María Rivera
Memoria
21/05/2026 - 12:01 am
"Ante el asedio de la narrativa de los Estados Unidos y la propaganda de los medios aliados, los mexicanos no deberíamos comprar su narrativa injerencista".

La semana pasada le comentaba, querido lector, sobre el asedio que el gobierno de la Presidenta Sheinbaum está sufriendo de los medios de comunicación. Es muy obvio que buscan desestabilizar políticamente, usar los ataques de Trump contra nuestro país para avanzar la agenda de la derecha. Para ello, escriben columnas y publican encuestas que buscan generar la impresión de que la gente cree que el partido Morena es un “narcopartido” y el gobierno de la presidenta es un “narcogobierno”. No hay ningún dato para respaldar dichas acusaciones, totalmente grotescas, por supuesto. Porque ni el partido como tal, ni la Presidenta han demostrado serlo, pero ellos insisten e insistirán porque es eso, llana y mendaz propaganda.
Obviamente, hay políticos y funcionarios, de todos los partidos, que han sido corrompidos por el crimen organizado desde hace décadas y seguramente habrá de Morena entre ellos. Todos deben ser detenidos, juzgados y condenados, sin importar su filiación política. Sin embargo, negar que venimos de una época de rampante corrupción prianista, cuando atravesamos los años más terribles de la violencia en México, es una forma de propaganda política deshonesta y cínica cuando la esgrimen quienes, además, fueron los responsables.
Justamente pensaba en esto, querido lector. En la propaganda que se ha vertido sistemáticamente para crear en las personas la idea de que “estamos peor que nunca”, que Morena nos llevó al precipicio de la violencia “nunca antes vista” y el crimen organizado. Yo no sé si usted se acuerde de los sexenios de Calderón y Peña, porque yo sí me acuerdo. Me acuerdo, querido lector, de los cuerpos colgando de los puentes de varios estados, de los cuerpos tirados en las carreteras, amontonados en coches abandonados; de las masacres cometidas en brechas de Tamaulipas, en pueblos de Coahuila, en carreteras de Nuevo León. Recuerdo camionetas abandonadas en avenidas con decenas de cuerpos adentro en Jalisco, torsos, solamente torsos de seres humanos en Monterrey, también del secuestro masivo de migrantes centroamericanos en Veracruz, en Tabasco. Seguro usted se acuerda de que los criminales los mantenían en casas de seguridad, auténticas mazmorras de tortura, donde los asesinaban. Y también, recuerdo los casos de muchos de ellos que fueron entregados a los criminales por autoridades de migración o por policías. Secuestros masivos en camiones de pasajeros sucedieron durante meses, cómo olvidarlo: sólo llegaron sus maletas porque a ellos los asesinaron. Fueron cientos de ellos. Y claro, las ejecuciones extra judiciales que eran pan de cada día, cometidas por el ejército. También, recuerdo las horas de oscura desesperación cuando desaparecieron a 43 estudiantes de Ayotzinapa, en Iguala. 43 estudiantes que al día de hoy no han aparecido, pero que el gobierno de Peña Nieto trató de encubrir. Cómo olvidar el “ya me cansé” y la siembra de restos. También recuerdo una de las primeras manifestaciones por los desaparecidos en el año 2011 y los cientos de zapatos que un colectivo artístico colocó sobre las escalinatas de El Angel. Cómo olvidar el dolor de los primeros grupos de madres y padres que buscaban entre la tierra a los suyos, y las fosas con cientos de cuerpos en Veracruz, en Tamaulipas. Un horror, querido lector, que no, por fortuna, no hemos vuelto a ver desde entonces. No de esas características ni a esa escala.
Claro que la violencia no se ha terminado, permanecen focos donde estos años se han cometido las mismas atrocidades que se cometían en Tamaulipas con los zetas, como en Jalisco (gobernado, por cierto, por la oposición). Ni qué decir de Guanajuato, querido lector, donde se han cometido, desde hace décadas crímenes horrendos y que gobierna también la oposición. Es decir, el mal está en todos lados, diseminado localmente, desde hace mucho y todos los partidos tienen en su haber personas que trabajan o trabajaron para el crimen organizado. Pero es diferente a aquellos años en los que desde la misma Secretaría de Seguridad se organizaba al crimen organizado, en los tiempos de Genaro García Luna. Los horrores dantescos de aquellos años no tienen nada que ver con los de ahora, por más que intenten negarlo.
Falta mucho por hacer, es cierto, pero hay que decir que negar el tamaño de aquel horror es sencillamente deshonesto. Todos lo vimos y lo vivimos, menos quienes hoy dicen que estamos peor, al borde del abismo. De hecho, fueron ellos mismos, quienes negaban la violencia para defender al gobierno, los que hoy se desgañitan en indignación para atacarlo. Sí, todo es tan irónico, querido lector. Tan desvergonzado, también. Los mismos medios que se organizaron con el gobierno para no cubrir la violencia hace años, hoy se dedican a cubrirla. No, querido lector, esa narrativa es sencillamente falsa. Ni Morena es un “narcopartido” ni el gobierno de la Cuarta Transformación ha sido un “narcogobierno”, ni estamos peor que antes. Y hay que recordar, querido lector, que Morena es, primero que todo, un movimiento social muy amplio formado por muchísimos mexicanos, de modo que cuando los medios atacan ferozmente al partido, en realidad están atacando a millones de mexicanos que convirtieron al movimiento fundado por López Obrador en algo auténticamente popular, no a una élite partidista más.
Y vaya que yo creo que hay muchas cosas criticables tanto del partido, como del Gobierno de la Presidenta Sheinbaum, muchas que son desde mi punto de vista traiciones a la izquierda, desde el mismo gobierno lopezobradorista. Pero no son las mismas cosas que la derecha critica, sino aquellas que los simpatizantes esperábamos y nomás no sucedieron. Pero esa es otra discusión, querido lector.
Lo que a mí me parece importante ahora, es recalcar esto. Porque ante el asedio de la narrativa de los Estados Unidos y la machacona propaganda de los medios nacionales e internacionales aliados con ellos, los mexicanos no deberíamos comprar su narrativa injerencista. Mucho menos, validar las intenciones de Trump de violentar nuestra soberanía como está haciendo con varios países de Latinoamérica. Hace muy bien la Presidenta en defenderse y defender al país, en señalar la hipocresía de quienes la critican y no ceder a las presiones y chantajes de analistas e intelectuales prianistas. Y vaya que la han atacado, querido lector, descalificándola como científica y como política ¿qué otra cosa podrían hacer quienes ven en esta crisis una oportunidad golpista? Con eso sueñan, querido lector, con que sea Donald Trump quien imponga al gobierno en nuestro país y que México se convierta en su colonia. Pero se equivocan, garrafalmente:
México es, les guste o no, un país libre, democrático, y soberano. Estoy segura que la mayoría de los mexicanos sabremos defenderlo de los apetitos de los traidores y golpistas.
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