Gustavo de Hoyos, expresidente de la Coparmex, habla en entrevista con SinEmbargo sobre cómo fue que se ideó y conformó la coalición que, por primera vez en la historia, unió al PAN con el partido contra el que nació, el PRI, y del papel primordial que tuvo en esta alianza Claudio X. González Guajardo.

Ciudad de México, 11 de mayo (SinEmbargo).- El magnate Claudio X. González Guajardo habilitó el patio de su mansión de Las Lomas de Chapultepec para recibir, con todas las medidas de salud, a los dirigentes priistas, panistas y perredistas, así como a los del partido Movimiento Ciudadano y a Margarita Zavala, para construir la coalición opositora al Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Los conciábulos en Las Lomas coincidieron con el inicio y ascenso de la pandemia, desde marzo de 2020, y los asistentes sólo podían ingresar a la residencia previa desinfección corporal y guardando la sana distancia, siempre recibidos con cortesía por González Guajardo, el constructor de la histórica alianza.

“En muchas de esas reuniones, las primeras sobre todo, teníamos guantes, máscaras y careta”, recuerda Gustavo de Hoyos, en ese momento presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), quien participó en todas las reuniones que originaron “Va por México”, integrada sólo por el PRI, PAN y PRD, ya que MC se retiró y México Libre, de Zavala y Felipe Calderon, no obtuvo su registro.

“Imagínate que en una sentada de esas se contagiara toda la clase política del país. Como los ejecutivos de una empresa que no vuelan todos en un avión por seguridad, teníamos que ser muy responsables”, subraya el líder empresarial al reportero, en una amplia entrevista, el lunes 3 de mayo.

De Hoyos Walther describe, a detalle, cómo se concibió y con quiénes se construyó “Va por México”, la coalición que, por primera vez en la historia, unió al PAN con el partido contra el que nació, el PRI, y le da todo el mérito a González Guajardo, fundador de la organización Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI).

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En esta imagen de noviembre de 2020 se observa a Marko Cortés,y Jesús Zambrano, presidente del PRD, y Gustavo de Hoyos en una convención de “Sí por México”. Foto: Cuartoscuro.

“Cuando se escriba cómo se construyó (la coalición), el papel de Claudio va a ser fundamental. Él está dedicado en cuerpo y alma a esto desde hace ya bastantes meses y ha sido un papel mucho muy relevante el que ha jugado”, sentencia De Hoyos, quien anticipa que también hay un plan para que López Obrador deje el cargo de Presidente en la consulta para la revocación de mandato, en 2022.

“Debe irse”, puntualiza De Hoyos, quien presidió, de 2016 a 2020, el sindicato patronal de México y quien, junto con González Guajardo, concibió y construyó el “bloque opositor” que, a su vez, aconsejaron Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, directores de las revistas Letras Libres y Nexos, en un desplegado publicado el 15 de julio del año pasado.

Firmado por otros personajes afines a ellos, el desplegado planteaba que para vencer a la coalición de Morena no había más opción que el PRIAN: “La única manera de lograrlo es mediante una amplia alianza ciudadana que, junto con los partidos de oposición, construya un bloque que, a través del voto popular, restablezca el verdadero rostro de la pluralidad ciudadana en las elecciones parlamentarias de 2021”.

Enfático, De Hoyos asegura que nunca hubo “un trabajo concertado entre este grupo de intelectuales con Claudio y conmigo” para publicar el desplegado, pero no tiene duda de que éste “catalizó” la construcción de la coalición electoral, porque “la persecución une”.

El empresario Claudio X. González Guajardo. Foto: Cuartoscuro.

“Haciendo honor a la verdad histórica, no promovimos nosotros el desplegado, sin embargo, fue de mucha ayuda, digamos, como un elemento catalizador para los pasos iniciales. No recuerdo con precisión la fecha del desplegado, pero se dio en las etapas muy tempranas, seguramente fue por marzo o abril, por allá”.

En realidad, el desplegado se publicó el 15 de julio, cuando González Guajardo y De Hoyos ya se habían reunido numerosas ocasiones, en el patio de las Lomas de Chapultepec, con los presidentes del PRI,PAN y PRD, Alejandro Moreno, Marko Cortés y Jesús Zambrano, para materializar la coalición en 219 de los 300 distritos y en 11 de 15 gubernaturas en disputa.

