Adela Navarro Bello
La muerte sospechosa de dos agentes de la CIA en Chihuahua
22/04/2026 - 12:03 am
"Tampoco resulta difícil pensar que los agentes no identificados estaban colaborando con su experiencia con el uso de drones".

De suyo es sabido que en la Embajada y los nueve Consulados de los Estados Unidos en México, uno de ellos en Ciudad Juárez, despachan en discretos cubículos de oficina agentes de corporaciones diversas de la Unión Americana, de la DEA que es la agencia antidrogas, o del FBI, el buró de investigaciones de aquella Nación, incluso del HSI que es la oficina de investigaciones de seguridad nacional. Y de la CIA, la agencia central de inteligencia del gobierno de Norteamérica.
Pero también es conocido oficialmente que su labor se limita a tales oficinas, trabajan con pasaportes diplomáticos y su principal labor es la recopilación de información para su análisis, en particular en el tema del narcotráfico y la política. En un tema tan profundo, preocupante y de gravedad para ambas naciones como suele ser el de los cárteles, que son binacionales dado que mientras su producción y trasiego se hace en México, el mercado final mayormente es el territorio norteamericano.
En esas condiciones el análisis de la información de lo que sucede en México con las muchísimas células que los cárteles de las drogas tienen a lo largo y ancho del país, suele ser una parte relevante de la labor de esos agentes que, también de manera expresa oficialmente y remarcada de forma constante por la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, no tienen facultades para operar en tierras mexicanas, dado el respeto que deben a la soberanía nacional. Eso no ha impedido que los agentes norteamericanos hayan sido clave en la captura y abatimiento de capos de la droga, como sucedió con varios criminales del cártel Arellano Félix, por ejemplo la captura en el 2014 de Fernando Sánchez Arellano, el Ingeniero, o la aprehensión de Joaquín Guzmán Loera en 2104 en Mazatlán y en 2016 en Los Mochis, Sinaloa, o la caída de Nemesio Oceguera Cervantes, el Mencho, en febrero de este 2026, y algunas otras que no llegan a ser publicitadas.
Cuando el enero de 2025 el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, firmó un decreto para que siete cárteles de las drogas en México fuesen catalogados como organizaciones terroristas, comenzó a deslizar la idea de una participación directa de sus corporaciones en suelo mexicanos para combatirlos, y entonces empezó un nuevo conflicto verbal entre las presidencias de los países vecinos, entre Trump amenazando con ello y Sheinbaum negándose a aceptarlo argumentando la soberanía nacional de México.
Pero lo que sucedió el fin de semana en Chihuahua revela que los agentes norteamericanos sí operan en territorio mexicano, aún a desconocimiento de la Presidenta de la República. Y las consecuencias fueron fatales para ambos países.
El jueves 16 de abril de 2026, Fuerzas Armadas detectaron un narco laboratorio de metanfetamina, quizá el más grande con el que se haya dado a la fecha, con capacidad -según investigadores- de producir unas dos toneladas por sesión, aunque dicen que no fue utilizado en muchas ocasiones. Está ubicado en El Pinal, Chihuahua, muy cerca de las fronteras que integran el Triángulo Dorado entre los Estados de Chihuahua, Durango y Sinaloa. Llegar a esa locación partiendo de Ciudad Juárez puede tomar hasta dos días en auto dada la ubicación en la zona serrana chihuahuense, precisamente enclavada en la Sierra Madre Occidental, por lo tanto de difícil acceso y de una alta complejidad geográfica.
Después de localizar el laboratorio clandestino, los elementos de las Fuerzas Armadas y de la Agencia Estatal de Investigación de Chihuahua se retiraron del lugar aquel jueves 16 de abril; documentaron lo localizado y emprendieron el viaje de regreso. Requerían refuerzos para asegurar lo descubierto.
Un día después, el viernes 17 de abril de 2026, según la versión oficial, en el camino se “encontraron”, así, casualmente, con dos agentes de una corporación de los Estados Unidos (no definieron a cuál pertenecían) que, otra vez oficialmente, coincidentemente estaban ofreciendo una capacitación en el uso de drones en la zona -o sea, en medio de la Sierra Madre Occidental-, y, de manera increíble, o poco creíble pues, los norteamericanos le pidieron un aventón al convoy de Fuerzas Armadas y Agentes Estatales, justificando que debían tomar un vuelo de Ciudad Juárez a Ciudad de México, a lo que los mexicanos respondieron afirmativamente.
