Susan Crowley
Los ángeles de Gaza
28/02/2026 - 12:03 am
"Los Ángeles de Wenders abandonaron a los niños de Gaza, los dejaron en el desamparo condenados a vivir el más crudo y miserable infierno posible".
A Win Wenders le debo en gran medida mi pasión por el cine. Sus películas me enseñaron no solo a valorar la estética cinematográfica, su mesura e inteligencia para crear relatos puntuales con los temas que incumben a la condición humana son verdaderas lecciones de vida; sin concesiones y de ética impecable. A contracorriente de lo establecido, cuestionando a una sociedad eurocéntrica manejada por hombres blancos, a pesar de él mismo serlo, el cine de Wenders desvela a aquellos “otros” que viven en la sombra, en el desamparo y que, desde ese “no sitio” son capaces de cambiar nuestra mirada. Alicia en las ciudades, Falso movimiento, El amigo americano o París Texas, por mencionar algunas de sus legendarias cintas, son historias al límite en las que el director alemán lleva al espectador a cuestionar la realidad y a buscar la verdad. Hablo en presente porque su cine sigue siendo vital y no ha envejecido a pesar de que han pasado generaciones.
Wenders fue depurando su estilo al tomar ciertas licencias que lo alejaron del realismo para adentrarse en terrenos metafísicos. En Las Alas del Deseo, sus protagonistas son ángeles. Incorpóreos, testigos de la inocencia, la gracia y la fragilidad humana. Con sus gigantes alas, claramente ciudadanos blancos del norte global, Damiel (Bruno Ganz) y Cassiel (Otto Sander) reposan sobre la emblemática columna de la Victoria en pleno centro de Berlín. Y gracias a Ganz, a su dulce mirada, a su mano en el hombro del anciano que espera la muerte, a su caricia en el rostro envuelto en lágrimas de la mujer desesperada o cómplice de la sonrisa de un niño ciego, la película resultó un canto a la otredad.
Han pasado años desde que Las Alas del Deseo, cambió la historia del cine. Damiel se enamoró de una bellísima trapecista disfrazada de ángel, se volvió humano y cambió su registro espiritual por el del amor carnal. ¿Tal vez también por el de las conveniencias y lo políticamente correcto?
Y sin embargo, como presidente del jurado de la Berlinale, Win Wenders afirmó “El cine debe mantenerse al margen de la política”. Un discurso indiferente, de un hombre convencional, contrario a su fabuloso cine. ¿Otra vez un talento envejecido para mal? Habría que preguntarse, ¿en verdad cree lo que declara?, ¿acaso sus ángeles decidieron abandonar a los desamparados?, ¿o es que tal vez ya no cree en ellos? Pide un cine “compasivo” y “empático” pero su corrección política termina desdeñando a las causas urgentes, obviamente opuestas a la industria patrocinadora de la Berlinale.
El 29 de enero de 2024, voluntarios de Media Luna Roja, Palestina, recibieron una llamada de emergencia desde el norte de Gaza. Una niña de seis años estaba atrapada en un coche rodeada de su familia asesinada y bajo fuego del ejército israelí. La voz de Hind Rajab se escuchó implorando ser rescatada. Su llamada fue atendida por el equipo de voluntarios que trataron de mantener contacto con ella hasta conseguir que una ambulancia entrara al área. Días después se encontraron los restos de los paramédicos y del auto en el que viajaba Hind; tenía más de 300 impactos de balas. El responsable fue el ejército israelí.