MURAT, MARGARITA, KRAUZE…

A esas reuniones también asistieron también Clemente Castañeda y Samuel Alvarez, presidente y secretario general de MC, cuyo fundador, el Senador Dante Delgado, se reunió por separado con De Hoyos, quien revela que también participaron en las negociaciones Margarita Zavala y el representante legal de México Libre, Fausto Barajas.

“Con Dante tuvimos muchos contactos. Él por razón de estrategia decidió no estar en la mesa personalmente, pero, de tiempo en tiempo, yo personalmente me reuní con él muchísimas ocasiones en el transcurso del proceso, y también en el caso de lo que parecía ser una iniciativa viable en ese momento, que era México Libre. Era de los partidos en formación el que parecía en ese momento tener el mayor avance en su gestión. Y ahí también estuvo participando Margarita y Fausto”.

—¿Calderón no?

—No, el Presidente Calderón no, en ninguna ocasión.

En la imagen, Margarita Zavala y Gustavo de Hoyos. Foto: Cuartoscuro.

Un personaje clave para armar “Va por México”, ubica De Hoyos, es Santiago Creel, tutor político de Cortés, quienes fueron los dos primeros políticos que se reunieron para echar a andar el plan de unir al PRI con el PAN.

“Probablemente, dejando de lado a los presidentes, que son figuras centrales, tal vez Santiago sea la figura más relevante, sobre todo por su experiencia y, además, es un caballero en la política”, define De Hoyos a Creel, quien también era amigo de años de González Guajardo y de su sucesora en la presidencia de MCCI, María Amparo Casar Pérez.

—¿Qué tanto ayudó que Casar Pérez, tan cercana a Claudio, haya sido la coordinadora de asesores de Creel en la Secretaría de Gobernación?

—No lo puedo contestar de manera categórica, algo desde luego. Lo que yo sé es que Claudio y Santiago se conocen desde hace muchos años, mucho antes de MCCI.

Pero así como De Hoyos era presidente de la Coparmex cuando se gestó y formalizó la coalición del PRIAN, González Guajardo presidía MCCI, que fundó el 2016, y cuya renuncia informó hasta el 24 de julio, una semana después de que se publicó el desplegado de Krauze y Aguilar Camín que instruyó a hacer una coalición opositora.

“Recientemente tomé la decisión de separarme de la organización para realizar nuevas tareas, desde la trinchera ciudadana, para defender la democracia y preservar el Estado de derecho”, expresó Claudio X. González en su carta de despedida como presidente de MCCI.

Ya para entonces, según el relato de Gustavo de Hoyos, las reuniones en la casa de González Guajardo, en Las Lomas de Chapultepec, se habían sucedido por decenas, con la participación de los presidentes de los partidos y personajes de su confianza.

En el caso del PAN, que fue el primer partido convocado, las negociaciones siempre estuvieron encabezadas por Creel y Cortés, mientras que por el PRD, el segundo partido convocado, los negociadores eran el presidente, Jesús Zambrano, y Jesús Ortega, como segundo.

El PRI, el tercer partido invitado, siempre tuvo como su representante a su presidente, Alejandro Moreno, quien se hacía acompañar por Rubén Moreira o por su consejero José Murat, el exgobernador de Oaxaca que fue constructor, junto con Creel y Ortega, del Pacto por México de Enrique Peña Nieto, en 2012.

En medio de la pandemia, evoca De Hoyos, tenían que ser pocas las personas que podían reunirse en la casa de González Guajardo para negociar la coalición.

—¿Cuántas personas máximo se llegaron a reunir con estas medidas de protección?

—Como máximo 12 personas, en un lugar abierto. Fácilmente te lo digo: Dos por cada partido, uno o dos, pero nunca más de dos, que son cinco por dos, diez, más Claudio y quien te habla. Las más grandes, que fueron más hacia el final, hacia agosto, septiembre y octubre, fueron de 12.

