Melvin Cantarell Gamboa
Colapso civilizacional, la distopía que se hizo realidad. Segunda parte
27/05/2026 - 12:05 am
"La IA y las redes sociales han monopolizado la atención del público a escala masiva y devorado la capacidad humana de introspección".

A finales de 2016, Yubal Noah Harari publicó su libro Homo Deus. Breve historia del mañana (Penguin Random House Grupo Editorial, 2016), una perspectiva novedosa sobre los acontecimientos que se desarrollaban en los laboratorios en torno a la inteligencia artificial y la manera como impactaba el mundo empresarial, el ámbito militar y en los gobiernos ricos del mundo Occidental. En los años siguientes el debate se generalizó con la participación de científicos, especialistas, investigadores, educadores y la opinión pública.
En 2024, Harari publica Nexus. Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA (Del mismo grupo editorial); para entonces, la discusión se había extendido al ámbito social, las relaciones sociales y sacado a la palestra pública los peligros de esta mutación civilizatoria que amenaza la existencia misma de la civilización actual. Sus efectos han cambiado de tal manera lo que somos, hacemos y cómo lo hacemos que puede afirmarse que ya no existen individuos autónomos, la soberanía de juicio ni los fundamentos del humanismo que dieron lugar a la cultura moderna; en el pasado las tecnologías eran herramientas que catalizaban los cambios históricos para la “mejora” del mundo; las nuevas tecnologías han borrado todo aquello que podía esperarse de un nuevo invento. Con independencia la IA es capaz de tomar decisiones y genera ideas que nos serían tan extrañas que no podrían ocurrírsele normalmente a una consciencia humana.
El éxito de las tecnologías digitales, en especial de la inteligencia artificial, se debió al descubrimiento de la importancia de los datos en la toma de decisiones políticas y la falta de una unidad central en su procesamiento; el “datismo” (una tecnología con alcances epistemológicos y de pensamiento) permitió establecer un sistema funcional que allanó el camino al nuevo poder tecnológico al invertir la pirámide del conocimiento; los datos desplazaron a la acumulación de información como estructura básica para la investigación científica, este simple hecho transfirió la autoridad intelectual de los humanos a los algoritmos (una infraestructura lógico-matemática que resuelve problemas por sí sola) pues rompió la barrera entre biología e información; los algoritmos demostraron, entre otras cosas, que los organismos vivos resultan de procesamientos de datos que determinan su naturaleza, sucedió lo mismo con la evolución biológica y sucede con lo político y la cultura. Fue así como las tecnologías digitales han llevado a la humanidad a una crisis existencial autoinfligida; en adelante tendremos que acostumbrarnos a depender de un agente autónomo capaz de procesar datos, crear ideas y tomar decisiones propias, para saber qué hacer con nuestros problemas, desde los más complejos hasta aquellos que enfrentamos en la vida cotidiana.
Si bien es cierto que los algoritmos bioquímicos moldearon la selección natural, lo hicieron sin la mediación de sentimientos humanos, sin decisiones o deseos que no fueran meros procesamientos de datos y cálculo de probabilidades; ahora bien, si sumamos el poder algorítmico al desarrollo de la inteligencia artificial da como resultado un enorme poder, sin embargo, pese a que pueden operar con independencia y autonomía al margen de la voluntad humana, no debe dejarse en sus manos las decisiones últimas sobre los grandes problemas del planeta y la humanidad, con la falsa idea de que sus conocimientos sobre la realidad son mejores y más rigurosos; es cierto que la IA cuenta con mayor capacidad que el científico mejor dotado para aprender, evolucionar, modificar y tomar decisiones sin necesidad de consultar o recurrir a los más calificado de los seres humanos. Pero ¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Qué intereses están en juego? Seguramente no los de la humanidad en su totalidad, sino los de una privilegiada minoría. Develar esta trampa es el propósito de estos artículos.
