Susan Crowley
Colección Gelman: una mala comedia de enredos institucionales
18/04/2026 - 12:03 am
"Queda claro que la condición de la Colección Gelman Santander que consta de 160 piezas, de las cuales 30 son patrimonio, ha sido vendido".
La Gelman ha sido por años una colección llena de confusiones, preguntas sin respuestas claras, demandas, malentendidos, pleitos, declaraciones desafortunadas, falta de información, acusaciones de uno y otro lado. Intervenciones de ominosos personajes como un polémico curador, factibles herederos, abogados tramposos, incluso hasta la muerte de un notario. En suma, un verdadero thriller. Si viviera, el productor ideal sería el exitoso Jaques Gelman. Tal vez no estaría de acuerdo en que la trama llegara a la enfadosa discusión entre funcionarios y expertos del arte que tardó tanto en aclararse y contribuyó a la polarización en la que vivimos. Como buen productor, Gelman diría, tanto humo, basura, suspicacias, no ayudan a desentrañar el misterio, esta trama no tiene futuro.
Pero el futuro llegó. Las instancias institucionales han descuidado la manera de informar tropezando, una y otra vez, con sus propios dichos; un problema que en general sufre el segundo piso de la 4T. La exposición en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, Relatos Modernos, que exhibe un legado fantástico de arte mexicano con el nombre Colección Gelman Santander, la pésima declaración por parte del director de la fundación del banco, la tardanza en responder de parte de la Secretaría de Cultura, la desafortunada entrevista de la Secretaria Claudia Curiel ante las atinadas preguntas de Gabriela Warkentin, y el enojo de la Presidenta Claudia Sheinbaum en una Mañanera declarando que la carta pública procede de “personas que no quieren oír, la mayoría en contra de nuestro gobierno”, han convertido lo que pudo ser un suspenso a lo Agatha Christie, en un enredijo y desastre de comunicación.
La colección y su historia son increíbles. De origen ruso, Jaques Gelman fue un exitoso productor y coleccionista de arte. En los años treinta fue fundador de la productora francesa Pathé films, llegó a México en 1938. En una carpa descubrió a Mario Moreno Cantinflas, y lo hizo famoso.
Produciendo películas y gracias a su habilidad en los negocios, amasó una fortuna que le permitió hacerse de una de las más importantes colecciones de arte del siglo XX. Conocida como de la Escuela de París con obras de Bacon, Bonnard, Braque, Léger, Dalí, Dubuffet, Klee, Matisse, Miró, Gris, Picasso, fue donada al Museo Metropolitano de Nueva York. En México conoció a la que sería su esposa, la moldava Natasha Zahalka Krawak. El matrimonio formó parte de la alta sociedad de acaudalados de la época. Sin ser un apasionado por los artistas mexicanos, en 1943 Jaques encargó un retrato de su esposa a Diego Rivera y poco después uno a Frida Kahlo de quien Natasha era amiga y admiradora. Así se formó la segunda colección Gelman de Arte Mexicano, con obras de Frida, Diego, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y María Izquierdo. Más tarde Gerszo, Mérida, Tamayo, Carrington y Toledo, entre otros. También existe una tercera colección, poco mencionada, de arte precolombino.
Al morir Jaques en 1986, Natasha continuó con la expansión de la colección asesorada por Robert Littman, un curador estadounidense recién llegado a México contratado por Televisa para dirigir primero el Museo Tamayo, y después el Centro Cultural de Arte Contemporáneo. Tras la muerte de Natasha en 1988, Proceso publicó una entrevista con Robert Littman en la que este expresó los deseos de Natasha de que la colección permaneciera en nuestro país sin separarse, pero no en una institución pública sino privada; “es mi responsabilidad y preocupación, para asegurarme de que no se separe, de que quede en México. Todo lo que indique la ley mexicana se seguirá”. En 1999, Littman quedó como albacea de la colección creando la Fundación Vergel.
De 2004 a 2008 la Gelman estuvo exhibida en lo que fuera el Casino de la Selva, convertido en Centro Cultural Muros de Cuernavaca, Morelos, financiado por Costco y Comercial Mexicana. Resguardada por 15 años, la colección hubiera encontrado su equilibrio y certeza, pero las protestas por el cierre y demolición del antiguo casino terminaron en la desaparición del espacio. A partir de eso se supo poco de la colección.
En noviembre de 2008 inició la famosa demanda para inhabilitar a Littman como albacea, lo que lo llevó a ocultar la colección. El abogado Enrique Fuentes Olvera y Mario Arturo Ivanova, hijo de Cantinflas, lo enfrentaron en tribunales. La acusación era sobre abuso y fraude cometido en contra de Natasha, que a los casi noventa años se encontraba disminuida ya que sufría de alzhéimer y era propietaria de una colección semilla de 95 obras. Para 2003 la colección había alcanzado un valor de 300 millones de dólares y constaba de 279 obras (según algunos informes, llegó a tener 400 obras en 2023).
