Ciudad de México, 20 de junio (SinEmbargo).- El multimillonario negocio del futbol abrió la puerta a redes de corrupción, lavado de dinero y crimen organizado que encontraron en el deporte un espacio ideal para operar. De acuerdo con el informe Towards an Entity Countering Crime, Corruption and Other Integrity Breaches in Sport, elaborado por ClearingSport, lo que alguna vez fue una actividad administrada por asociaciones deportivas terminó convertido en una industria global donde circulan miles de millones de dólares y donde diversos escándalos han revelado la participación de dirigentes, empresarios y organizaciones criminales en esquemas de sobornos y fraude.
El documento advierte que la rápida comercialización del deporte creó las condiciones para que el crimen y la corrupción se desarrollaran dentro de las estructuras deportivas. ClearingSport sostiene que el enorme crecimiento económico del sector, combinado con marcos regulatorios insuficientes y sistemas de supervisión débiles, convirtieron al deporte en un objetivo atractivo para grupos criminales interesados en explotar las ganancias derivadas de apuestas, derechos de transmisión, patrocinios y grandes eventos internacionales.
De acuerdo con el estudio, durante la década de 2010 los organismos rectores del deporte recibieron aproximadamente mil 100 millones de dólares en sobornos, mientras que los mercados de apuestas ilegales movieron entre 340 mil millones y 1.7 billones de dólares cada año. El reporte estima además que alrededor de 140 mil millones de dólares son lavados anualmente a través de apuestas deportivas, una de las principales vías de infiltración del crimen organizado en el sector.

Del deporte al negocio global
Por su parte, una investigación de FairSquare, titulada Substitute: The Case for the External Reform of FIFA", llega a conclusiones similares. El documento describe cómo la FIFA pasó de ser una organización creada para administrar el futbol internacional a convertirse en una poderosa corporación global cuya estructura facilitó la corrupción y la concentración de poder.
Según el informe, el punto de inflexión ocurrió durante la década de 1970, cuando el entonces presidente João Havelange impulsó una agresiva estrategia de comercialización junto con el empresario Horst Dassler, heredero del imperio Adidas.
Hasta entonces, recuerda el documento, la FIFA era una organización relativamente pequeña. Sin embargo, la venta masiva de derechos de televisión, patrocinios y acuerdos comerciales transformó por completo la economía del futbol.
FairSquare señala que el modelo creado por Havelange convirtió al organismo en una entidad que simultáneamente regulaba el deporte y obtenía ganancias de él, una combinación que generó conflictos de interés cada vez más profundos.
La magnitud económica del negocio es enorme.
De acuerdo con el propio informe, en 2022 la FIFA obtuvo ingresos por 5 mil 700 millones de dólares, de los cuales el 77 por ciento provinieron de la venta de derechos televisivos y comerciales relacionados con la Copa del Mundo de Qatar.
Además, cerró ese año con cerca de 4 mil millones de dólares en reservas financieras, una capacidad económica comparable a la de grandes corporaciones multinacionales.
Pero el crecimiento de los ingresos vino acompañado de una creciente corrupción.
FairSquare ahonda en el escándalo de International Sport and Leisure (ISL), la empresa creada para comercializar derechos de transmisión y marketing de eventos deportivos. Cuando la compañía quebró en 2001, las investigaciones revelaron que durante más de una década distribuyó alrededor de 147 millones de dólares en sobornos a altos dirigentes deportivos mediante cuentas secretas y estructuras financieras establecidas en paraísos fiscales.
Entre los beneficiarios de esos pagos figuraban algunos de los hombres más poderosos del futbol mundial. La investigación judicial suiza determinó que el expresidente de la FIFA João Havelange y Ricardo Teixeira, exdirigente de la Confederación Brasileña de Futbol, recibieron millones de dólares provenientes de ISL a cambio de favorecer contratos comerciales relacionados con los derechos de transmisión de la Copa del Mundo.
Sin embargo, para FairSquare el problema va mucho más allá de los sobornos individuales. El informe sostiene que la FIFA desarrolló una compleja red de patronazgo político mediante la distribución de recursos económicos a sus asociaciones afiliadas. A través de programas de desarrollo financiados con los ingresos mundialistas, la dirigencia construyó relaciones de dependencia que permitieron consolidar apoyos electorales y mantener el control interno de la organización.
Los investigadores describen un sistema en el que las asociaciones nacionales más dependientes de los fondos de la FIFA se convierten también en las más vulnerables a las presiones políticas de la dirigencia. El resultado es una estructura donde quienes controlan el dinero controlan también una parte importante de los votos necesarios para conservar el poder.
La magnitud de la crisis quedó expuesta en 2015, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó a altos funcionarios de la FIFA de haber convertido a la organización en una empresa criminal dedicada al fraude, el lavado de dinero y el cobro de sobornos. Aquella investigación, conocida mundialmente como FIFA Gate, provocó arrestos, renuncias y procesos judiciales que alcanzaron a dirigentes de distintos continentes.
La FIFA se llena los bolsillos
FairSquare sostiene que uno de los problemas centrales radica en la extraordinaria autonomía de la que goza la FIFA. Aunque administra el deporte más popular del mundo y ejerce una influencia económica y política global, la organización sigue registrada en Suiza como una asociación sin fines de lucro. Esta condición le permitió durante décadas operar con escasa supervisión externa mientras administraba ingresos equivalentes a los de grandes corporaciones multinacionales.
El informe subraya que esta combinación de poder económico y limitada fiscalización creó un terreno fértil para los abusos. Mientras los ingresos por televisión, patrocinios y marketing crecían año tras año, los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas avanzaban mucho más lentamente. Para los autores, el futbol terminó desarrollando estructuras de gobierno que no estaban preparadas para administrar un negocio que mueve miles de millones de dólares y que influye en gobiernos, empresas y organismos internacionales.
La expansión comercial de la Copa del Mundo también elevó el valor político de la organización. FairSquare destaca que la FIFA pasó de ser una entidad deportiva a convertirse en un actor con peso en las relaciones internacionales. El propio presidente del organismo, Gianni Infantino, ha presumido que la economía global del futbol genera alrededor de 270 mil millones de dólares, una cifra que refleja la magnitud de la industria construida alrededor del deporte más popular del planeta.

El caso de las sedes mundialistas ilustra la magnitud de esos intereses. Conforme crecieron las ganancias asociadas a la Copa del Mundo, también aumentó la presión sobre quienes tenían la facultad de elegir a los países anfitriones. Investigaciones periodísticas y judiciales documentaron cómo gobiernos, empresas y grupos de interés desplegaron campañas multimillonarias para influir en los procesos de selección, generando un entorno propicio para los sobornos y el tráfico de influencias.
Pese a las reformas anunciadas después del escándalo, FairSquare concluye que los cambios fueron insuficientes. El reporte sostiene que la FIFA continúa operando bajo una estructura que desalienta la rendición de cuentas, concentra el poder en la cúpula y limita la supervisión independiente. Por ello, los autores afirman que el organismo es incapaz de reformarse por sí mismo y que requiere mecanismos externos de regulación.
ClearingSport llega a una conclusión semejante. El informe advierte que el deporte se ha convertido en un entorno especialmente vulnerable para actividades ilícitas debido a la combinación de grandes flujos financieros, operaciones transnacionales y controles insuficientes. En ese contexto, el futbol, como el deporte más popular y económicamente poderoso del planeta, se ha transformado en uno de los espacios más atractivos para la corrupción y el crimen organizado.