Cuando faltan prácticamente tres semanas para la elección del 6 de junio, de Hoyos es cauteloso en el resultado electoral de la coalición “Va por México”, y que eso no garantiza que sea un contrapeso al Gobierno de López Obrador, pero celebra que ya exista la oposición “estructurada, organizada, beligerante”.

Explica: “La coalición no garantiza que se vayan a lograr los contrapesos, no, pero a nuestro juicio, aquí puedo reflejar la opinión de Claudio y mía, (la misma) era una condición indispensable”.

Evoca: “Tú recordarás que, a finales del 2019, se decía en la opinión pública, entre las personas que forman opinión, que no había oposición, que no se le veía, hasta el Presidente señalaba que estaba moralmente derrotada, y qué mejor que ahora hay una oposición estructurada, organizada, beligerante, haciendo un papel que le corresponde a las oposiciones. Esa es la gran aportación. Ahora, la prueba del ácido es la elección”.

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“LA PERSECUCIÓN NOS UNE”

Aquí la entrevista, íntegra, con Gustavo de Hoyos Walther, presidente de Coparmex, entre 2016 y 2020:

—Después del ajetreo, porque sí fue un ajetreo enorme el periodo en el que estuviste de Coparmex, las sucesivas reelecciones, viajando por todo el país, fundamentalmente los últimos años de tu gestión, después de ese ajetreo, entrar a una actividad intensa construyendo “Sí por México”, primero, y luego “Va por México”, ¿cómo va “Sí por México” y en realidad preguntarte cómo se construyó, cómo se concibió?

—El objetivo primordial está logrado. Ahora hay que evaluar si los resultados mediatos, el resultado electoral, corresponden a lo que se dio en el papel… Hay pocas encuestas en las que puede uno tomar con seriedad. El Financiero ha sido bastante serio en su trabajo. Y lo que refleja esta entrega que se publica es que se está cerrando la contienda, ninguna suerte está echada. Depende de lo que pase en los próximos días entre los candidatos, los partidos, lo que haga el propio Gobierno, lo que hagamos los actores no partidarios pero interesados en la contienda y es que, a mi juicio, vamos a tener un resultado interesantes en cuanto a la redistribución de los contrapesos.

¿Cómo fue este tránsito? Fue de menos a más, fue de una idea efectivamente que en su momento tenían dos personas, escuchando a otros, pero finalmente nosotros dimos el paso a tratar de materializar, pasar del abstracto a los hechos: Convocar a los dirigentes partidarios, secuencialmente, uno a uno, luego un poco más amplio, hasta que se lograron reunir a todos ellos, encontrar una agenda en común, encontrar bajo qué condiciones, en dónde sí en dónde no, podía haber una coalición, porque, por ejemplo, estuvo clarísimo desde un principio que en Querétaro no habría coalición y hubo una gran claridad donde sí habría esta coalición.

Luego se fueron sumando distritos: Pasamos de un objetivo inicial de solamente 75, que es el mínimo que permite a la ley, a una cuarta parte, a 219. En realidad es una coalición muy amplia, no es total, pero es dos terceras partes de las diputaciones de mayoría y también, aunque no comprende la totalidad, sí involucra la inmensa mayoría de las gubernaturas y muchas alcaldías, sobre todo las principales ciudades del país.

Yo sí creo que, más allá del resultado de unos y otros, lo que sí es un paso hacia adelante en la democracia mexicana es esta capacidad de que los que han sido adversarios históricos puedan coincidir, no son matrimonios eternos, pero que puedan encontrar en coyunturas específicas complementariedad política.

—Se materializó la coalición, si diciembre, con un alcance mucho mayor al que se tenía previsto en un inicio con las dirigencias partidarias, pero fue una fase posterior a la concepción que Claudio X. González y tú tuvieron, primero, una iniciativa para articular una iniciativa no partidaria, sino de esfuerzos sobre todo ciudadanos. ¿A quién se le ocurrió: a ti o a Claudio X crear “Sí por México”?

—En realidad el nombre surgió después. Fue un proceso que se fue moldeando un poco por aproximaciones sucesivas. Cuando empezamos, y lo digo tal cuando ocurrió, no fue un diseño como terminó. Lo que nosotros tratamos en un principio, en las partes más embrionarias del esfuerzo, es motivar a las oposiciones a que cumplieran con su papel de oposiciones.