La IA envió al basurero de la historia a todos los inventos tecnológicos anteriores, incluyendo la bomba nuclear; pero esta arma mortífera no decidía por sí misma a quien matar; la decisión de su uso sólo podían hacerlo seres humanos: gobernantes que no tenían la última palabra porque no estaba en sus manos apretar el botón nuclear, habían otros responsables, leyes, acuerdos internacionales, Congresos y un pueblo a quienes consultar; es más, ni siquiera autócratas desquiciados se atrevieron a decidir por sí mismos; pero la IA sí puede hacerlo en tanto inteligencia no orgánica, ya que no obedece a sentimiento alguno, ni a una consciencia, mucho menos a una ética guiada por la razón. Su dominio sobre el lenguaje, sus enormes conocimientos sobre leyes, religión y política le permiten manejar a presidentes, primeros ministros, consejos militares, manipular sus discursos, crear ficciones e inventar supuestos ataques indistinguibles para provocar situaciones y confrontaciones imposibles de revocar porque los algoritmos y la IA pueden decidir sobre el orden de la verdad; en consecuencia, puede afirmarse, sin equivocación, que las tecnologías digitales han anulado la capacidad humana de rectificación y ajuste ante el error; en la medida misma en que los Estados deleguen su responsabilidad en ellas, mayor será el peligro de ser víctimas de decisiones dictadas por un agente extraño incapaz de autocorrección. Esto es lo que estamos obligados a evitar.
En 2025, Asma Mhalla, politóloga franco-tunecina publica un desafiante libro que desnuda el actual sistema tecnopolítico basado en las TIC o tecnologías de la información y comunicación con el título de Cyberpunk. El nuevo sistema totalitario. Editorial Seuil; en el texto, la autora sostiene que la distopía cyberpunk es la nueva realidad y la verdad única que ha dejado de lado el conocimiento basado en la adecuación, el develamiento, la coherencia y el consenso. La verdad es ahora algorítmica y narrativa; la inteligencia artificial no es una simple y nueva herramienta de automatización, sino el núcleo de un nuevo régimen de dominación política global basado en el totalitarismo cognitivo que ha puesto fin al pensamiento crítico. Ahora la IA y las redes sociales han monopolizado la atención del público a escala masiva y devorado la capacidad humana de introspección bloqueando nuestra capacidad reflexiva sobre el mundo y sus contornos. Vivimos una hiperrealidad donde el contenido de la verdad es generado por sistemas y lenguajes artificiales que combinan datos, cálculos y palabras para establecer una posverdad construida con recursos virtuales que rebasan por mucho la certeza, la velocidad y el escrutinio crítico de la inteligencia humana. La introspección, de la que hemos sido despojados fue históricamente una invaluable herramienta con la que capturábamos experiencias, evaluábamos creencias, razonamientos y prejuicios; todo esto es hoy atributo de la IA y las tecnologías digitales que evitan que generemos por nosotros mismos ideas de forma autónoma, al estandarizar el lenguaje y eliminar el azar, para substituirlo por patrones fijos. En adelante, y sin capacidad introspectiva alguna, el mundo digital establecerá una homogenización social que confinará a los seres humanos a un reducido campo de acción para imponernos su neuro poder.
En octubre de 2025, la autora concedió una entrevista al periodista Achren Verdian de la revista Rio Belbo. En lo que sigue van a leer una síntesis personal bastante libre en su interpretación. Dice Asma Mhalla: un imperio cognitivo está esclavizando nuestro cerebro para imponernos una servidumbre involuntaria; una alianza entre el Estado (en referencia a la presidencia de Donald Trump) y los gigantes de la TECH (Elon Musk, Tesla Space y X; Marc Zukerberg, Meta, Facebook, Instagram, WhatsApp y Quest; Tim Cook, Apple, iPhone, iPad; Android y YouTube; Sundar Pichai, Alphabet y Google; Jeff Betzos, Amazon; Bill Gates y Satya Nadella, Microsoft, Jensen Huang, NVIDIA y Peter Thiel, Pay Pal y Palantir están construyendo un nuevo régimen tecnototalitario cuya ideología básica se ha apoderado de las poblaciones. Filósofos a su servicio (analizaremos las teorías de estos sujetos en la próxima entrega) están dando cuerpo a la ideología que constituirá el marco abstracto e invisible que será norma de acción en el próximo Estado distópico en edificación: en los hechos, se trata de la fusión del Estado profundo del poder militar y el capital monopolista digital (Manifiesto Palantir) que autores, como Asma Mhalla, definen como tecnototalitario. Según la autora de Ciberpunk, estaríamos viviendo la etapa “soft” del proyecto; dirigida en su primera etapa al cerebro límbico para su destrucción y obligar a los “sujetos, a usted y a mí, ha dejar de mirar lo real, lo importante, principalmente lo global y lo que está en juego, para obligarnos y acostumbrarnos a centrar nuestra atención en las Blak Mirrors (pantallas, celulares, computadoras y tablets) encargadas de difundir masivamente comentarios banales, memes, anécdotas y videos divertidos, antes de pasar al núcleo “hard” (duro): el adoctrinamiento y la imposición de un nuevo totalitarismo que desmantelará todas las estructuras estatales, en especial las de corte democrático basadas en la voluntad popular, a fin de evitar su influencia en algún tipo de contrapeso a su poder.
