Francisco Ortiz Pinchetti

Rueda el balón: los costos... y las ganancias

12/06/2026 - 12:03 am

"Con un gobierno supuestamente ‘de izquierda’, el presupuesto público sirvió, una vez más, para enriquecer a los de siempre…".

Grupos de diversos colectivos de personas desaparecidas, lograron burlar los filtros de seguridad y se manifestaron frente al Estadio Ciudad de México esto previo y durante la inauguración del Mundial de Futbol en el Coloso de Santa Úrsula. Foto: Rogelio Morales, Cuartoscuro.

Y arrancó finalmente el Mundial de Futbol. Las manifestaciones y conflictos sociales que amenazaban la inauguración del campeonato fueron conjurados con la presencia contundente de más de 15 mil efectivos de la policía de la CdMx, Guardia Nacional y Ejército, que literalmente blindaron el llamado Coloso de Santa Úrsula sin necesidad de recurrir a una acción represiva, aunque sí coercitiva.

En la cancha hubo fiesta. También en el Zócalo. Para el sector oficialista, el triunfo de la selección mexicana sobre su similar de Sudáfrica operó como un bálsamo efímero que adormeció por unas horas el descontento social y los escándalos de los narcopolíticos. A ello se sumó la benevolencia del clima de la capital, que guardó una tregua providencial y esperó pacientemente al silbatazo final del encuentro para soltar la intensa tormenta vespertina de este jueves.

La lluvia lavó las calles, pero no las contradicciones de fondo.

El aparatoso despliegue policiaco y militar en el sur de la capital resolvió en efecto la contingencia inmediata en las inmediaciones del Estadio Azteca, pero dejó expuestas las profundas grietas políticas y sociales que el discurso oficial pretende ocultar tras los reflectores de la justa deportiva. Mientras las tribunas celebran los primeros goles, la realidad de la Ciudad de México y del país se impone con datos duros que pulverizan las proyecciones alegres emanadas desde los despachos gubernamentales.

Para empezar, las proyecciones que la Secretaría de Turismo federal difundió de manera insistente, estimando el arribo de 5.5 millones de visitantes y una derrama económica monumental con motivo de la justa mundialista, acaban de estrellarse contra la frialdad de los análisis financieros internacionales. El reporte emitido por la agencia Moody's Local México desmantela la fantasía presupuestal al establecer que el flujo real apenas alcanzará los 768 mil visitantes totales para los partidos en el territorio nacional (adicionales a los 3.5 millones de turistas mensuales que recibe el país habitualmente), desglosados en 521 mil turistas domésticos y escasos 247 mil extranjeros. La derrama económica directa se tasó en mil 30 millones de dólares; una cifra que equivale a un raquítico 2.9 por ciento de los ingresos anuales del sector turístico registrados el año anterior y que representa un impacto marginal de apenas el 0.13 por ciento en el Producto Interno Bruto del país para este año.

Estas cuentas alegres, defendidas con vehemencia por la administración de Claudia Sheinbaum Pardo, contrastan con el enorme costo financiero que el erario público ha tenido que asumir. Según el portal de Transparencia de la Ciudad de México, el gasto para las adecuaciones urbanas originadas por el Mundial rebasó los 23 mil millones de pesos. El desglose oficial de estos recursos revela prioridades muy cuestionables: se canalizaron dos mil 463 millones de pesos al Sistema de Transporte Colectivo Metro y dos mil 387 millones al Tren Ligero para garantizar el traslado de los aficionados, sumados a cinco mil 764 millones de pesos destinados estrictamente a proyectos de movilidad periférica y rehabilitación estética del entorno urbano. Los ajolotes y la pintura morada, por ejemplo.

El meollo del asunto, sin embargo, estriba en que estas intervenciones, aceleradas por la urgencia de los famosos cuadernos de cargos impuestos por la FIFA, no constituyen infraestructura perdurable que resuelva las carencias estructurales que padecen los habitantes de la capital en su vida diaria. Se trata de obras superfluas enfocadas en la cosmética urbana de las calzadas y avenidas que conducen al estadio, un maquillaje que ignora la escasez crónica de agua, el deterioro de las vialidades secundarias y la falta de servicios básicos en las colonias populares del sur de la ciudad. El beneficio social de este gasto monumental es nulo; lo que permanece es un proceso de gentrificación acelerada que encarece el suelo urbano y desplaza a las familias originarias de Santa Úrsula y los Pedregales.

Pero el contraste resulta agraviante cuando se analiza quiénes son los verdaderos beneficiarios del desembolso público. La realidad es que el aparato gubernamental operó como un facilitador que absorbió los costos operativos y de seguridad para pavimentar el camino al gran negocio privado.

Es claro que los auténticos ganones de este torneo internacional son la FIFA y sus socios comerciales históricos, corporaciones transnacionales como la Coca-Cola, el patrocinador oficial. Los estados financieros de la Federación Internacional confirman el abismo de esta disparidad: para el actual ciclo comercial 2023-2026, la corporación futbolística asentada en Zúrich presupuestó un récord histórico de 13 mil millones de dólares en ingresos brutos globales —un salto descomunal frente a los siete mil 568 millones de Qatar 2022—, de los cuales obtendrá cerca de ocho mil 900 millones de dólares de manera directa por la realización de este torneo norteamericano, apuntalados por tres mil 900 millones de dólares en derechos de transmisión televisiva y otros mil 800 millones de dólares por patrocinios globales.