La comitiva de autoridades mexicanas estaba conformada por cinco vehículos, unos de guerra propiedad de las Fuerzas Armadas, otros de uso policial de los Estatales. Uno de estos últimos era tripulado por Pedro Román Oceguera, director de la Agencia Estatal de Investigaciones de Chihuahua, Manuel Méndez, Policía Ministerial del mismo Estado, y fue justo en ese donde se subieron los dos agentes norteamericanos que “pidieron el aventón”.
Un día después, el sábado 18 de abril de 2026, y no estando el vehículo donde viajaban los cuatro, al inicio de la comitiva de las cinco unidades que conformaban el convoy que había descubierto el mega laboratorio clandestino, sucedió un accidente. A las dos de la mañana según reportan, otra vez, de manera oficial, de las cinco unidades, sólo la tripulada por el director de la Agencia Estatal de Investigaciones de Chihuahua, el ministerial y los dos agentes de los Estados Unidos, tuvo un desliz, literal, y salió del camino sinuoso a alta velocidad hasta terminar en un desfiladero. Debido a lo accidentado del terreno serrano, se supone que la unidad dio varios vuelcos para al final de su caída explotar, matando a los cuatro ocupantes.
Ese mismo sábado 18 de abril de 2026, pero a las 10 de la mañana, es decir, ocho horas después del accidente donde perecieron los dos estatales y los dos agentes norteamericanos, las Fuerzas Armadas y los Estatales restantes, dieron aviso a sus superiores de la localización del mega laboratorio del narco sucedido dos días antes. No se sabe si también informaron del “accidente” donde fallecieron los dos agentes del Estado de Chihuahua y los dos elementos norteamericanos especialistas en el manejo de drones para vigilancia, descubrimiento y aseguramiento de objetivos específicos.
Fue hasta el 19 de abril de 2026, a tres días del descubrimiento del laboratorio del narco, por cierto, adjudicado al Cártel de Sinaloa, y a un día y medio del “accidente” donde perdieron la vida dos agentes estatales y dos norteamericanos, que las autoridades del Estado de Chihuahua, el Fiscal, dio una conferencia de prensa para informar de lo sucedido. Un día después, el lunes 20 de abril, es cuando la pregunta llega a la conferencia mañanera de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, y ella, en su modo ya clásico, dijo no saber qué ocurrió, que pediría información para documentar que no se hubiera violado la soberanía nacional.
El caso de suyo es muy sospechoso. No es casual, al menos no resulta creíble la versión oficial, de que fueron mexicanos quienes localizaron en un recóndito lugar de la Sierra Madre Occidental un narcolaboratorio, “el más grande que se haya descubierto” según testigos, sin la ayuda de los dos agentes norteamericanos que casualmente estaban ahí y son expertos en el manejo de drones. De hecho, la mayoría de esos descubrimientos se hacen así, con equipo digital aéreo no tripulado, porque son zonas de difícil acceso terrestre.
Tampoco resulta difícil pensar, o por lo menos sospechar, que los agentes no identificados (hasta la fecha siguen sin ser identificados por las autoridades de su país o las representaciones diplomáticas en México), estaban colaborando con su experiencia con el uso de drones, en la ubicación del narco laboratorio que producía una o dos toneladas al mes para, presumiblemente, el Cártel de Sinaloa. Por lo tanto, y es algo en lo que coinciden investigadores, también es sospechosa la forma en que murieron los dos estatales y los dos agentes norteamericanos, que de acuerdo a las fuentes de los diarios The New York Times y The Washington Post, se trataría de agentes de la CIA, la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, porque de cinco vehículos, sólo el que tripulaban ellos sufrió un accidente y explotó. “O alguien les ordenó eliminarlos, o fue un accidente increíble”, resuelven los indagadores.
El tema, aunque el Presidente de los Estados Unidos anda muy ocupado en el Estrecho de Ormuz, será sin duda, de debate en los próximos días. Especialmente tratándose de las labores que agentes de la Unión Americana realizan en México, y de dos elementos norteamericanos muertos, en circunstancias dudosas, por decir lo menos.
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