“Cuando escuché por primera vez la voz de Hind Rajab sentí algo más allá de sus palabras. Era la voz de la propia Gaza pidiendo ayuda y nadie podía contactarla” declaró la directora tunecina Kaouther Ben Hania, tras 23 minutos de ovación durante el Festival de Venecia. El público se había rendido a los 70 minutos de audios originales que quedaron grabados como testimonio del vía crucis vivido por la niña y el equipo de voluntarios de Media Luna. La grabación fue utilizada de forma integral en la película La voz de Hind Rajab para evitar cualquier intención de manipular o la sensiblería barata. La película es un reclamo a la indiferencia, al abandono en el que el mundo del espectáculo ha dejado a Gaza. Es la impotencia ante la ausencia de esos ángeles en los que Wenders creyó, ¿estarían cobijándola en el auto? O tal vez encarnaron en aquellos voluntarios, los que hablaron con ella durante horas, rezaron, contaron historias para hacerla creer en lo que terminó siendo imposible.
Ben Hania rechazó recibir el premio a la película más valiosa, La voz de Hind Rajib, durante el evento Cinema for Peace, realizado en el marco de la Berlinale: “esta noche no me llevaré este premio. Lo dejaré aquí como recordatorio. Volveré cuando la paz se base en la rendición de cuentas por el genocidio”, afirmó la directora, subrayando que el cine no puede servir para encubrir injusticias en alusión a que en la misma ceremonia había personalidades que, según señaló, respaldan o justifican la ofensiva en Gaza.
Acusaciones de censura contra artistas que se pronunciaron sobre Gaza, los discursos se convirtieron en declaraciones políticas poniendo la iniciativa de libertad y expresión del festival en entredicho. Incluso el director palestino, refugiado en Alemania, Abdallah Alkhatib ganador del premio al mejor debut por su película Chronicles From the Siege, fue advertido de no traspasar “líneas rojas” en su discurso. Sus declaraciones indignaron a funcionarios del gobierno.
Debido a la responsabilidad del Holocausto, Alemania es uno de los mayores apoyos de Israel y el segundo mayor proveedor de armas. Una política que los funcionarios germanos llaman “Razón de estado”.
Ganador del Oso de Berlín por su película Moscas, el mexicano Fernando Eimbcke se pronunció sobre el tema durante la conferencia de prensa. Su discurso es impecable, lo transcribo: “uno de los más importantes cineastas, Jan Luc Godard dijo que no se trata de hacer cine político sino de hacer cine políticamente. Charles Chaplin, otro gran cineasta dijo que las películas no se hacen para enviar mensajes, los mensajes deben ser dichos y enviados desde el pódium. Estoy aquí, (se refiere al pódium de la sala de prensa) así que por favor permítanme enviar un mensaje. Más de 17 mil niños han sido asesinados en Gaza en los últimos dos años. Debo alzar mi voz y pido a todos los gobiernos y organizaciones que alcen su voz también. Este premio está dedicado también a todas las infancias del mundo”.
Según datos de UNICEF, en los últimos dos años se ha constatado la muerte o la mutilación de la escalofriante cifra de 64 mil niños en toda la Franja de Gaza, entre ellos al menos mil bebés. No se sabe cuántos niños más habrán muerto de enfermedades prevenibles ni cuántos seguirán enterrados entre los escombros.
De acuerdo, el arte no está obligado a tomar una postura política, pero en este nuevo orden, los artistas actúan como sujetos activos en contra de la injusticia y la hipocresía de los gobiernos e instituciones culturales a modo. El poder del artista va más allá de sublimar al mundo, de embellecerlo y de darle colores y texturas armoniosas; su mirada es una aguja que penetra en la realidad por espeluznante que sea. El artista es un visionario en todos los sentidos, sabe ver no solo lo que ha ocurrido, sino también puede reflejar en su obra las consecuencias de los actos atroces que los demás omiten por conveniencia. Desde luego, cambiar la realidad no es la labor del arte pero sí puede exhibirla y crear conciencia en todos nosotros. Me parece un crimen que festivales y exposiciones culturales intenten silenciarlo.
Los Ángeles de Wenders abandonaron a los niños de Gaza, los dejaron en el desamparo condenados a vivir el más crudo y miserable infierno posible. Hoy se mueven en las alfombras rojas de los festivales de cine europeo y no están dispuestos a dejar sus alas doradas para arriesgarse por nada. @Suscrowley
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