Colombia tiene 2 caminos: izquierda o ultraderecha. ¿Cuál tomará los próximos 4 años?

21/06/2026 - 2:00 pm

Colombia vota este domingo en una segunda vuelta entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, con más de 41 millones de electores y un país dividido en dos proyectos.

Ciudad de México, 21 de junio (SinEmbargo).- Colombia enfrenta este domingo una segunda vuelta presidencial que refleja de manera directa su fractura política: más de 41 millones de ciudadanos están llamados a decidir entre la continuidad progresista de Iván Cepeda o el giro hacia la ultraderecha autoritaria con Abelardo de la Espriella.

La jornada electoral arrancó temprano en todo el país, con centros de votación abiertos desde las 8:00 y un cierre previsto para las 16:00 horas.

Aunque la mecánica electoral es conocida, el ambiente está lejos de ser rutinario porque Colombia llega a esta segunda vuelta tras una primera ronda tan cerrada que dejó al país al borde de un empate político.

En los comicios del 31 de mayo, Abelardo de la Espriella, de Defensores de la Patria, obtuvo 10 millones 361 mil 499 votos, equivalentes al 43.7 por ciento de los sufragios, mientras que Iván Cepeda, del Pacto Histórico, alcanzó nueve millones 688 mil 361 votos, es decir, el 40.9 por ciento. La diferencia entre ambos fue inferior a los 700 mil votos.

Colombia decide entre Cepeda y De la Espriella en una segunda vuelta.
Las autoridades electorales de Colombia reportaron que todos los puestos y las mesas de votación están instaladas en el país. Foto: X @Registraduría

Pero hoy, el resultado definirá al sucesor del Presidente Gustavo Petro en una elección que no sólo enfrenta a dos candidatos, sino a dos visiones opuestas del país, donde se juega la continuidad de un proyecto progresista o la ruptura hacia una ultraderecha de mano dura.

En el plano interno, la campaña ha girado en torno a la seguridad, la desigualdad y el futuro del proceso de paz con grupos armados ilegales, aún incompleto pese a los avances del acuerdo firmado en 2016. La violencia en regiones periféricas, y la presencia de disidencias y organizaciones criminales han sido los ejes centrales del debate político.

Por un lado, Iván Cepeda ha construido su campaña en torno a las reformas sociales, el fortalecimiento del Estado en territorios históricamente abandonados y la profundización de los acuerdos de paz, un discurso que recoge parte del legado del actual gobierno, pero que enfrenta el desafío de convencer a un electorado dividido y en algunos sectores desencantado con los resultados de la administración de Gustavo Petro.

Mientras que Abelardo de la Espriella ha centrado su campaña en la seguridad, la autoridad y la reducción del aparato estatal, un mensaje que ha encontrado eco en sectores preocupados por el orden público en distintas regiones y que reclaman respuestas más firmes frente a los grupos armados ilegales, mientras su estrategia se ha desplegado con fuerza en redes sociales y con un tono confrontativo.

En el plano internacional, la elección también se sigue de cerca por su impacto en América Latina (AL), que atraviesa un nuevo reacomodo político entre gobiernos de izquierda, derechas emergentes y liderazgos de corte más autoritario.

Por ello, el resultado en Colombia puede reforzar el bloque progresista regional o, por el contrario, consolidar una tendencia hacia políticas de seguridad más duras y alineamientos más estrechos con Estados Unidos (EU).

En ese contexto, EU y varios gobiernos latinoamericanos observan con atención el desenlace, especialmente por el papel que Colombia ha tenido en seguridad, migración y lucha contra el narcotráfico durante las últimas décadas.

Pero el escenario internacional es apenas una parte de la ecuación. La disputa presidencial también se desarrolla en un país que sigue enfrentando desafíos de seguridad, presencia de grupos armados ilegales y una inmensa división política que se hizo evidente durante toda la campaña.

Colombia vota en medio de la incertidumbre

La segunda vuelta se celebra además en medio de la preocupación por la seguridad, con la Defensoría del Pueblo reportando decenas de alertas por amenazas de grupos armados ilegales en regiones donde aún operan disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y estructuras del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Las autoridades reconocieron que, aunque las presiones no son generalizadas, persisten focos de riesgo en regiones donde la presencia de grupos armados condiciona la vida de comunidades enteras, como en Catatumbo, golpeado por enfrentamientos, desplazamientos forzados y ataques contra líderes sociales.

Ante ese escenario, las autoridades colombianas desplegaron un operativo de seguridad para la jornada electoral con más de 400 mil integrantes de las fuerzas armadas y de la Policía que fueron movilizados en todo el país. A su vez, se habilitaron mecanismos de denuncia e incentivos económicos para obtener información sobre posibles delitos electorales o amenazas contra candidatos y votantes.

La seguridad se volvió uno de los ejes de una campaña ante el desencanto ciudadano frente a la persistencia de la violencia, pues a casi una década del acuerdo de paz con las FARC, amplias zonas del país siguen afectadas por el narcotráfico, las economías ilegales y la presencia de grupos armados que disputan el control territorial.

Mientras los sectores cercanos a Cepeda defienden profundizar los diálogos y mantener abiertos los canales de negociación para reducir la violencia, los simpatizantes de De la Espriella sostienen que la estrategia de paz no logró contener el deterioro de la seguridad y que se necesita un enfoque más severo contra las organizaciones criminales.

En ese mismo ambiente de confrontación, los candidatos evitaron debatir cara a cara y se lanzaron acusaciones mutuas, lo que terminó convirtiendo la elección en un referéndum sobre el legado de Gustavo Petro y el rumbo que deberá seguir el país en los próximos cuatro años.

Más allá del resultado, Colombia llega a esta jornada con retos de fondo que seguirán para el próximo gobierno: una violencia que persiste, brechas sociales profundas, un sistema político fragmentado y una sociedad cada vez más polarizada tras una de las campañas más tensas de los últimos años.

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Denisse Torres Hernández

Denisse Torres Hernández

Egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y abogada en formación por la UNAM. Antes video-reportera en la Agencia EFE. Hoy redacto sobre política y temas sociales, confiando en la fuerza de la palabra.

Lo dice el reportero