Veíamos un poco de ausencia, de mayor beligerancia política, lo que le toca hacer a las oposiciones, eso nos empezó a tener mayores interacciones y paulatinamente, no recuerdo en qué momento esta exhortación fue mutando a decir: hagamos un movimiento que haga un llamado a los partidos para que dejen de lado diferencias históricas y encuentren una vía de mínimos de unidad. Creo que lo que mejor define es que fue un proceso dialéctico: se fue construyendo paulatinamente.

Y también, debo decirlo con toda claridad: Fue avanzando en la medida que hubo la voluntad política de los partidos. Nosotros no tenemos absolutamente más que un llamado, enseñar datos, tratar de convencer de la necesidad para que fueran competitivos, pero la verdad es que a final de cuentas el mérito es de los partidos, que decidieron dar un paso adelante.

No fue un tema sencillo. Tú conoces muy bien que al interior del PAN, PRI, PRD existen distintas corrientes, visiones, factores reales de poder que no siempre son los presidentes en turno y evidentemente un paso de este calado implicó un esfuerzo de concertación entre pares, es decir entre los presidentes de los partidos, pero la parte más compleja y no exagero la nota fue, una vez que había este acuerdo de principio, el proceso de introspección hacia los liderazgos históricos y de facto de los partidos para que aceptaran esta coalición.

Imagínate que a la mitad del camino un grupo de esos partidos se hubiera escindido, con molestia por la coalición. Era un riesgo real. Hay gente en todos los partidos que son más pragmáticos y otros que son mucho más doctrinarios. Entonces el reto era cómo lograr que el ciento por ciento de estos liderazgos formales y de facto pudieran acompañar el proceso.

—En otra conversación, con Santiago Creel, presidente de la Comisión Política Nacional del PAN, contaba cómo el trabajo fue haciéndose cada vez más consistente en términos de la confianza que se fue construyendo y decía que estaba metido en la parte interna evitando que hubiera inconformidades, y también con la experiencia que él tenía: desde los Acuerdos de Esopo en 1997, en los Acuerdo de Chapultepec en 1994, la Reforma Política del 1996. ¿Qué factor fue para articular la coalición?

—Muy importante. Probablemente, dejando de lado a los presidentes, que son las figuras centrales, tal vez Santiago sea la figura más relevante, sobre todo por lo que acabas de describir, que es su experiencia y además es un caballero en la política.

Es un político que goza de la confianza de políticos de otros signos partidarios, por esta trayectoria y porque, yo soy novato en esto, pero entiendo que, como todas las actividades, se agradece cuando la palabra se cumple, cuando se habla con franqueza, puede hacer consenso y disensos y lo que yo he conocido en Santiago, no lo conozco de hace muchos años, pero es una persona altamente confiable como interlocutor. Eso ayudó.

También ayuda el tema generacional, porque en el caso del PRI y del PAN hay liderazgos nacionales muy jóvenes que están en los cuarentas medios y en el caso del PRD hay liderazgos de una generación más madura. Muchos de los factores de poder reales tanto en el PRI y en el PAN con gentes que están en estas generaciones, más de los 60, y entonces fue, a parte de esta experiencia, fue un buen vaso comunicante con personajes con los cuales se construyó en otros momentos de la historia del país.

Imposible entender una interlocución con José Murat sin contar a Santiago Creel o con Moreira o con Jesús Ortega o con tantos otros que corresponden a momentos de la historia de la democracia mexicana, algunos incluso que vienen gestando confianza, no siempre unidos, desde las últimas reformas electorales, desde que Santiago fue consejero del IFE.

Entonces fue un conjunto de elementos y dentro de esos había dos forasteros, que éramos Claudio y yo, totalmente novatos en estas cosas, pero con cierto reconocimiento entre la sociedad civil que vino hacer a lo mejor un nutriente novedoso. Si algo en algunos años se va a contar de esta coalición es que surge como una exigencia, eso sí es real, de la sociedad civil por a lo mejor por el momento de debilidad que tenían y tienen los partidos y entonces ellos saben recoger esta exigencia que empezamos dos personas, pero que había otros probablemente también haciéndola y que finalmente conduce al mundo de los hechos, que en este caso es la coalición electoral formal.

