Jorge Alberto Gudiño Hernández
Para consolidar el prestigio
08/03/2026 - 12:01 am
"Élmer Mendoza sigue entregando novelas acabadas como si supiera que lo importante es mantener el nivel. Sólo de esa forma se consolida el prestigio".

(La sirena y el jubilado. Élmer Mendoza. Alfaguara, 2026)
A nadie le cabe duda que Élmer Mendoza no sólo fue uno de los renovadores de la novela policiaca mexicana, sino, también, quien tiene la saga detectivesca contemporánea más importante del país.
El Zurdo Mendieta es un personaje sobre el que se discute tanto en foros académicos especializados como en charlas entre amigos amantes del género negro. En una época en que estamos saturados de historias de asesinos seriales e investigadores que van a su caza, Élmer ha sabido darle nuevos bríos al género. Quienes lo hemos leído y quienes lo han estudiado, somos capaces de reconocer las cualidades inherentes en sus novelas. No por nada, Élmer participa en muchas actividades relacionadas con el género sino que, también (y venturosamente), va acumulando premios en su palmarés.
Algunos autores del policiaco contemporáneo suelen instalarse en sus sagas. Hay quienes tienen series que acumulan decenas de entregas. Han encontrado una fórmula y han sabido explotarla. Élmer Mendoza podría haber hecho algo similar. Sin embargo, cada tanto, nos entrega una novela que no pertenece al universo del Zurdo Mendieta. Tal es el caso de La sirena y el jubilado.
Carmen Larrañaga es una joven que ha tenido una vida difícil. Su padre la vendió o la intercambió con un capo de la droga. Ahora, varios años más tarde, ya libre de ese sujeto, ha decidido concurrir a las elecciones para obtener la diputación de su distrito. Sin embargo, las cosas no serán sencillas. Primero, porque su partido ya tiene un candidato. Segundo, porque apenas iniciando la campaña, es víctima de un atentado que la hiere, aunque la deja viva.
Néstor del Valle es su vecino: un guardia de museo jubilado quien, de pronto, se ve involucrado en el cuidado de la candidata. No sólo presta su casa para mantenerla a buen resguardo, sino que, pronto, saca a relucir un pasado más que efectivo a la hora de encargarse de la seguridad de Carmen. Es una relación tan infrecuente como poderosa.
Gracias a propuestas efectivas y venturosas, Carmen comenzará a llamar la atención de los electores. Su discurso, con tintes claramente feministas, es recibido como lo que es: un vehículo para brindar justicia a todas esas mujeres que han sufrido por cuestiones de género.
El resto de la novela es una campaña política llena de sobresaltos. Hay personajes verdaderamente oscuros yendo en pos de la candidata; otros, igual de negros, buscan el beneficio de la política en lo oscurito; también se acumulan narcos, amenazas, intelectuales y un grupo muy sui generis de guaruras de bajo perfil y alta efectividad. Junto con estos personajes también se plantean profundas discusiones, desde el hacer político hasta su deontología, pasando por un peculiar listado de autores con apellidos vegetales.
No quiero hablar del desarrollo completo de la trama porque esta novela, a fin de cuentas, es un thriller, y quién soy yo para arruinarles la intriga y echarles a perder el final.
¿Por qué un autor que tiene una saga consolidada decide hacer una pausa y escribir otra novela? Porque lo hace bien.
Las virtudes en la narrativa de Élmer Mendoza saltan a la vista. No sólo es un profundo conocedor del lenguaje, de la forma en que se puede llevar éste al límite, sino que conoce bien sus recursos narrativos. La sirena y el jubilado da para un curso académico de análisis de la voz narrativa, por ejemplo, que es capaz de dosificar la información saltando de una entidad figural a otra con total naturalidad. Para que esto no suene pesado, Élmer suele contrapuntear con aspectos de la vida cotidiana, con pequeñas bromas, con guiños a sus lectores y amigos, con un montón de referentes en múltiples niveles y, como siempre, con música llegando por doquier.
Las buenas novelas, las novelas interesantes, son, desde cierta perspectiva, aquéllas que van sumando capas de significado. Podría resultar sencillo hacer un resumen de La sirena y el jubilado, sólo que esas palabras no la abarcarían por completo. Y no lo hacen porque dicha síntesis poco podría decir acerca del manejo del lenguaje, de la precisión con la que se suceden las palabras. Tampoco haría justicia a la manera en la que se van construyendo alianzas, afectos, amistades que, hacia el final de la novela, parecen surgir de lealtades añejas cuando sólo son consecuencia de la intensidad de lo vivido. Mucho menos incluiría ese resumen esas aproximaciones a la teoría política de un país que funciona de milagro y que Élmer entiende bien; o la discusión feminista permeada a partir de la óptica de un hombre que fue capaz de construir una protagonista congruente y entregada a sus convicciones.
Élmer Mendoza no sólo es reconocido como un autor importante en el panorama de la narrativa contemporánea. Ha llegado más lejos. Es, pues, un referente de lo que se escribe en nuestro país. Lejos de dormirse en sus laureles, sigue entregando novelas acabadas, al punto, como si más allá de los premios y reconocimientos merecidos que recibe cada vez con mayor frecuencia, él supiera que lo importante es mantener el nivel. Sólo de esa forma se consolida el prestigio. Algo que se hace con una novela como La sirena y el jubilado.
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