En la elección intermedia del 2009, yo me sumé al movimiento para anular el voto porque en aquel momento tenía sentido hacerlo. Estábamos empujando una agenda de reforma política y había tiempo para lograr su aprobación, pero en la elección presidencial que se avecina, anular el voto sería equivalente a regalárselo al puntero de la contienda, o sea a Enrique Peña Nieto, y yo no estoy dispuesta a entregarle mi voto al PRI.
Por Denise Dresser
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