—Yo quisiera anticiparme a la historia y retratar, con los protagonistas, la construcción de un acuerdo político que inicia con las desconfianzas que suelen darse. Por ejemplo, José Murat, él tiene como antecedente ser constructor del Pacto por México…

—Así es.

—…con Jesús Ortega, con el propio Creel, no con Rubén Moreira ni con Moreno, pero ellos ya tenían esa negociación previa. Murat, hasta donde sé, se oponía a la coalición. No sé si eso lo haya manifestado en las conversaciones que tuvieron.

—No, la realidad es que, hasta donde yo pude ver… A ver, cada partido tiene sus particularidades. Creo que actualmente en el caso del PRI hay un liderazgo fuerte por la manera en que ejerce su presidencia Alejandro Moreno y tiene algunos aliados relevantes, que son visibles: Murat y Moreira, y creo que hubo una conducción con mucha firmeza de parte de Alejandro y condujo a romper las resistencias normales.

No es un tema menor: el PAN ha sido el adversario histórico del PRI, había agravios de muy corto plazo: todavía en la campaña de 2018 había muchas heridas, sin señalar culpables, simplemente hubo heridas que se profirieron recíprocamente el PAN y el PRI, las imputaciones que se hicieron al candidato del PAN (Ricardo Anaya) y un poquito más atrás hechos como los de Chihuahua, etcétera. Hay historias inacabadas algunas de ellas y entonces sí tenía una complejidad.

Nosotros siempre hablamos de un bien superior. Hay intereses legítimos, personales y partidarios, y un bien superior: lograr generar una distribución mucho más balanceada del poder público de cara a la elección más grande de la historia y para eso una condición sine qua non era la coalición por la realidad de pérdida de competitividad de los partidos.

Ahora, la coalición no garantiza que se vayan a lograr los contrapesos, no, pero a nuestro juicio, aquí puedo reflejar la opinión de Claudio y mía, era una condición indispensable. Tú recordarás que a finales del 2019 se decía en la opinión pública, entre las personas que forman opinión que no había oposición, que no se le veía, hasta el Presidente señalaba que estaba moralmente derrotada, y qué mejor que ahora hay una oposición estructurada, organizada, beligerante, haciendo un papel que le corresponde a las oposiciones, aquí y en todo el mundo. Esa es la gran aportación. Ahora, la prueba del ácido es la elección.

—Estamos a un mes de que concluyan las campañas. Ya se verá el resultado electoral. Pero aludes a la caballerosidad de Creel, pero se le atribuye a Claudio X. González ser alguien muy fino en el trato y, aunque tuvo una participación en la elección de 2018, pero en la construcción de esta coalición es inequívoca su participación y hasta como anfitrión de las negociaciones.

—Sí, a ver. Empiezo diciéndote que estas reseñas que te han hecho se ajustan a la realidad: Es una persona de una gran cortesía personal, de mucha corrección en su trato e incluso por quienes piensan distinto.

Me parece que cuando esto se escriba, cómo se construyó, el papel de Claudio va a ser fundamental. Él está dedicado en cuerpo y alma a esto desde hace ya bastantes meses y creo que ha sido un papel mucho muy relevante el que ha jugado.

Déjame traer a colación algo que no es un tema menor: tú sabes que en los últimos años Claudio fue presidente, junto con María Amparo Casar, de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad. Más allá de la opinión que se pueda tener, la mía es muy buena, de hecho son miembro de su Consejo Consultivo, son parte de la organización, en sus investigaciones recurrentemente ha tocado, ha señalado a personajes relevantes de la política del PRI y del PAN, muy especialmente.

Muchos de esos personajes que en un momento fueron señalados, políticamente expuestos, por el trabajo de investigación de MCCI, del que Claudio ya no es presidente, imagínate, no es fácil sentarte con un interlocutor con el que traes agravios y cuentas pendientes, por decirlo de alguna manera, y yo creo que ahí también un rasgo interesante que hay que destacar que entre los actores, incluso los promotores –yo fui muy crítico del PRI durante el sexenio del Presidente Peña Nieto–, se generó un ambiente creciente de confianza.