El litigio se hizo eterno. Fuentes Olvera demandó sus derechos de heredero universal comprados a Mario Sebastian Krawak, hermano de Natasha y estuvo a punto de ganar la demanda, lo cual probablemente habría producido su desmembramiento. Lo mismo ocurrió con Mario Moreno Ivanova, que argumentó ser legítimo heredero de su madrina Natasha. Sin embargo, Littman logró salir de ambos casos bien librado. Fuentes e Ivanova perdieron y quedaron desprestigiados públicamente y más cuando el notario Gálvez Pérez Aragón, vinculado a Fuentes, fue asesinado a tiros, víctima de un ataque directo.
El ofrecimiento al estado mexicano por 200 millones de dólares no se formalizó. Gerardo Estrada exdirector del INBAL (1992-2000) ha declarado en diversos medios que México dejó ir una oportunidad histórica. Pero Littman tampoco fue fiel a los deseos de Natasha de mantener completa y unida la colección; vendió una buena cantidad de las piezas e hizo un gran negocio a nivel internacional.
Durante años la Gelman dejó de aparecer en público hasta que, el año pasado, saltó a la vista en Sotheby´s de Nueva York. Varias de las obras de la colección estaban siendo subastadas por un coleccionista de Monterrey “anónimo”. Siqueiros por Siqueiros de Siqueiros y Caballos en el circo de María Izquierdo, cuya obra está catalogada como patrimonio nacional, debe seguir las disposiciones legales de protección a los bienes culturales de México y la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos de 1972. Esto no implica que no puedan ser propiedad privada o pasar de un dueño a otro, pero la condición es que deben ser registradas y permanecer dentro del país cada determinado tiempo.
Al llevarse a cabo la exposición en el Museo de Arte Moderno, Relatos Modernos, surgió de nuevo la polémica. La carta escrita y publicada por un grupo de especialistas del arte y muchos agregados, en la que manifiestan su consternación por las declaraciones desde España del director del Faro Santander sobre la colección, que la describe como “una presencia permanente, pero dinámica de la colección en su recinto…” y “…la flexibilidad en la legislación…” Los abajo firmantes manifestaron una “falta de transparencia de la Secretaría de Cultura y el INBAL” sobre el tema. Por lo tanto demandaron claridad sobre la gestión.
La falta de información pública sobre el paradero de las obras, la tardanza en las respuestas, lo poco atinadas de las primeras declaraciones, hicieron que el asunto se complicara. Hasta que finalmente, el 6 de abril Guillermo Osorno entrevistó a Alejandra de La Paz, directora del INBAL en un programa especial de Canal 22. En tono amable y conciliador, la directora explicó la importancia de la colección como un bien cultural y la gestión que el estado brinda. Con ello intentó aclarar las dudas que se habían acumulado. Sin embargo, ni Osorno preguntó ni ella mencionó la gran duda, ¿por qué hoy se llama Colección Gelman Santander? Ayudó en algo que Santander expresara en una nueva carta su compromiso con el INBAL y el acuerdo con el convenio, aclarando que no habrá cambio de propietario.
En síntesis, queda claro que la condición de la Colección Gelman Santander que consta de 160 piezas, de las cuales 30 son patrimonio, ha sido vendida a la familia Zambrano de Monterrey que, en acuerdo con Santander que no es propietaria, tiene el derecho a su gestión; se hará cargo de su itinerancia fuera de nuestro país con una declaratoria de monumento artístico, un estatus de cuidado de parte del Estado. El INBAL está obligado a dar seguimiento al acervo enterando a los compradores sobre sus derechos y obligaciones; se hará cargo del monitoreo periódico y de su ubicación, y estará al tanto de su exhibición y conservación.
Todo este entramado llega hasta hoy y nos hace reflexionar sobre la importancia de que los bienes artísticos públicos sean protegidos por el estado. Si bien pueden ser privados, simbólicamente son nuestros y son parte de nuestra cultura que es tan relevante como nuestra economía, salud y educación. Si el Estado, por falta de presupuesto detuvo hace muchos años la adquisición de obras de artistas mexicanos, debe hacer todo por reactivarla y conseguir que nuestros valores pertenezcan a las colecciones de los museos públicos. Más allá de estar o no a favor de este gobierno, quienes expresaron su preocupación por la colección, lograron que un tema que nos atañe a todos quedará visibilizado y no sólo eso, las filas interminables para visitar el MAM son un triunfo del arte y ojalá eso pasara todos los días y no solo a consecuencia de un escándalo lamentable. @Suscrowley
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