Poco se sabe que estas utilidades multimillonarias y las de sus socios comerciales entran en México limpias de polvo y paja, blindadas por los beneficios fiscales especiales contemplados explícitamente en la Ley de Ingresos de la Federación, que exime a las entidades designadas por la FIFA de pagar impuestos en territorio nacional. Mientras tanto, los consorcios televisivos como Televisa y TV Azteca acaparan las millonarias pautas publicitarias locales y los pequeños comerciantes de la capital, como las fondas y los restaurantes, son obligados a pagar cuotas especiales sólo por el derecho de transmitir los partidos en sus pantallas.

El tema también representa un alto costo político para Sheinbaum Pardo y la autollamada 4T. Ese costo, que no se circunscribe únicamente al balance financiero, se manifiesta en la confrontación directa con las demandas sociales que la coyuntura del Mundial terminó por potenciar.

Efectivamente, la inauguración del evento se convirtió en el escenario donde confluyeron dos vertientes de la movilización popular: las causas justas, éticamente inobjetables, y el oportunismo gremial que busca lucrar con la exposición mediática del torneo.

En el extremo del oportunismo político se ubicaron las movilizaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Los contingentes de la CNTE reactivaron sus protestas y bloqueos en las arterias principales de la capital para reclamar de forma airada el cumplimiento de promesas de campaña de la actual Presidenta, ciertas, relacionadas con incrementos salariales y contrarreformas laborales. La disidencia magisterial calculó con precisión quirúrgica el impacto de sus acciones, utilizando la ventana internacional del Mundial como un garrote de presión contra la Presidencia de la República, subordinando la agenda educativa al chantaje presupuestal.

En las antípodas de esa estrategia interesada se alza la voz de las Madres Buscadoras, cuya presencia en las calles no responde a prebendas económicas ni a negociaciones corporativas, sino a la tragedia humanitaria de la desaparición forzada que desangra al país, donde el registro oficial ya documenta de manera alarmante la existencia de 130 mil desaparecidos en el territorio nacional. Para estos colectivos, el blindaje policiaco del Mundial y la indolencia oficial constituyen una afrenta directa: mientras el gobierno destina 15 mil efectivos militares y civiles a proteger la tranquilidad de los turistas y los directivos de la FIFA, las fiscalías locales y federales argumentan de manera sistemática la falta de personal, recursos y presupuesto para investigar los paraderos de esos miles y miles de ciudadanos ausentes. El despliegue de fuerza en el Estadio Azteca demuestra que el Estado posee la capacidad logística y operativa para movilizar recursos de gran magnitud, pero elige subordinar la seguridad de sus ciudadanos a las exigencias de un espectáculo privado.

Además, a este complejo escenario interno se suma un severo revés para la estrategia de relaciones públicas del gobierno federal. La Copa del Mundo se concibió en los despachos oficiales como la plataforma ideal para proyectar a nivel internacional una imagen de estabilidad, modernidad y desarrollo, un escaparate para difundir los atractivos turísticos, las bellezas naturales y el patrimonio cultural de las ciudades mexicanas. Sin embargo, la cobertura de los periódicos, las agencias y las cadenas de televisión extranjeras ha sepultado los promocionales oficiales bajo un alud de crónicas sobre la polarización política, el descontento social y el imponente blindaje policiaco-militar que rodea a la justa deportiva. Medios de Estados Unidos y diversos países de Europa, Asia y América Latina han destacado en sus informaciones esa cara del México mundialista.

Me parece que el saldo para la imagen exterior del país es desastroso. El foco de la prensa internacional no se ubicó en la riqueza cultural o gastronómica de México, sino en la fragilidad institucional… y los vínculos del poder con el crimen organizado. El resurgimiento mediático del tema de los narcopolíticos, con referencias explícitamente críticas a la situación de violencia y control territorial del crimen organizado en estados clave como Sinaloa, Sonora y Tamaulipas, echó por tierra el pretendido mensaje de pacificación. La mirada externa decodificó el despliegue de los 15 mil efectivos no como un éxito logístico, sino como el síntoma inequívoco de un territorio sitiado por sus propios conflictos internos.

Para agravar la posición de la Presidenta Sheinbaum Pardo, la coyuntura mundialista coincidió con una nueva y demoledora declaración del Presidente estadounidense Donald Trump respecto al narcotráfico que a su juicio manda en México. En vísperas del partido inaugural, el mandatario republicano reiteró en entrevistas televisivas su decisión irrestricta de actuar unilateralmente en territorio mexicano contra las organizaciones criminales, desestimando la soberanía nacional al calificar la estrategia de seguridad local como un fracaso rotundo y denunciar la supuesta colusión de figuras del partido oficial con los cárteles de la droga.

Y es que la contradicción es total. La narrativa oficial pretendió utilizar la Copa del Mundo como una plataforma de validación política y una demostración de eficiencia administrativa. La realidad, sin embargo, desnudó una gestión que prefiere gastar miles de millones de pesos en obras cosméticas antes que atender las demandas de las víctimas de la violencia o resolver las deficiencias del transporte público que utilizamos diariamente.

Las cifras macroeconómicas del turismo se desplomaron antes del silbatazo inicial, la imagen de México en el extranjero quedó asociada al fango de la inseguridad y las protestas sociales demostraron que la paz pública no se garantiza con propaganda, sino con justicia. La fiesta del futbol pasará en unas cuantas semanas, pero los ciudadanos de la capital se quedarán con la resaca de una deuda monumental, calles maquilladas y la certeza de que, con un gobierno supuestamente “de izquierda”, el presupuesto público sirvió, una vez más, para enriquecer a los de siempre. Válgame.
@fopinchetti

Francisco Ortiz Pinchetti

Fue reportero de Excélsior. Fundador del semanario Proceso, donde fue reportero, editor de asuntos especiales y codirector. Es director del periódico Libre en el Sur y del sitio www.libreenelsur.mx. A... Ver más

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