En 2005, cuando Felipe Calderón Hinojosa le dio la espalda a la intención de Vicente Fox Quesada de imponer un candidato presidencial por el Partido Acción Nacional (PAN) mucha gente aplaudió. Se entendió como una vocación democrática tanto de los dos actores como del mismo partido. Aunque los comicios presidenciales del año siguiente estuvieron llenos de cuestionamientos y dudas sobre su legitimidad, ese pequeño gesto de Calderón Hinojosa le hizo bien y justicia a la naciente democracia mexicana que, quiérase o no, a esas alturas llevaba apenas seis años de estrenada.
Pero esa actitud que se aplaudió en aquél momento como un símbolo de rebeldía y de nuevos tiempos en la Nación, después se convirtió en una pesadilla para muchos. Incluso para los cercanos a Calderón. Ernesto Cordero Arroyo puede ser uno de los grandes beneficiarios de Felipe, pero lo único que no puede decir, porque hay testigos, es que no ha sido gritoneado por su jefe.
El problema es que esa actitud testaruda y de arranques violentos ha tenido costos no sólo para su entorno sino para el país. Durante años se le dijo que su estrategia estaba matando ciudadanos. De poco valió. Durante años se le dijo que el país se estaba dividiendo y no le importó. Durante años se le dijo que se estaba acercando cada vez más al Partido Revolucionario Institucional (PRI) al tratar de imponerse en su propio y lo ignoró. Uno tras otro, todos los señalamientos tuvieron efecto concretos en la vida de la Nación: entre 60 mil y 90 mil muertos; Acción Nacional es hoy la tercera fuerza política de México.
Todo esto podría importar muy poco si no fuera porque el señor Calderón está a punto de protagonizar otro capítulo más en el país. Por un lado, lanza su fundación que, como la de Vicente Fox, tiene la única intención de mantener vivo su interés público. Pero por el otro lado, el ex Presidente meterá las manos en la elección interna de su partido porque quiere a Ernesto Cordero, y no a Josefina Vázquez Mota ni a Gustavo Madero Muñoz.
En el PAN suenan alarmas. Se escuchan advertencias de peligro, peligro, peligro…
Alguna sabiduría hay en casi la mayoría de los países en el mundo con respecto a los ex presidentes. Cuando terminan se van a casa y ya.
Eso nunca lo entendió Fox Quesada y menos que nadie, a pesar de todo el daño hecho, Felipe Calderón Hinojosa.
¡Feliz fin de semana!
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