La directora de The Humane League, resume en esta columna la evolución de la organización en pro de los animales, desde las manifestaciones “teatrales” y escandalosas, hasta la búsqueda de lograr el mayor impacto con acciones centradas en la educación y el activismo corporativo.

Por Ana Ortega, The Humane League

El activismo en pro de los animales, al igual que el resto de nuestra sociedad, no se ha quedado estancado. Ha madurado y encontrado nuevos caminos, mucho más inteligentes y efectivos. Nadie puede negar que aquellas protestas, casi teatrales, en que se usaban todos los recursos posibles para llamar la atención del público, fueron necesarias. Colocaron el tema del maltrato hacia los animales dentro de una estructura diseñada precisamente para ignorar esa situación. Un ejemplo es el nacimiento y evolución de The Humane League, una organización dedicada a reducir el sufrimiento de los animales de granja.

En 1997 salió un video en el que empleados de los laboratorios Huntingdon Life Sciences (HLS) maltrataban a los perros con los que trabajaban. Así inició una campaña contra ellos, que los acusaba de crueldad animal. Bajo el nombre de Stop Huntingdon Animal Cruelty (Detengan la Crueldad de Huntingdon) se crearon varios grupos de activistas en diferentes partes del mundo, uno de ellos en Filadelfia, Estados Unidos. Sus tácticas incluían ruidosas manifestaciones frente a las instalaciones de HLS, las casas de los investigadores y hasta inversionistas de la empresa. Esto les valió algunos arrestos y órdenes de restricción, además de ser llamado “terroristas” por los medios.

Pero ¿qué hacer después? Qué hacer luego de haber gritado ¡esto está mal!. Quejarse es muy fácil, cambiar aquello en lo que no estamos de acuerdo requiere esfuerzos más grandes y hasta reestructurar la manera en la que pensamos. Pasar del enojo a buscar la manera de impactar a muchos individuos con nuestras acciones. Aquellos llamados animales de granja son el grupo más numeroso y explotado en este planeta. En un año, más de 150 mil millones (FAO, 2003) son sacrificados y tratados cruelmente en todo el mundo.

Actualmente tienen la campaña “Soriana es cruel”. Imagen: Cortesía THL

Este pequeño grupo renovó sus estrategias año tras año, hasta convertirse en The Humane League, una organización con más de 50 miembros y presencia en varios países, cuyas acciones están centradas en la educación y el activismo corporativo. Este último tiene como propósito modificar las políticas de abastecimiento de empresas que son líderes en el mercado y que fácilmente podrían crear nuevas tendencias de consumo. Imaginen que cada compañía importante no compre más a productores que se niegan a efectuar cualquier tipo de mejora en el bienestar de los animales y únicamente le diera su capital a aquellos dispuestos a hacer un cambio.

THL llegó a México hace más de dos años y ha sido reconocida por 5 años consecutivos por Animal Charity Evaluators como una de las agrupaciones de protección animal más efectivas. En los últimos meses ha logrado que marcas como Alsea (Domino’s Pizza, Starbucks, Burger King, Italianni’s, el Portón), Grupo Bimbo, Grupo Refrán (Wendy’s y Sirloin Stockade), Grupo Costeño, CMR, entre muchos otros, tomen este compromiso y lo conviertan en parte de su lucha por ser empresas con responsabilidad social.

No ha sido fácil, ni lo será. Estas compañías reportan ganancias millonarias y tienen los recursos económicos para hacer nuestra tarea más lenta. Me recuerda un poco a la historia de David y Goliat, en la que un joven logra derrotar al soldado más grande y fuerte de los filisteos con tan solo una honda y una roca. Diario nos enfrentamos a corporativos gigantescos con recursos casi infinitos. Se estima que el presupuesto total de todas las organizaciones de protección animal es apenas el 3.2 por ciento de lo que estas empresas tienen destinado para publicidad (Sethu, 2012) . Sin embargo, esta piedra que arrojamos a un Goliat poderoso, está cargada con una sociedad que hoy tiene la esperanza de que las cosas pueden cambiar. Por esta razón, nunca hemos perdido una campaña.

Las organizaciones no se rinden a pesar de que saben que luchan contra un gigante. Imagen: Cortesía THL

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Ana Ortega

Ana Ortega es directora para The Humane League en México. Foto: Cortesía de la autora

Es Licenciada en Mercadotecnia y Maestra en Ciencias con especialidad en Calidad y Productividad por el Tecnológico de Monterrey Campus Monterrey. Tiene una trayectoria de trabajo con organizaciones de la sociedad civil mexicanas e internacionales y de consultoría a gobierno sobre el tema del trato ético a los animales. Actualmente se desempeña como Directora para The Humane League en México, una de las organizaciones civiles internacionales más efectivas del planeta en la defensa de los animales de granja de acuerdo a la calificadora Animal Charity Evaluators.