Gustavo De la Rosa

Nueva Rosita y la lucha de clases

11/04/2026 - 12:05 am

"Vi las fotografías de las mujeres que participaron en la marcha de Nueva Rosita al Distrito Federal y me produjeron un viaje hacia el pasado".

En 1951, más de 100 mujeres participaron en la llamada “Caravana del Hambre”, acompañando a los mineros de Nueva Rosita, Coahuila. Foto: Presidencia.

El día de hoy, jueves al estar como público en la mañanera en la presentación de espacio "Mujeres en la Historia", vi las fotografías de las mujeres que participaron en la marcha del hambre de Nueva Rosita al Distrito Federal y me produjeron un viaje hacia el pasado, hasta llegar a mi infancia en 1951, en Chávez (Francisco I. Madero, Coahuila) recordé los rostros de esas mujeres, esas caras de niños acompañándolas, que me despertaron la memoria de mi infancia más largamente oculta en mi subconsciente. Efectivamente, tenía cinco años de edad cuando se hizo la marcha por los mineros de Nueva Rosita. Empecé a recordar fragmentos de esos momentos que discutían en mi entorno sobre la marcha de Nueva Rosita. No recuerdo la razón por la que Nueva Rosita, Coahuila, estaba vinculada de alguna manera con la población de Chávez pero era un pueblo muy familiar con los vecinos de aquel poblado de la Laguna, donde nací y crecí hasta los 11 años. Recuerdo discusiones y pláticas entre ellos sobre  la marcha de Nueva Rosita.

Recuerdo que en esa marcha aprendí, que un tema así fuera objeto de discusión en la población, esa lucha para mi niñez era tan justificada y tan increíble, que tuvieran que marchar desde Nueva Rosita hasta la Ciudad de México. Me imaginaba,con la desproporción  de las mentes infantiles, que era una distancia tan grande como entre Ciudad Juárez y Tierra del Fuego, considerando las visiones geográficas reales y que hubiera quienes criticaran a esas personas. y que los críticos fueran los más ricos del pueblo y los defensores de la marcha eran mi mamá y los clientes trabajadores del taller de mi padre.  No recuerdo más; no recuerdo cómo se resolvió ni qué pasó después, porque los recuerdos de la infancia son como pequeñas olas del mar que tocan la memoria de uno y regresan años después en trozos.

Después de la muerte de Pedro Infante cuando ya nos habíamos trasladado a vivir a Ciudad Juárez, volví a tener  esa impresión. La Huelga Ferrocarrilera, y los nombres de Vallejo y Campa. En aquel tiempo los ferrocarriles eran como las arterias que cruzaban el país de norte a sur y viceversa,  por las cuales se movía la población de un lugar a otro.

En ferrocarril hice mi primer viaje hacia Sierra la Mojada, Coahuila, a cursar primer año de primaria y el catecismo, pues era  la cuna de los antepasados de mi madre y ahí teníamos que empezar a estudiar ahí bajo las miradas  de la "Mamá Grande".

Fue en ferrocarril donde viajamos cuatro o cinco veces de la cercana  Torreón a Juárez y regresabamos. Anecdóticamente en  el trayecto de Juárez a Torreón, al llegar, a Gómez Palacio, el conductor del ferrocarril gritaba “Gómez Palacio aguilas con los belices” con la socarronería de los mexicanos; despertar a los dormidos y advertir a los viajeros sobre los pillos de "Gómez".

Pero regresando a las Huelgas ferrocarrileros, estas también fueron acompañadas por las Huelgas de los maestros y algunos movimientos muy fuertes de campesinos resonando los nombres de Otoh Salazar, Rubén Jaramillo y  Danzos Palomino. Para entonces ya tenia 11 y 12 años y leía la prensa de García Valseca, que los pintaba como demonios, a los cuales encarcelaron "para salvar a México".

Aquello era la Lucha de Clases,  por un lado los que tenían dinero o participaban del poder gubernamental y por otros mi mamá y los trabajadores conscientes,  también en las polémicas de mi entorno familiar y laboral a veces venían algunos "pochos" mexicanos que vivían en El Paso, y que presumían de ser americanos y querían dictar cátedra con una escasa información y un sentido común muy elemental. En todas esas discusiones finalmente mi Padre opinaba y ahí. Familiarmente se terminaban las polémicas, pues la máxima sabiduría  la rúbricaba con un terminante "No Me Contra-digas" .

Luego de 1960, con la caída de Batista en Cuba, el carismático Kennedy y su feroz oponente Nikita Kruschev, la implosión juvenil y femenil, los Beatles, los Rolling Stones, Joan Báez y Bob Dylan, se me vino el mundo encima, pero ya tenía las herramientas básicas para entender que en el país había una feroz lucha de clases y que el gobierno jugaba con los poderosos.

Gustavo De la Rosa

Es director del Despacho Obrero y Derechos Humanos desde 1974 y profesor investigador en educacion, de la UACJ en Ciudad Juárez. Ver más

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