Susan Crowley
lBrâncusi y el misterio del arte
30/05/2026 - 12:03 am
"Desde los tiempos más remotos, el poder del arte griego se basa en la esencialización o síntesis de los elementos para expresar una idea".
https://youtu.be/PiBaJG_vi84
Visitar una de las exposiciones más ambiciosas de la actualidad en la Neue Gallerie de Berlín, es una experiencia única. Se trata de uno de los máximos representantes del modernismo, el artista Constantin Brâncusi (Rumania1876-París1957). Paradójicamente, ver el comercial de la casa de subastas Christie's, en el que la actriz Nicole Kidman se declara defensora del arte, mientras danza alrededor de la cabeza de Danaïde del mismo autor; además, el extraordinario precio de venta que ha alcanzado la pieza: 107.6 millones de dólares, son una muestra de la grieta espiritual que atravesamos en nuestra era. Y quisiera explicarlo a continuación.
En su ensayo Marca en el agua, el poeta y premio Nóbel Iósif Brodsky manifiesta su añoranza por “aquellos días en los que asociábamos estilo con sustancia, belleza con inteligencia”. Y continua: “si crees en la literatura, piensas que todo el mundo comparte o debería compartir tu gusto y tus convicciones. No sabíamos que el estilo pudiera comprarse al por mayor, que la belleza pudiera ser mera mercancía”. Algo me dice, que entre la Danaïde de Brâncusi y Nicole Kidman, existe una delgada línea en la que la belleza es la expresión de un arquetipo (Danaïde) que es denigrada por la afamada actriz, a un estereotipo. Veo un descenso de la plenitud de la existencia, es decir, lo sublime, al vacío de la superficialidad, la banalidad comprable con dinero. Tristemente esa es una de las características de nuestra era que está afectando al arte.
La materialización de la forma no como algo exterior, sino como la idea y esencia de las cosas fue la intensa búsqueda de Brâncusi; en su Danaïde logró el poder de la síntesis de este pensamiento. ¿De qué trata la historia? Las cincuenta Danaïdes, hijas del rey Danaos, son ayudadas por él a escapar del matrimonio forzado con sus cincuenta primos. Pero seguidas por ellos, reciben la orden del rey de asesinarlos en la noche de bodas. 49 obedecieron pero Hipermnestra perdonó a su esposo Linceo. Como castigo, las hermanas fueron condenadas a transportar, eternamente, agua en cántaros con fugas para llenar un pozo sin fondo en el inframundo. La belleza de esas mujeres es parte de un mito griego arcaico. Manifestación del ideal Bien, Verdad, Belleza, que es el origen del arquetipo o modelo clásico, la síntesis de los valores que se convertirían en universales para Occidente.
Desde los tiempos más remotos, el poder del arte griego se basa en la esencialización o síntesis de los elementos para expresar una idea. Deplorar los excesos en busca de la perfección. Las esculturas cicládicas son un buen ejemplo al esquematizar la noción de lo femenino sin discursos o excesos, la belleza en su sentido más básico, no por ello simple. Son bellas porque no se solazan en lo “bonitas” o en lo “placenteras” que nos resultan. Son fruto del gozo profundo que es también inexplicable, misterioso, inatrapable. Eso que nos ha fascinado por siglos debido a su inamovible capacidad de existir más allá de los tiempos, de las modas o de los estilos.
Para inicios de siglo XX la obsesión por la modernidad encontró que el arte arcaico o mal llamado primitivo, era una fuente de conocimiento más allá de las academias que habían agotado sus ideales dejándose llevar por artificios y dogmas. La Grecia del siglo VI influyó a muchos artistas. Los ideales de la estética fueron asimilados rápidamente por Brâncusi como un don: la máxima expresión puede darse con los mínimos recursos; lo humano puede mostrarse con una economía de elementos asombrosa; constreñir hasta llegar al poder de una unidad que expanda su fuerza en el espacio y en el tiempo.
