Ernesto Hernández Norzagaray
Traiciones
14/03/2026 - 12:01 am
"Como respuesta les refrendan la palabra traición que los pone en una situación penosa, humillante, porque están aceptando que no son nada sin Morena".

El proceso de Reforma Electoral ha dejado en el ambiente la palabra traición como mantra. La Presidenta Sheinbaum, Luisa María Alcalde, la dirigente nacional de Morena, y de ahí para abajo, han señalado a los dirigentes del PT y del PVEM como traidores porque no estuvieron dispuestos acompañar la reforma que prácticamente los dejaría sin nada en las elecciones futuras.
Sin embargo, como lo ha dicho un dirigente del PT, su formación ha tratado con respeto y consideración cosa que los morenistas no han hecho, sino todo lo contrario, los han presionado y humillado.
Y es que, viendo bien, las intenciones de la iniciativa, elaborada exclusivamente por militantes morenistas, aquellos, podrían, igualmente, decir que fueron traicionados cambiando las reglas del juego, cuando han sido leales al proyecto de la 4T.
Ahí están, los ejemplos, el acompañamiento en la reforma del Poder Judicial, en la desaparición de los órganos electorales autónomos o de los fideicomisos públicos.
Los dirigentes petistas y verdes dicen con humillación, una y otra vez, que si en esta ocasión no coinciden es porque lastima sus propios intereses, en el resto, están dispuestos a seguir acompañando al Gobierno de la Presidenta Sheinbaum y formar nuevamente la coalición electoral: “Sigamos haciendo historia”.
Y como respuesta les refrendan la palabra traición, que los pone en una situación penosa, incómoda, humillante, porque entre líneas están aceptando que no son nada sin la sombrilla de Morena y es que en circunstancias menos dependientes harían valer su peso específico.
La pregunta es ¿qué pretende Morena,al maltratar de esa manera a las formaciones aliadas leales?
Está en la lógica de partido dominante, actúa como el actor hegemónico de la coalición. Y esto significa que de salir victorioso terminará absorbiendo recursos electorales de sus aliados y reduciría gradualmente su dependencia electoral, además, consolidaría su fuerza mediante el cambio de las reglas del juego.
Y, en última instancia, busca centralizar poder político como partido mayoritario. Afortunadamente, eso no ocurrió, la iniciativa de reformas electorales obtuvo un rechazo prácticamente unánime de aliados y la oposición tradicional.
Por ello, en los próximos días conoceremos el llamado plan B, y veremos si Morena logra convencer a sus aliados o introduce con sus 259 votos los cambios constitucionales en las leyes secundarias.
Ya lo dijo Ricardo Monreal, líder de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, que el objetivo del Plan B es que las reformas sean elevadas a rango constitucional.
La pregunta nuevamente es si tienen los votos para lograr ese objetivo estratégico. A la vista no, aunque el Verde ya dio un paso atrás y el PT, insiste que sí se pretende introducir las reformas constitucionales en las leyes secundarias no acompañará la reforma.
Equivocadamente, hay quienes afirman, que el PT y el PVEM han sido una suerte de rémoras políticas y que es el momento de romper. Pero, no hay que olvidar que las coaliciones siempre son transacciones entre formaciones grandes y pequeñas. Los partidos pequeños aportan tiempo de televisión, votos marginales y estructuras locales a cambio de una cuota de representación política.
Morena, en cambio, como partido hegemónico en la coalición, se queda con la mayoría de las candidaturas e impone la agenda y la narrativa política. Y si bien, es una relación asimétrica, entre el partido hegemónico y los partidos aliados, es de mutuo interés.
Por eso, al cambiar las reglas, los partidos aliados, sienten que tendrían problemas de sobrevivencia, es decir, financiamiento, plurinominales y cargos en los gobiernos locales y federal. Entonces, las reformas electorales no son sólo técnicas, sino profundamente existenciales y no es la primera vez, ya les pasó al PARM y al PPS, antiguas comparsas del PRI.
Entonces, ¿quién está traicionando? Algunos ven arrogancia del poder que busca, por las buenas o por las malas, consolidar un bloque político dominante, reducir intermediarios partidistas y convertir a los aliados en actores subordinados o prescindibles.
La arrogancia está sostenida en la idea de que su popularidad es suficiente para ganar elecciones. Y hay razón, cuando la oposición ya avisó que irá fragmentada en 2027 -pese a los gritos sonoros del priista Alejandro Moreno- o, en otros casos solos, especialmente, en la disputa de las 17 gubernaturas que estarán en juego en coaliciones locales.
Cuando la lógica general llama a una gran coalición opositora para generar una nueva mayoría legislativa que en 2030 llegue fortalecida y pueda revertir los cambios constitucionales regresivos que se han hecho durante el periodo obradorista.
Los indicios muestran una falta de visión e interés legítimo por defender el sistema democrático. Y es que una visión hegemónica también va contra sus partidos. En 2024, la coalición “Sigamos haciendo Historia” ganó ampliamente las elecciones federales y locales y ahora, al pretender modificar el sistema electoral busca ventajas en los comicios futuros.
Ahora bien, las elecciones de 2027 están a la vuelta de la esquina y esto plantea al menos tres escenarios que podrían presentarse en los próximos meses.
Uno: si los dirigentes, formales e informales de Morena, priorizan la estabilidad podrían dar un paso atrás conservando la coalición disciplinada y en esa forma, lanzar el mensaje de que lo ocurrido es parte de la dinámica política y qué es “por el bien de México”;
Dos: que la coalición se fracture y que los aliados perciban que Morena intenta absorberlos y en esa circunstancia, el PT y el Verde, compitan solos en varios estados y fragmentan el voto oficialista lo que aumentaría la competitividad de la oposición.
Tres: que haya una hegemonía morenista a través de la absorción de cuadros políticos del PT y el Verde, lo que significaría que Morena competiría solo en la mayoría de los distritos, con su marca, con resultados impredecibles en un contexto de convulsión interpartidista y presión estadounidense.
En definitiva, recordando la tesis central del libro de Denis Jeambar e Yves Roucaute: Elogio de la traición, lo que hace Morena es “innovador”, pues, mientras los politólogos franceses justificaban la traición en clave democrática, Pablo Gómez y Arturo Zaldívar, lo hacen en clave autocrática.
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