Jorge Alberto Gudiño Hernández

Volver a la Luna

05/04/2026 - 12:01 am

"Mirar a la Luna y pensar en que pronto habrá una navecita que nos estará acercando un poco más a aquello que nos está vedado".

Luna llena vista sobre la Ciudad de México. Foto: Li Muzi, Cuartoscuro.

La discusión es larga y tiene tantas variantes como discutidores. ¿Por qué alguien destina recursos para ayudar a perros sin hogar y no para orfanatos?, ¿por qué alguien prefiere donar para las misiones en África y no para las madres buscadoras de nuestro país?, ¿son egoístas las personas que no donan nada a la caridad, pero viven al día?, ¿lo son más que aquéllos que entregan una cantidad ínfima de sus ingresos, pero gastan pequeñas fortunas en su vida cotidiana?

Cuando se extrapolan ese tipo de preguntas a un contexto mucho más grande, se llega, casi inevitablemente, a una relacionada con el espacio: ¿por qué los gobiernos gastan tanto en la exploración espacial habiendo tantos problemas como los hay en el mundo? Y se acota más con lo sucedido esta semana: ¿por qué no usar los recursos que consume Artemis II para resolver las graves crisis humanitarias que hay por doquier?

No hay una respuesta sencilla. Más allá de la subjetividad que lleva a alguien a comprar una bolsa de croquetas antes que leche en polvo para niños, en los asuntos de la exploración espacial se buscan objetivos que no tienen que ver con los beneficios inmediatos.

Se busca, ante todo, conocimiento.

Y, sí, también es alzar la voz frente al resto de las potencias involucradas en la carrera espacial; demostrar que se puede hacer algo que parecía imposible; romper el récord de la distancia más lejana a la que ha estado un ser humano de la Tierra y muchas minucias más.

Lo importante, empero, es todo el conocimiento que se ha tenido que desarrollar para poder hacer un viaje como el de Artemis II. Y todo el conocimiento que dicho viaje generará. Incluso la idea, lejanísima, pero permanente, de que la humanidad algún día se mude del planeta, logra un pequeño porcentaje extra de posibilidad gracias a un viaje como éste.

Yo no estaba vivo cuando alunizaron los primeros hombres. Algunos relatos dan cuenta del entusiasmo de los enterados. Esos miles de personas frente a un sistema televisivo muy limitado que compartieron la euforia de lo gregario. A diferencia de entonces, ahora tenemos acceso a un buen número de videos y crónicas, a explicaciones, a información de todo tipo… Y, en proporción, parece comentarse poco. Como si ese entusiasmo hubiera desaparecido ya no por la repetición de la hazaña, sino por un desinterés generalizado.

Ignoro en qué debería gastar su dinero y sus recursos un gobierno determinado. No sé si es necesario que una persona deba justificar sus actos de caridad o su negativa a regalar una moneda más allá de su propia familia. Sin embargo, agradezco empresas como la de los viajes a la Luna, como los de las sondas que andan en el límite del sistema solar, como los telescopios que se instalan fuera de nuestro planeta, los detectores de ondas gravitacionales o los aceleradores de partículas. Cuestan una cantidad ingente de recursos que, sin duda, podrían aprovecharse en otras cosas, pero se destinan a éstas: proezas que tienden a generar más conocimiento. Algo que, a la larga, apuntala lo más profundo de nuestra esencia; ¿acaso no somos sapiens?

Mientras intento responder todas estas cosas, no puedo sino mirar a la Luna (que, además, está llena) y, al hacerlo, pensar en que pronto habrá una minúscula navecita, tripulada por cuatro pasajeros, que nos estará acercando un poco más a todo aquello que nos está vedado.

Jorge Alberto Gudiño Hernández

Jorge Alberto Gudiño Hernández es escritor. Recientemente ha publicado la serie policiaca del excomandante Zuzunaga: “Tus dos muertos”, “Siete son tus razones” y “La velocidad de tu sombra”. Estas nov... Ver más

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