Así creó esculturas que a pesar de contar con apenas unos cuantos rasgos son entrañables, expresivas y muestran la magia y el misterio sin revelarlo. Son la fuerza de la representación primigenia, sublime y atemporal. Danaïde es síntesis de un, no rostro, y a pesar de ello presencia; sin ojos, tiene una mirada sensual; carente de gesto, es la absoluta expresión.
Inspirada en el encuentro del artista con la bellísima pintora húngara Margit Pogany, “con sus grandes ojos y el cabello oscuro y ceñido, recogido en un moño en la parte posterior de la cabeza”, Brâncusi creó varios modelos que sirvieron como punto de partida para las posteriores versiones en bronce.
Danäide es un arquetipo que encarna la belleza; es universal y es paradigma de lo que sólo un artista del nivel de Brâncusi puede conseguir. Tal vez eso pensaron los creativos de Christie’s al invitar a la actriz Nicole Kidman a representar la escena de Pogany equiparando ambas bellezas en una especie de encuentro íntimo con la obra de arte. En el viejo peaje, filmado por Brâncusi, Pogany luce joven y bella mientras danza desenfadada delante de la obra que inspiró.
La nueva versión resulta forzada, antinatural y gratuita; un desfiguro muy bien filmado. La falsa belleza de Nicole Kidman que ha cometido todos los errores convirtiéndose en el estereotipo de nuestra era: excesos de cirugías en la cara y en el cuerpo en una obsesión por la juventud y la belleza que va ligada intrínsecamente al poder del dinero: ser rico y famoso exige ser bello.
Nicole representa a la sociedad de esclavos del consumo y la publicidad que ha invadido nuestras vidas sometiéndonos a una tortura infinita: la inalcanzable belleza y la eternización de la juventud. Estética de la insatisfacción, el peligroso desafío que obliga a nuestra naturaleza y vulnerabilidad a jugar un juego imposible: conjurar la maldición de envejecer.
Pero a diferencia de la Danaïde de Brâncusi, cuya belleza es eterna, la de Nicole o de cualquier víctima de la cirugía es que la modificación de un rostro, no garantiza su permanencia. Una mujer con labios delgados de nacimiento acorde a sus rasgos, hoy luce una boca cuyo volumen es artificial y un rostro que se petrifica y pierde expresión por el uso arbitrario de la cosmetología, que es moda y pasará irremediablemente.
Nuestra era es la suma de confusiones, distracciones, simulacros de lo que creemos estilo y que no es más que la repetición ad nauseam de un patrón mediocre de belleza impuesto por las Kardashian. Kidman, como ellas, empieza a parecerse a una muñeca inflable que infantiliza sus atributos, luce asexuada y resulta una máscara vacía.
La paradoja consiste en que Danäide es más bella conforme los años pasan porque es la creación de un artista que le otorga unicidad y expresión desde su interior; no es una máscara, es una obra cuya aura seguirá creciendo en equilibrio entre Bien, Verdad y Belleza. Las cirugías de Nicole y de cualquiera, no garantizan más que la frustración de la inalcanzable perfección. Danäide vivirá para siempre; Nicole es mortal.
Danaïde brilla tanto o más que el día que fue fundida en bronce, mientras Nicole lucha por conservar la fama que consiguió en parte por su increíble atractivo físico. Pero también era una muy buena actriz. Pudo elegir convertirse en una actriz del nivel de Katherine Hepburn o de Ingrid Bergman, porque talento siempre tuvo. Pero convertirse en estereotipo del vacío de una sociedad consumista es una desgracia. Como ella, los excesos en la cosmética harán que todas las caras sean iguales, sin misterio, sin algo que revelar.
Constantin Brâncusi no creó la belleza, pero tal vez la sintió en su interior y tuvo la necesidad de compartirla con todos nosotros. Nunca sabremos del todo los motivos que tuvo para crear obras de la magnitud de Danaïde, eso es un misterio, y es el verdadero sentido del arte. @Suscrowley
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