Jorge Alberto Gudiño Hernández
Caos vial mundialista
21/06/2026 - 12:01 am
"Más allá de los culpables, de esa discusión sobre las causas, los perjudicados nos multiplicamos. Y eso, sin pensar en una emergencia médica".

Google maps me informa que estoy a 2.5 kilómetros del Estadio Azteca (o sus variantes nominales). Si salgo de casa a las tres de la mañana podría hacer el recorrido en coche en 8 minutos. Durante el día llega a marcarme hasta 22 minutos. Casi el triple. A pie, en cambio, siempre haría alrededor de 34 minutos. Esto se debe, sobre todo, a que debo cruzar Tlalpan por un puente peatonal y eso reduce mi velocidad promedio.
El día de la inauguración del Mundial tomamos nuestras precauciones. Sabíamos ya del cierre de ciertos tramos de las calles aledañas al estadio. Más allá de la posible discusión en torno a los estacionamientos del recinto, tenía sentido hacer ciertos cierres viales. Aunque, justo también es decirlo, no se presentan en los partidos normales de la liga mexicana. Ni siquiera cuando hay una final con todos los boletos vendidos. Si se considera que se suspendieron clases y muchos pudieron optar por el trabajo a distancia, lo cierto es que la ciudad no parecía ser tan caótica como en otras ocasiones. Así que estos cierres eran un mal menor.
No fue así el día previo. Cuando salí a llevar a mi hijo a la escuela (quien estudia en la dirección opuesta al estadio), vimos cómo llegaban camionetas con muchos policías, las unas, o con decenas de escudos transparentes, las otras. No nos afectó y pude dejarlo bien en el colegio. El problema fue el regreso. Las avenidas que me acercan a mi casa estaban cerradas. Tuve que dar un rodeo considerable. El asunto empeoró cuando salí a recogerlo. Previendo que algún bloqueo persistiera, usé la aplicación de mapas. Había un par de rutas completamente cerradas. Lo raro es que la app me mandó por Tlalpan (porque iba hacia el norte). Del otro lado de la vía, a lo largo de los 3.5 kilómetros que transité, la avenida estaba ocupada por una inmensa manifestación de maestros de la CNTE. Por fortuna, tras recoger a mi hijo, fuimos a sus entrenamientos y no volvimos a casa hasta que se había quitado el bloqueo.
Este miércoles fue el segundo partido en el Estadio Azteca. Sabíamos que los colombianos habían agotado los boletos. Tanto como en un partido importante, supusimos. No fue así. En la mañana, camino a la escuela, se repitió el asunto de las camionetas llegando. A diferencia del día previo a la inauguración, a la hora de ir por mi hijo a la escuela el rodeo era del doble de la distancia habitual. Y no había forma de usar transporte público para abreviar el tránsito. El doble de distancia y el doble de tiempo. De nuevo, por bloqueos.
Más allá de los culpables, de esa discusión sobre las causas, lo cierto es que los perjudicados nos multiplicamos. Y eso, sin pensar en una emergencia médica, por ejemplo. No sabemos quiénes son los responsables o nos da trabajo profundizar en las razones de las partes, pero sabemos bien quiénes somos las víctimas. Y eso es algo que va más allá del futbol, del Mundial, de las protestas legítimas o no y de la planeación y permisividad gubernamental.
A ver cómo nos va en el próximo juego.
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