Ninguno éramos amigos, ninguno compartíamos proyectos políticos, ni nada por el estilo, pero logramos poner una base de confianza que se fue incrementando en la medida que los compromisos se fueron cumpliendo hasta llegar a la fecha en la que se anunció la coalición.

—¿Qué tanto ayudó que Marío Amparo Casar, tan cercana a Claudio, haya sido la coordinadora de asesores de Creel en la Segob?

—No lo puedo contestar de manera categórica, algo desde luego, lo que yo sé es que Claudio y Santiago se conocen desde hace muchos años, mucho antes de MCCI.

Francamente sería aventurado de mi parte decirte si eso influye un poquito o un poco más, lo que sí puedo decir categóricamente es que MCCI y María Amparo se mantuvieron siempre total y absoluta y totalmente alejados del proceso. Es más, hicieron un esfuerzo deliberado de estar lejos del proceso, porque MCCI sigue en su trabajo, Claudio ya no participa de ninguna manera. Entonces fue sano, porque incluso en MCCI hay mecanismos, seguía haciendo señalamientos que tocaban al PRI y al PAN, entonces podía hacer corto circuito.

María Amparto es una periodista que respeto mucho, una investigadora de primera, pero en este caso, ella en particular mantuvo una muralla china complementamente alejada de esto.

—En mayo tienen las primeras reuniones Claudio X. González y tú. ¿Quién fue el primer partido o las primeras personas con las que se reunieron o todas juntas?

—No, fueron reuniones, primero, con cada fuerza partidaria. Estoy seguro que la primera fue el PAN, creo que la segunda fue el PRD y la tercera fue el PRI, y en algún momento se invitó también, muy cercano, se invitó —acuérdate que fue en el contexto de la pandemia muy complejo—… un poco era orden, método, pero también… acuérdate que en mayo te veías en un patio, a cinco metros de distancia cada uno.

Pero, a ver, no fue un salón de café, en una sala de juntas mía o de alguien más.. Estábamos en un patio porque los restaurantes estaban cerrados, los hoteles estaban cerrados, los parques públicos estaban cerrados y entonces esa es la realidad que marcó esto. Batallamos en reunirnos todos, primero, por un tema de orden en la construcción del proyecto, pero además porque hasta que hubo —no sé, creo que por ahí del mes de julio— cierto entendimiento de que no podíamos estar medio juntos sin tener un riesgo de salud.

Imagínate que en una sentada de esas se contagiara toda la clase política del país. Como los ejecutivos de una empresa que no vuelan todos en un avión por seguridad, teníamos que ser muy responsable de esta situación. Pero fue en ese orden.

Aclaro que participaron en las conversaciones también MC en su momento, prácticamente toda la ruta.

—¿Dante Delgado y Clemente Castañeda?

—Clemente Castañeda participó y Alvarez Maynez. Con Dante tuvimos muchos contactos. Él por razón estratégica decidió no estar en la mesa personalmente, pero de tiempo en tiempo, yo personalmente me reuní con él muchísimas ocasiones en el transcurso del proceso y también en el caso de lo que parecía ser una iniciativa viable en ese momento, que era México Libre. Era de los partidos en formación el que parecía en ese momento tener el mayor avance en su gestión. Y ahí también estuvo participando Margarita y Fausto.

—¿Calderón no?

—No, el Presidente Calderón no, en ninguna ocasión.

—¿Y sin embargo en estas múltiples reuniones, que no era fácil reunirse en un restaurante, se habilitó un lugar en la casa de Claudio, en el patio. ¿Ni siquiera dentro?

—Sí, correcto, por un tema de salud literalmente. De veras, no exagero la nota. No sé tú cómo la pasaste, pero muchos de nosotros estábamos lo más cercano al pánico y al temor de contagiarnos. Muchas de esas reuniones, las primeras sobre todo, teníamos guantes, máscaras y careta. O sea, así. Los que estábamos ahí.

—¿Y a metro y medio de distancia?

