos. Al de la ciudad, para no ir muy lejos.

Entre la construcción de una ciclovía que utilizan más las motos que los ciclistas, los cierres de carriles porque están repintando los barandales de los puentes y la idea de que nadie se podrá estacionar cerca del estadio Azteca, más las decenas de obras que no parecen tener un fin claro, la zona está colapsada.

Vivo en la zona y, cada día, los trayectos se incrementan ante la desesperación de quienes se trasladan por Tlalpan y Periférico. Hay oficinas, estaciones de medios y universidades que terminan por asentar el colapso. He escuchado testimonios de personas que hacen hasta tres o cuatro horas en trayectos de una decena de kilómetros o de una hora en un escaso kilómetro. De poco sirven las aplicaciones que indican rutas. Es común ver a gente bajando del transporte público porque caminar es una alternativa más expedita que seguir a bordo de un vehículo motorizado.

A ello se suma la mala planeación de la ciclovía. Hay zonas verdaderamente peligrosas para los pedaleantes. No es difícil imaginar a un visitante holandés que, acostumbrado a que las ciclovías sean respetadas, tenga que descubrir una nueva variante extrema al deporte que practica: esquivar motos, camiones y automovilistas desesperados.

Todo, sobra decirlo, para que nuestra ciudad se vea mejor, parezca más civilizada. Como cuando arreglamos la casa para recibir visitas.

Quizá a todos nos resulte engorroso o molesto ordenar nuestras viviendas para que piensen que vivimos mejor de lo que lo hacemos. En este caso, el absurdo salta a la vista. Los ciudadanos han sido afectados durante meses. Falta ver si las construcciones servirán cuando ya se hayan ido los visitantes.

Al margen de esa posible y muy cuestionable utilidad pública, lo cierto es que quienes habitamos la zona padecemos los arreglos. Mucho, demasiado incluso. Una cosa es arreglar la casa y otra perjudicar a quienes ahí viven. Son ellos, a la larga, y no los visitantes, quienes votarán en un futuro, quienes no comprenderán el valor de una ciclovía peligrosa, plagada de motociclistas y quienes habrán perdido horas y horas de sus vidas por algo que parece más una ocurrencia que una solución a los problemas de tránsito. La apariencia, en este caso, no se traduce en mejora alguna y, por supuesto, falta ver si a los visitantes no les resulta caótico ir a los partidos que se celebrarán en el estadio.

¿Quién sabe?, en una de ésas, terminarán opinando lo que opinamos todos: que la ciudad está al borde del colapso y que transitar aquí es un caos.

Jorge Alberto Gudiño Hernández

Jorge Alberto Gudiño Hernández es escritor. Recientemente ha publicado la serie policiaca del excomandante Zuzunaga: “Tus dos muertos”, “Siete son tus razones” y “La velocidad de tu sombra”. Estas nov... Ver más

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