Ciudad de México, 16 de junio (SinEmbargo).– Tom Nichols es contundente. Su artículo en The Atlantic se encabeza así: “Trump celebra mientras Estados Unidos capitula. El acuerdo de paz con Teherán es una victoria para Irán”.
“El Presidente Trump anunció que Estados Unidos e Irán llegaron a un acuerdo para poner fin a la guerra. ‘¡Felicitaciones a todos!’, publicó esta noche en su sitio web Truth Social. Acto seguido, se dirigió a supervisar el ostentoso espectáculo público que había organizado para su cumpleaños en el jardín sur de la Casa Blanca. Sin embargo, Estados Unidos tiene poco que celebrar: Trump y su equipo, en tiempo récord, acaban de perder una guerra contra un adversario militarmente mediocre, pero no por ello menos peligroso”, señala.
Nichols es profesor emérito de asuntos de seguridad nacional en el Colegio de Guerra Naval de los Estados Unidos, donde impartió clases durante 25 años, e instructor en la Escuela de Extensión de Harvard.
“Los detalles del acuerdo aún no se han confirmado, pero el Presidente, por supuesto, está ansioso por presentar el resultado como una victoria. (Trump tenía prisa por firmar el acuerdo el día de su cumpleaños; los iraníes, que ahora parecen estar al mando de todo este asunto, anunciaron que enviarán a alguien a una reunión en Suiza el viernes). Pero incluso antes de conocer los detalles, es evidente que Trump no ha logrado ninguno de los objetivos que se propuso para esta guerra, y ahora está decidido a firmar, sellar y entregar la capitulación de Estados Unidos lo antes posible”, dice.

“Si la palabra ‘derrota’ parece demasiado fuerte, consideremos lo que sabemos sobre cómo terminará esta guerra. Irán ha sufrido daños significativos a causa de las acciones militares estadounidenses e israelíes. Pero, como advertimos otros desde el principio, matar gente y bombardear no garantizan la victoria. La realidad es que la guerra terminará con el régimen de Teherán intacto y bajo el control de la Guardia Revolucionaria Islámica; el Estrecho de Ormuz seguirá bajo la amenaza de ataques iraníes; Irán continuará poseyendo importantes arsenales de drones y misiles; el régimen mantendrá la capacidad de patrocinar el terrorismo; y se levantarán muchas sanciones, lo que permitirá que miles de millones de dólares en activos descongelados fluyan hacia Irán. En otras palabras, los iraníes han logrado sus principales objetivos estratégicos —la supervivencia del régimen, por encima de todo—, mientras que los estadounidenses no han logrado ninguno de los suyos”, concluye Tom Nichols.
Una nación humillada
El editorial principal de The New York Times es contundente. Se titula: “El Presidente Trump perdió esta guerra”. Recuerda que desde que comenzó la guerra, afirmó que Estados Unidos lograría una “victoria total y completa”, y que Irán debía aceptar una “rendición incondicional”.
Washington, agrega, “sugirió que se produciría un cambio de régimen. Declaró que a Irán no se le permitiría enriquecer uranio y que Estados Unidos, en colaboración con Irán, desenterraría y eliminaría todo el material nuclear de grado casi explosivo que posee, enterrado a gran profundidad. Nada de esto parece ser cierto. El gobierno de línea dura de Irán se mantiene en el poder”.

“La historia de las guerras modernas estadounidenses, particularmente en la región de Irán, está plagada de arrogancia que propició la derrota. Sin embargo, Trump ignoró la planificación reflexiva en cada paso. Aceptó la visión optimista del Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu, quien predijo que el régimen iraní caería rápidamente. Trump desestimó las opiniones de sus asesores, quienes le dijeron que el pronóstico de Netanyahu era ridículo. Trump ignoró la Constitución y se negó a buscar la aprobación del Congreso para la guerra. No escuchó a los aliados europeos y asiáticos que se oponían a su guerra. No previó la evidente capacidad de Irán para cerrar el Estrecho de Ormuz. Hizo amenazas de destruir la civilización iraní que sólo lograron menoscabar la reputación moral de Estados Unidos”, añade el consejo editorial de The New York Times.
“Por sus pecados, ahora ha aceptado un marco de paz que el mundo entero entiende que representa una derrota para él. También es un revés para Estados Unidos”, sostiene.
Con las manos vacías
Robin Wright, colaboradora y columnista de The New Yorker desde 1988, considera que Trump parece querer, una y otra vez, construir una narrativa de victoria para sus electores. “Pero un memorando de entendimiento, a pesar de su título diplomático, es sólo un conjunto general de principios que aún deben negociarse minuciosamente, especialmente el programa nuclear, que fue la razón principal por la que Estados Unidos e Israel entraron en guerra el 28 de febrero”.

“El estado tanto de la guerra como de las negociaciones de paz se ha vuelto más confuso cada día. En X, Gregg Carlstrom, corresponsal de The Economist en Oriente Medio y autor de ‘¿Cuánto tiempo sobrevivirá Israel?’, reflexionó: ‘La credibilidad estadounidense se ha deteriorado hasta el punto de que el Presidente puede anunciar un acuerdo diplomático y la reacción casi universal es de esperar a la confirmación de Tasnim [sitio de noticias de Irán]’, que es el medio semioficial de la Guardia Revolucionaria iraní. El viernes, Tasnim replicó que aún no se había llegado a ningún acuerdo. También republicó el comentario de Carlstrom en su propia cuenta de X”, escribe Wright.
El consejo editorial de The Wall Street Journal dice hoy que Trump presenta su último acuerdo de alto al fuego con Irán como “un símbolo de paz para nuestros tiempos, pero es más probable que el mundo lo vea como una retirada estratégica que no le permitirá alcanzar sus objetivos bélicos. Para reabrir el Estrecho de Ormuz, Trump acepta las promesas de Irán simplemente de negociar sobre su programa nuclear”.
“La mayor parte de la prensa ha sido hostil desde el principio, pero nosotros hemos apoyado la política del Presidente hacia Irán”, reconoce el diario pro Trump. “Lo hemos hecho porque un Irán nuclear representaría una amenaza existencial y porque queremos que los presidentes tengan éxito cuando van a la guerra”, afirma, aunque reconoce que Trump se ha salido del conflicto con las manos vacías.



