Gustavo De la Rosa
Los discapacitados y su semana santa eterna
04/04/2026 - 12:05 am
"Conocí y apoyé a personas con discapacidad para que se organizaran y lucharan. Ella, invidente total, y él, su cuidador leal se asemejan a Tiresias".

En estos días se les ordena descansar a los profesores universitarios y en los tribunales, se toma un "puente" largo. Sin embargo, si a los 80 años uno no sale de viaje, la tranquilidad del hogar y la sencillez de la vida proporcionan el espacio necesario para reflexionar sobre cosas que solemos dejar "para más tarde".
Cuando trabajaba como Diputado local en el estado de Chihuahua, conocí y apoyé a un grupo de personas con discapacidad para que se organizaran y lucharan por su causa. Eran dirigidos por Laura Flores Aldape y su compañero Benjamín, quienes poseían un entusiasmo y una capacidad impresionantes. Ella, invidente total, y él, su cuidador leal, congruente y paciente, se asemejan a Tiresias en Antígona y Edipo Rey.
A esa comunidad he enviado este mensaje que, por aqui comparto con las personas con discapacidad lectoras de SinEmbargo.
Compañeros, quiero rendirles un sencillo homenaje en estos días.
Cuando asistía al catecismo, una historia que me marcó profundamente fue “El Calvario de Cristo”. Imaginaba el dolor, la angustia y la impotencia de Jesús mientras era juzgado injustamente; cuando el gobernador de Judea se lava las manos, declarándose ajeno a la jurisdicción y entregándolo a los judíos; y cómo éstos, jubilosos, lo declaran culpable y lo torturan, condenándolo a llevar la cruz sobre sus espaldas. Lo ven caminar por las calles, burlándose de él, muchos que ni siquiera sabían por qué iba al cadalso, hasta llegar finalmente a su muerte, en el más profundo sufrimiento, preguntándole al Padre qué había hecho para merecer eso.
En 2022 recaí en una vieja lesión en la columna y me vi obligado a movilizarme en silla de ruedas y a someterme a terapias dolorosas, a tomar analgésicos que alteraban mi percepción del entorno y a soportar un dolor intenso al acostarme y al levantarme. En la soledad me preguntaba: “¿Por qué?”.
Fue entonces cuando conocí a Benjamín y a Laurita, y los vi predicar y trabajar por el bienestar de su comunidad. Hoy comprendo mejor cómo ustedes han afrontado situaciones semejantes a las que, según la historia sagrada, enfrentó Cristo en sus últimos días. Así como él, tras el Calvario, se levantó, ustedes tienen cada día el valor y la voluntad de ponerse de pie y enfrentarse a la vida, con la esperanza y la certeza de que cada día es un milagro de la naturaleza.
Disfruten la vida con el mejor ánimo y con la alegría de apoyar a los demás miembros de esta comunidad, a sus familias y a ustedes mismos.
Vaya, pues, mi admiración y respeto por ustedes y por su asociación.
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