Jorge Alberto Gudiño Hernández

Ejercicios mentales

19/04/2026 - 12:01 am

"Salvo mi conocido, no sé de muchos que se sienten a diario a resolver ecuaciones sólo por practicar. No solemos entrenar a nuestro intelecto".

Maestra y alumno trabajan en Club de Tareas. Imagen ilustrativa. Foto: Rogelio Morales Ponce, Cuartoscuro.

Recuerdo lo mucho que me sorprendí al enterarme de que Einstein había desarrollado buena parte de su teoría de la Relatividad espacial a partir de un ejercicio mental. Una pregunta muy recurrente en las entrevistas que me han hecho como escritor es: “¿cómo surgió la idea?” para determinado libro. Cuando mis hijos aprendieron a hacer ciertas operaciones matemáticas, les gustaba hacer la cuenta en el mercado, en el puesto de la fruta o en la tiendita. Alguna vez, un conocido me confesó que, cuando estaba muy estresado, se ponía a resolver sistemas de dos o tres ecuaciones con sus respectivas incógnitas.

En todos los casos, con evidentes niveles de diferencia, se trata de ejercicios mentales.

Todos los hacemos como parte de lo que nos ocupa cotidianamente. Resolver problemas es una de las funciones sustantivas de nuestra inteligencia. Problemas que hay para todos los gustos y posibilidades, en cada una de las ramas del conocimiento, a partir de cualquier tipo de habilidad y con objetivos más o menos claros.

Interesa el “ejercicio” entendido como entrenamiento. Hacemos ejercicio para mejorar nuestra condición física; para mejorar el estado de salud; para bajar de peso, ser más fuertes y más rápidos; para prepararnos para una competencia; para incrementar nuestros niveles de oxígeno en la sangre o por mera diversión.

En este caso, el ejercicio físico no parece ser un fin en sí mismo, aunque lo es. Nadie consideraría que salir a caminar, tener una rutina de fuerza, acudir a clase de Yoga, correr tres veces por semana o practicar algún deporte en cualquiera de sus niveles es, en general, perjudicial. Es algo que fomentamos porque sabemos que buena parte de nuestra salud actual y, sobre todo, de la futura, depende de esas actividades.

¿Por qué, entonces, no practicamos los ejercicios mentales con igual disposición?

Salvo la rareza de mi conocido, no sé de muchos que se sienten a diario a resolver ecuaciones sólo por practicar. Tampoco a multitudes que se dedican a imaginar escenarios muy peculiares en donde el comportamiento de las bacterias indique alguna evidencia. Recorto aquí la lista porque, ésta sí, podría ser demasiado extensa. Sirvan los ejemplos para decirlo: no solemos entrenar a nuestro intelecto.

Es trampa asegurar que sí, que lo hacemos en nuestras actividades cotidianas. Sería tanto como aseverar que tenemos una rutina de cardio porque caminamos hasta el baño cada vez que tenemos ganas. El entrenamiento útil, se sabe, es el que incomoda, el que da trabajo, el que nos lleva a cierto límite.

Tal vez estemos viviendo una transición en términos de humanidad. Como ahora somos capaces de vencer al tedio con una nueva consulta a la pantalla y esto podemos hacerlo con inmediatez, renunciamos como nunca antes al entrenamiento. Incluso en el baño. Es relativamente común ver a hombres frente al mingitorio con su teléfono en la mano.

Las consecuencias son previsibles: la falta de ejercicio debilita hasta atrofiar. Así de simple.

Quizá sea momento de resolver algunos sistemas de ecuaciones… o de plantearnos problemas fuera de nuestras áreas de conocimiento y experiencia. A fin de cuentas, poco puede salir mal si todo ese trabajo lo hacemos dentro de nuestras cabezas. Y el beneficio es claro.

Jorge Alberto Gudiño Hernández

Jorge Alberto Gudiño Hernández es escritor. Recientemente ha publicado la serie policiaca del excomandante Zuzunaga: “Tus dos muertos”, “Siete son tus razones” y “La velocidad de tu sombra”. Estas nov... Ver más

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