—Absolutamente. Aparte de la dificultad de los temas, había este ambiente de lejanía, que no podías cerrar los ojos con claridad. ¿Sí has visto estas máscaras que tienen como lentes? A ver, no era un tema menor, muchos nos estábamos jugando la vida en eso: Yo viajaba de Baja California a la Ciudad de México para la reunión. Me tocó venir en aviones grandes de línea comercial en los que veníamos ocho o diez personas. Este es el contexto real en el cual se va nutriendo… cuando entrábamos a las reuniones, desinfección, todo, por un tema de seguridad.

—¿Cuántas personas máximo se llegaron a reunir con estas medidas de protección?

—Como máximo 12 personas, en un lugar abierto. Fácilmente te lo digo: Dos por cada partido, uno o dos, nunca más de dos, que son cinco por dos, diez, más Claudio y quien te habla. Las más grandes, que fueron más hacia el final, hacia agosto, septiembre y octubre, fueron de 12.

—¿Ya con los expertos, los operadores electorales? Cuando intervinieron los secretarios de elecciones para arrastrar el lápiz

—Lo que pasa es que de esta mesa de principales, déjame llamarlo así, se desdoblaba el trabajo que hacían en un nivel técnico equipos de los partidos, no recuerdo uno en el que hayan estado, salvo ya después de anunciar la coalición, todas estas gentes. La realidad es que hasta que se anunció la reunión que había habido es este número de personas.

Lo que sí hubo fueron muchas reuniones de los expertos electorales, de narrativas de los partidos y que ellos nutrieran a sus presidentes y ya venían a la mesa.

—Luego viene un momento muy importante: El desplegado que publican unos personajes, entre ellos los agrupados en torno a Krauze y Aguilar Camín, y hace el planteamiento específico, después de hacer un análisis sobre el Gobierno y sobre la importancia de la elección de 2021: Un bloque opositor que haga posible volver a “la normalidad democrática”, un bloque opositor de los partidos con la sociedad civil. ¿Qué tanto ese desplegado fue un catalizador?

—Haciendo honor a la verdad histórica, no lo promovimos nosotros el desplegado, sin embargo, fue de mucha ayuda, digamos, como un elemento, y la palabra que usaste es la correcta, catalizador para los pasos iniciales. No recuerdo con precisión la fecha del desplegado, pero se dio en las etapas muy tempranas, seguramente fue por marzo o abril, por allá.

Y entonces ayudó, porque más allá de la opinión que puedan tener unos y otros personas en particular, lo cierto es que lograron coincidir un conjunto de intelectuales que tienen un peso específico en la opinión pública del país y que raras veces se les ve en grupo, porque ya ves que somos llaneros solitarios y los intelectuales más todavía. Fue llamativo, uno, el grupo y, segundo, el tema: No es frecuente que tú veas a estos personajes que están en el desplegado con tal claridad haciendo un pronunciamiento de este tipo y sin duda fue mucho muy importante.

—No hay antecedentes de eso, porque si bien había habido desplegados con ciertas posiciones, pero llamar a conformar un bloque, como ocurrió, no lo registro. Hubo intentos en 2018, con un llamado al Frente.

—Sí, y aquí me estoy aventurando un poco en esta parte: Creo que también jugó un papel relevante que por esa fechas el volumen de las críticas y de las andanadas del Presidente, y lo trato de decir sin mucha carga, simplemente registrando lo que ocurrió hacia varios personajes de la intelectualidad, especialmente Krauze y Aguilar Camín, por esas épocas tomaron niveles inusualmente altos.

A veces la persecución une, ¿verdad?, a varios. Y por esas fechas hubo varios eventos que se sucedieron de los ataques a Krauze, todas estas políticas que restringieron severamente los trabajos de la intelectualidad. Me parece que eran varios elementos que gestaron las condiciones para que finalmente dijeran: Pues hay que atenernos y lo hicieron.

—Y fue en los días en que el Presidente hizo público el documento del BOA (Bloque Amplio Opositor).

—Sí, eso es poquito después me parece.

—Y sí era cierto.

