Ernesto Hernández Norzagaray

Sinaloa, geopolíticamente estratégico en 2027

11/04/2026 - 12:01 am

"Ante este escenario se perfilan hoy unas elecciones sin competencia, anodinas, en el contexto de una guerra para conservar espacios de influencia e intereses".

Una persona acude a la casilla para emitir su voto. Imagen ilustrativa. Foto: Crisanta Espinosa Aguilar, Cuartoscuro.

Sinaloa, uno de los estados, donde se ha derramado más sangre y lágrimas en los últimos dos años producto de miles de asesinatos, desaparecidos y desplazados tendrá elecciones generales en junio de 2027.

Ahora, sufre una guerra que va para dos años entre las facciones del Cártel de Sinaloa que algunos voceros, ad honorem, en las últimas semanas, buscan instalar la idea de que la “violencia está bajando” y en esa idea, los sinaloenses pronto viviremos en paz. 

Esa narrativa busca cambiar la percepción y “pacificar” el estado frente a la disputa sobre quién será el “coordinador estatal de la 4T” o sea, el candidato (a) a relevar al Gobernador Rubén Rocha Moya -ambiciones, dignas, del diván de Freud, por la violencia contra políticos.

Parecen olvidar que han quedado fuera dos candidatos naturales a la gubernatura: Héctor Melesio Cuén, dirigente del Partido Sinaloense, asesinado el 25 de julio de 2024 y Sergio Torres, líder estatal del partido Movimiento Ciudadano y de su fracción parlamentaria, quien fue baleado y “está recuperándose” del ataque sufrido el 28 de enero junto con Elizabeth Montoya su compañera de bancada.  

Grosso modo en el morenismo hay dos bloques de aspirantes a la candidatura de Gobernador: el del Gobernador Rubén Rocha Moya y el de la Presidenta Claudia Sheinbaum, algo imposible en los tiempos de la llamada Presidencia imperial, pero lógico en los tiempos del maximato de Palenque que sigue su curso para continuar ejerciendo la conducción política de la llamada Cuarta Transformación. 

Esto significa en términos prácticos que hay un juego acordado y controlado en Morena, y está por verse si el candidato saldrá por dedazo, encuesta o consenso. 

Rocha Moya como la Presidenta Sheinbaum tienen candidatos de ambos géneros por aquello de los perfiles en el juego sucesorio, entre los que se encuentran el actual Senador de la República, Enrique Inzunza; la Diputada Federal, Graciela Domínguez; la líder de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado; Teresa Guerra y los alcaldes de los municipios de Culiacán y Mazatlán, Juan de Dios Gámez y Estrella Palacios. La Presidenta Sheinbaum, por su parte, tendría como candidata a la Senadora Imelda Castro y al Secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, Julio Berdegué. ¿Y AMLO?, todo parece indicar que juega del lado de Rocha sin que sea definitivo.

Esto, si no está decidido, habrá de ocurrir de aquí a junio y por lo pronto en Sinaloa, como en los otros 16 estados, donde habrá elecciones de Gobernador, se repetirá el ejercicio que favoreció a Claudia Sheinbaum para alcanzar la candidatura presidencial. 

Es decir, abriendo el juego a los aspirantes para muestrearse en los medios y en encuestas, pero en el entendido de que ahí no está la decisión y sólo es para ratificar la marca, movilizar a una clientela más preocupada por el entorno de violencia. A sabiendas de que todo aquel que sea leal al juego-propaganda, le habrá de tocar una rebanada del pastel del poder. Pero, pregunto, ¿Sinaloa está para estos bollos?

Morena tiene enfrente una oposición débil y temerosa que hasta ahora no pinta en el horizonte después de lo ocurrido a Héctor Melesio y a Sergio y ese entorno sigue teniendo un efecto en el ánimo sinaloense por las malas noticias que diariamente se ventilan en los medios de comunicación y las redes sociales.

Ante este escenario se perfilan hoy unas elecciones sin competencia, anodinas, en el contexto de una guerra donde prevalece la idea que cada una de las opciones busca conservar sus espacios de influencia e intereses. 

Y coincide con la estrategia del sistema de seguridad nacional creando franjas de seguridad y cierto dinamismo económico, como son las áreas turísticas de Mazatlán o Ahome y su cabecera Los Mochis, convertido en un santuario de paz. 

La percepción de inseguridad -según un informe reciente de INEGI- en Culiacán, es de 89 por ciento; en Mazatlán, de 80 por ciento, mientras en el municipio cañero sólo 27 por ciento siendo una de las ciudades más seguras, no sólo de Sinaloa, sino del país. 

Sin embargo, no hay que dejar de observar dos elementos que podrían servir para el análisis: uno, los plebiscitos para elegir síndicos y comisariados en Culiacán y Navolato, epicentro de la violencia. Ahí hubo una baja participación y un voto en contra de los candidatos del oficialismo. El otro, más geopolítico, el factor Trump que puede cambiar la tendencia si pasa de las palabras a los hechos y aprovecha lo que registra un reportaje reciente del NYT. (https://www.nytimes.com/es/2026/03/11/espanol/america-latina/sinaloa-intervencion-estadounidense-carteles.html) 

Que, localmente, contrasta con los resultados de la Encuesta Nacional publicada por el diario El Financiero, donde la amplia mayoría está en contra de una intervención de EU en México, pero en Culiacán nos dice el diario estadounidense hay quienes opinan lo contrario para terminar con la violencia.

Hay que considerar esa hipótesis cuando Trump está combinando el debilitamiento de la imagen de la Presidenta Sheinbaum, como se refrendó en la cumbre Escudo de las Américas que reunió a doce mandatarios latinoamericanos y el mensaje fue claro: México, es el epicentro del crimen organizado. 

Y repite, “los cárteles gobiernan México” que traducido significa un gobierno de narco políticos y eso, con o sin razón, encaja perfectamente, con la definición de narcoterrorismo que justificó ir a Caracas por Nicolás Maduro. O sea, por lógica, si México es el epicentro, el eje de las operaciones del crimen organizado, los políticos pueden ser perseguidos, capturados o eliminados. 

Y, seguramente, no le faltará información para tomar cualquier decisión -es más, habría que ver cuanta mella han provocado sus expresiones en la opinión pública, lo que podría significar repetir la estrategia de intromisión que utilizó en el marco de las últimas elecciones legislativas de Argentina y las presidenciales de Honduras, donde la izquierda perdió la mayoría y la Presidencia o, simplemente, el efecto de esa narrativa en la atmósfera electoral.

Sinaloa es clave en una estrategia que combina debilitamiento de la figura presidencial y lucha contra el “narcoterrorismo” donde los narcos de acuerdo con el NYT, defensivamente, lo toman más en serio que unos políticos preocupados porque no les quiten las visas estadounidenses a ofrecer alternativas a los principales problemas del país. 

O sea, la sangre y las lágrimas…

Ernesto Hernández Norzagaray

Doctor en Ciencia Política y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel I. ... Ver más

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