El proyecto tiene dos objetivos fundamentales: Uno, materializar un Gran Estado Imperial dependiente de las nuevas tecnologías y, dos, depositar ese poder en los propietarios de los gigantes tecnológicos, que ejercerán el nuevo poder político centralizado en una inédita soberanía privada concentrada ya en las megacorporaciones tecnológicas que se valen de políticos a modo para la ejecución de sus planes. La llegada de Trump al poder en Estados Unidos es el ejemplo por excelencia al facilitar desde su toma de poder la simbiosis del Big State y el Big Tech. El proyecto, fuera de los Estados Unidos tiene un solo adversario: la República Popular China.
Ambas potencias están reconfigurando el mundo, las mentes y las consciencias en favor de sus intereses; lamentablemente, y con la mayor inocencia, hemos caído en sus redes, y lo peor, la mayoría de la población mundial ya forma parte de este novedoso sistema de esclavitud basado en la intervención de las mentes a través de la dependencia tecnológica a escala planetaria. De ahí la necesidad de ver los acontecimientos, incluyendo las guerras y las amenazas en curso, en especial el caso de Cuba que tanto nos incumbe, como parte de este proyecto que amenaza con imponer una “normalidad”, a la que hay que oponer una obligada disidencia.
Asma Mhalla nombra en la entrevista las tres vías que han abierto el camino a esta desconocido hiper poder sobre las poblaciones: 1) La totalización atencional de las personas a través del internet y el smartphone, que obliga a la mente a focalizar y concentrar la consciencia en las cosas que la tecnología nos hace consumir mediante la saturación de contenidos expresamente elaborados para distraernos; 2) la captura de nuestra atención sin apertura a lo que está fuera, lo que significa cegarnos a lo que sucede en el mundo circundante y 3) penetrar de tal manera nuestro universo psíquico que nos vemos obligados a depender totalmente de productos que intencionalmente formatean en su favor el pensamiento y nuestra manera de ver las cosas.
Hoy ni los hechos ni la verdad importan, los algoritmos y la inteligencia artificial son más eficaces y profundas en la eliminación de la disidencia al hacer depender el pensamiento y la consciencia humana de experiencias intangibles, virtuales, ficticias y, al mismo, tiempo desmaterializar nuestra percepción de las cosas, con resultados que han redefinido nuestra relación con lo existente, con el conocimiento y con las estructuras de poder. El mundo ya no se comprende desde lo que guardamos en la memoria, ni a través de la reflexión racional de carácter crítico, todo está en manos del control tecnológico que convierte lo virtual en fáctico y lo imaginado en real. Pues bien, al ser las tecnologías productoras de un nuevo régimen de verdad e imponerla con toda la fuerza que le permite la monopolización de los datos y la información, su poder rebaza por mucho el ámbito de lo veraz para gestionar incluso nuestros sentimientos y la totalidad de nuestras creencias y valores.
En el pasado la gente dejaba la responsabilidad de pensar por sí misma en los dioses, los sacerdotes o los brujos, ahora una IA omnipresente, omnipotente, que lo sabe todo ha ocupado el lugar de Dios y creado una nueva religión. En lo sucesivo rendiremos culto a un artefacto poderosísimo conformado por tres componentes y un solo poder: datos, algoritmos, IA y Silicon Valley con sus megáricos tecnocráticos.
(Continuará)
MÁS EN Opinión
Alejandro Páez Varela
Perderle el asquito a la ultraderecha
""Que Lilly Téllez rehúya sus obligaciones en el Senado para ir a hablar mal de México en Estados Uni..."
Guadalupe Correa-Cabrera
El Embajador del sombrero y el susurro del poder
""Vale la pena estudiar a los embajadores estadounidenses con la misma atención con la que estudiamos..."
Jaime García Chávez
Laura Itzel Castillo: cuna es destino
""El arribo de Laura Itzel a la Secretaría es una expresión de juniorismo, pues siendo hija de Hebert..."