—A ver. Es como cuando le atinas a algo, pero no exactamente, porque lo que nunca hubo, debo decirlo claramente, fue un trabajo concertado entre este grupo de intelectuales con Claudio y conmigo en lo que estamos haciendo. A lo mejor eran coetáneos los esfuerzos. Te podría decir: Yo leí el desplegado, lo vi con mucha simpatía, pero lo que puedo decir categóricamente es que no hubo una sincronía pactada. Ni Enrique ni Aguilar Camin sabían lo que estábamos haciendo, al menos no por nosotros, ni nosotros sabíamos del desplegado. Nos enteramos el día que salió, igual que todos.Y obviamente desde nuestra postura se vio como un documento valioso, interesante, que iba a aportar mucho.

EL CONSERVADOR ES ÉL

—Pero era un planteamiento coincidente con lo que Claudio y tú estaban construyendo con los partidos y el desplegado fue darle un sustento ciudadano, intelectual, al proyecto que finalmente se materializa, primero como “Sí por México” y luego, haciendo planteamientos específicos a los partidos y se materializa la coalición como “Va por México”.

—Es correcto, haces un recuento de cómo este tema fue in crescendo. En esas fechas hubo expresiones por parte de otras personas no con la visibilidad de Krauze, Aguilar Camin y compañía, pero creo que se fue gestando un poco un ambiente propicio, y lo que hicimos nosotros, y no trato de restar nada de méritos, es la realidad, es leer esto y tratarlo de conducir de una manera organizada. Porque a veces las personas de todas las corrientes hablan, discuten y lo que hace falta es articulación y estrategia, o sea, llevar todas estas preocupaciones a que pasen las cosas.

Si algo podemos nosotros reivindicar a lo mejor es eso: Pasar de interpretar lo que mucha gente decía en una gran cantidad de Zoom, de sesiones de personas, nosotros lo que hicimos fue hacerlo. Punto.

—Con independencia de los resultados, finalmente esta decisión histórica tiene que ver con los que se materializó lo que el Presidente llama el PRIAN o ahora, por la veda electoral, llama el partido conservador. ¿Son el partido conservador?

—No existe como tal una visión ideológica que remotamente pueda llamarse así. Yo creo que en muchos sentidos el más conservador en el país es el propio Presidente. Muchas de las decisiones que ha tomado, específicamente en la pandemia, se inscriben en las más ortodoxas recetas del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Cuando uno revisa la forma tan severa con la cual ha apretado el presupuesto, cómo se ha logrado contratar deuda, cómo ha achicado el aparato del Estado, son las recetas ultraortodoxas que incluso personas que no nos ubican en la izquierda no nos atreveríamos a tomar así tan draconianamente. Yo me considero mucho más progresista que eso.

Lo que rescato es que el Presidente se asume como el líder fundacional, y lo es, de un movimiento que tiene un proyecto político. El Presidente va a ser recordado en el paso de los años como el mejor líder opositor del país y el peor Presidente de la historia.

Porque ningún líder, ninguno, en el México contemporáneo ha tenido la capacidad de hacer un partido en cuatro años y hacerse de la Presidencia y de la mayoría en ambas cámaras. Así se le va a recordar: como un gran líder opositor y como un pésimo Presidente. Entonces dentro de su carácter de líder carismático es muy dado, y lo hace bien, a acuñar vocablos que sinteticen una visión, y este partido conservador, al menos para la gente de su generación le hace sentido: así estudió la primaria en ese tiempo, el partido liberal y el partido conservador, pero para los chavos que tienen 20 años eso debe significar casi nada.

—¿Se debe ir el Presidente antes de que concluya su sexenio, tal como él lo planteó? ¿Debe irse en 2022?

—Sin duda, absolutamente. Soy un convencido de que el texto constitucional en vigor, desde el 20 de diciembre del 2019, está publicada la reforma constitucional que crea la figura de la revocación de mandato. Soy un convencido de que ahora que ya no es una propuesta, sino que está en la ley, con la misma eficacia que está la elección del Presidente, México debe llevar a cabo un proceso de revocación de mandato en marzo del 2022, tal como ahora está plasmado en la Constitución.

—¿Y debe irse?

—Mi opinión personal y que creo que es la que se va a reflejar en marzo, cuando votemos los mexicanos, es que debe cesar su encargo, debe irse, no quiero decir a dónde porque no quiero ser dicharachero, pero sí creo que debe votarse por la cesación de su encargo.