Ernesto Hernández Norzagaray
El PT no es traidor, hace política
28/03/2026 - 12:01 am
"Con la reforma disminuida del Plan B, el PT buscará mantenerse en la coalición para las elecciones de 2027 y la Presidenta sabe que lo necesita".

En las últimas semanas el debate político sobre el plan B de la iniciativa de Reforma Electoral presidencial ha estado irracionalmente colmada de calificativos, denuestos, demonizaciones y amenazas contra los dirigentes y legisladores del Partido del Trabajo.
Y arreció cuando los petistas se ausentaron en la sesión de la Comisión para la Reforma Electoral del Senado de la República y continuó desde el poder y su opinocracia, ya no sólo con descalificaciones, sino con cuestionamientos maniqueos, como el expresado por la Presidenta Sheinbaum, quien dijo en una de las conferencias mañaneras que los petistas tendrían que “explicar su postura al pueblo de México”.
Los petistas reaccionaron señalando que existía una “campaña negra” desde Palacio Nacional, la dirigencia de Morena y la fracción morenista de la Cámara de Diputados, sin considerar que todo ello dificultó construir acuerdos sobre el tema más sensible como fue la consulta sobre la revocación del mandato presidencial y su coincidencia con las elecciones federales intermedias y diecisiete gubernaturas, cientos alcaldes y diputados locales, porque, a juicio de sus dirigentes, le resta protagonismo a los partidos y hace inequitativa la competencia favoreciendo a Morena.
Fuera del ruido y frente a hechos consumados la madrugada del jueves pasado en el Senado de la República buscamos encontrar en la teoría política una explicación menos subjetiva y más racional del desencuentro entre Morena y su aliado más a la izquierda.
Giovanni Sartori, en una de sus obras clásicas, apuntó que los partidos tienen intereses propios por lo que realizan cotidianamente no sólo cálculos políticos, sino estratégicos en relación con sus aliados o frente a sus adversarios políticos, buscando siempre obtener el máximo beneficio.
Y en esta disputa donde Morena buscó mayor hegemonía, los senadores petistas encontraron un espacio para decir "no" y abandonaron su papel de rémora política como muchos lo han calificado, y es que los dirigentes de este partido han visto su poder como partido bisagra para reformas constitucionales y actuaron en consecuencia.
Ahora el PT puede decir, a través de sus posturas irreductibles, “no somos grandes, pero sí indispensables”.
En esto, Sartori, le reconocería capacidad de “chantaje político” y agregaría que no es anormal y menos una traición, sino parte esencial del juego democrático sea en sistemas multipartidistas o de partido dominante, incluso, en autocracias electorales (como califica a nuestro sistema político el instituto sueco V-Dem) los aliados pequeños siguen siendo útiles porque dan muestra de legitimidad y flexibilidad.
Ahora bien, en contextos políticos de grandes coaliciones ese poder es menos visible, pero sigue operando en cada negociación clave y, dicho de paso, la descalificación del otro podría convertirse en un bumerán contra de quien lo lanza pues, agrega el ingrediente de la animosidad política.
Eso tensa las relaciones entre poderes y, más en una cultura política como la nuestra donde el señalamiento de traición tiene una carga histórica negativa por la traición de Victoriano Huerta a Madero.
Claudia Sheinbaum, a diferencia de la Presidencia de López Obrador, no ha logrado mantener una unidad estable en Morena y con los partidos de la coalición que la llevaron a Palacio Nacional “Sigamos haciendo historia”, incluso, por la vega del poder hasta los actores criminales se rebelan por el fin de la estrategia de “abrazos no balazos” y eso significa, que múltiples actores, tienen poder de veto.
Por ejemplo, un cártel tiene ese poder cuando altera elecciones mediante la violencia o el financiamiento ilegal; cuando desestabiliza estados completos o llega a castigar decisiones gubernamentales con un incremento de la violencia significando que este no necesita gobernar para influir.
Y lo mismo actores sistémicos como el PT, que cuentan con capacidad de veto lo que encaja perfectamente con la lógica sartoriana de que “no importa el tamaño formal” que pueda tener un factor de poder, sino su capacidad de alterar las iniciativas presidenciales y el sistema político.
Pero no sólo los aliados o la oposición tienen capacidad de chantaje, el gobierno también lo tiene y ejerce, cuántas veces no hemos escuchado que los partidos legislativos hacen trueques con el partido gobernante de manera que “yo te doy votos, tú me concedes beneficios”.
Sin embargo, todo tiene un límite y ese límite es la sobrevivencia en el sistema de partidos, y justamente es lo que está haciendo el PT. Primero no acompañó a la Presidenta en el llamado Plan A, segundo, tampoco en lo sustantivo del B, porque, seguramente, han hecho los cálculos y saben que apoyarla significa hacerse el harakiri. No tener recursos y hasta ser absorbidos por Morena, y eso es inaceptable para un partido que entendió su peso específico y lo aprovecha en su beneficio.
La pregunta de fondo, ahora con la reforma disminuida del Plan B, el PT buscará mantenerse en la coalición para las elecciones de 2027 y la Presidenta Sheinbaum sabe que lo necesita para mantener su mayoría legislativa y en caso de que avanzara la idea de la “traición” le queda la posibilidad de construir otras coaliciones especialmente con el Verde o MC, incluso con el PRI, no olvidemos que sus orígenes están asociados con el salinismo.
Y podrá decirse que eso es imposible o que es cosa del pasado, que ahora es distinto, sin embargo, si algo ha demostrado el PT en esta coyuntura, es que hace política con la vista puesta en 2027 y 2030. A Morena, no le conviene, en ninguna circunstancia romper definitivamente con el PT, porque en política lo que no suma, resta y eso podría trasladarse a los estados donde habrá elecciones competitivas, por ejemplo, en Baja California, Jaime Bonilla, dirigente estatal del PT, que está bajo proceso judicial ha dicho que su partido no acompañará a Morena.
Es decir, el chantaje puede tener un efecto multiplicador en otros ámbitos de la política territorial y eso, probablemente, reconfiguraría el mapa político y el margen de operación política de la Presidenta Sheinbaum.
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