Salvador Guerrero Chiprés
Incendios forestales, la mano humana
21/04/2026 - 12:02 am
"Si el origen está en factores humanos, la prevención es la herramienta determinante para evitar incendios forestales".

Las crónicas de las expediciones de Alexander von Humboldt, el naturalista prusiano, dejaron testimonio respecto a una urgencia: la capacidad del ser humano para quebrar los ciclos de la naturaleza y generar desastres mediante la alteración del entorno.
Aquella advertencia de la primera mitad del siglo XIX por parte de quien considerado el primero en describir el cambio climático inducido por el hombre, ahora se manifiesta en los bosques. Los incendios forestales no responden a una problemática estacional, los datos del Gobierno de la Ciudad de México revelan la mano humana hasta en el 90 por ciento de los casos.
Esta ceguera voluntaria ante el riesgo ha normalizado conductas generadoras de incendios iniciados por una fogata mal extinguida, la colilla de un cigarro o una quema agrícola sin protocolos.
En la Ciudad de México esta batalla por la conservación se libra en un territorio de vital importancia. Con un 60 por ciento de suelo de conservación, la capital resguarda 88 mil hectáreas calificadas como el pulmón de millones de habitantes.
Ante la magnitud de este desafío, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, ha puesto en marcha la “Campaña de Combate de Incendios Forestales 2026”, una estrategia de presencia territorial con el despliega de cerca de cuatro mil elementos, entre brigadistas y bomberos, para proteger las áreas verdes y el suelo de conservación.
Este año, en la línea de emergencias 9-1-1, operada desde el C5, hemos recibido 117 reportes por incendios forestales. La geografía del riesgo obliga a mirar con especial atención hacia Gustavo A. Madero, Iztapalapa, Álvaro Obregón y Tlalpan, donde se concentra el 71 por ciento de los incidentes. El objetivo institucional es reducir en 10 por ciento las afectaciones totales para este ciclo.
Si el origen está en factores humanos, la prevención es la herramienta determinante para evitar incendios forestales. Bajo esta premisa, resulta indispensable consolidar una cultura de responsabilidad con prácticas concretas: regulación estricta de quemas agrícolas, especialmente en condiciones de vientos intensos; remoción de yerba seca como material combustible; disposición adecuada de residuos como el vidrio, cuyo efecto lupa incrementa el riesgo, y el mantenimiento permanente de brechas cortafuego como mecanismo de contención.
En esta narrativa de protección, la participación social se configura como un sistema capaz de anticipar cualquier conato de incendio mediante el reporte oportuno a los canales de emergencia del C5, como el 911 o el 089 para denuncias anónimas.
Cada minuto entre detectar humo y reportarlo marca la diferencia entre control y desastre ecológico y reivindica las expediciones de Alexander von Humboldt.
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