Jorge Alberto Gudiño Hernández

Ciclovía inaugurada

26/04/2026 - 12:01 am

"Durante el tiempo que estuvimos, vimos apenas a unos diez ciclistas usando la ciclovía. Había más, pero preferían utilizar la calle o las banquetas".

Con meses de retraso, reclamo permanente por sexo servidoras y cruces de alto riesgo se inauguró la ciclovía Gran Tenochtitlán. Foto: Rogelio Morales Ponce, Cuartoscuro.

El domingo pasado inauguraron la ciclovía de Tlalpan. Al margen de las molestias a los vecinos y el incremento al tráfico automovilístico, he escuchado argumentos razonables para la construcción de la misma. Entre ellos, destaca el hecho de que es importante priorizar la movilidad no motorizada. También, que los ciclistas merecen tener una vía confinada para que no tengan accidentes y, hasta ahora, circular en Tlalpan en bicicleta era un deporte de alto riesgo.

Como es cada vez más frecuente, hace un par de días quedé detenido en Tlalpan: dos y medio kilómetros en 41 minutos, según Waze. Lo peor, es que era el final del trayecto tras mucho tiempo acumulado. Iba con mis hijos. El aburrimiento tiene sus caprichos. Uno de ellos señaló la manta que anunciaba la inauguración ya pasada. Como, al margen de los posibles beneficios de la vía de marras, somos de los que padecieron su construcción y la culpamos del tráfico en esa última parte del trayecto, decidimos hacer un ejercicio estadístico: contar las bicicletas que la utilizaban. Sé que no es concluyente, que es parcial y ni siquiera obedece a un método confiable, pues partía de circunstancias muy específicas (espero, no obstante, que las autoridades hagan el ejercicio bien hecho).

Durante todo el tiempo que estuvimos avanzando a una velocidad menor de lo que lo haríamos a pie, vimos apenas a unos diez ciclistas usando la ciclovía. Había más en Tlalpan, por supuesto, pero ellos preferían utilizar la calle o las banquetas. Así que, si sólo se midiera por eso, la ciclovía sería un desperdicio de recursos y de espacio. Es preciso decir que dicho confinamiento para bicicletas estaba recién inaugurado, por lo que es posible que el flujo aumente conforme los ciclistas se acostumbren a circular por ahí.

O no.

Porque, además de esos escasos ciclistas, quienes sí ocupaban la ciclovía eran los motociclistas. Muchos. Es sabido que estos conductores suelen cambiar de carril, esquivar coches y hacer todo lo posible por abrirse paso. De ahí que a muchos les pareciera natural apropiarse de un espacio que, aunque no era para ellos, estaba a su disposición. Si es frecuente encontrarlos en las banquetas, ¿por qué no harían uso de ese carril confinado donde no hay tráfico y no requieren ir esquivando automovilistas agresivos?

Había algunos medrosos, que no estaban convencidos de cruzar esa barrera física hecha por macetones. Entonces pasaban algunos minutos con la ciclovía vacante. Luego, un motociclista atorado entre vehículos que no le daban paso, se aventuraba a la ciclovía. Eso detonaba la invasión. Tras ver el éxito de uno, varios más lo seguían. Eso sucedió varias veces mientras estábamos ahí.

Supongo que eso hizo que varios ciclistas se subieran a la banqueta: nadie quiere competir contra vehículos motorizados. Fue curioso, entonces, ver la ciclovía con motocicletas, a los ciclistas sobre la banqueta y, en una visión surrealista de nuestro país, a dos ciclistas transitando en sentido contrario. Lo más llegó cuando casi salíamos de Tlalpan. Ahí, en medio de la ciclovía, estaba un peatón, caminando en contraflujo, con una entereza envidiable.

Ignoro si la ciclovía resolverá los problemas de movilidad de esa parte de la ciudad. Tal vez las autoridades, los urbanistas y los estudios tengan razón al señalar que era algo necesario. El problema, más allá de la incomodidad de quienes transitamos por ahí, es que, como siempre, no sabemos utilizar las cosas. Disiento con quien sostiene que los motociclistas son el cáncer de la ciudad. El cáncer somos todos los que transitamos en ella. Sin embargo, cuando los vemos invadiendo las banquetas y la ciclovía, no queda sino reconocer que existen cánceres más agresivos que otros. Suponer que las autoridades harán algo para evitarlo suena ingenuo. Ojalá así sea.

Jorge Alberto Gudiño Hernández

Jorge Alberto Gudiño Hernández es escritor. Recientemente ha publicado la serie policiaca del excomandante Zuzunaga: “Tus dos muertos”, “Siete son tus razones” y “La velocidad de tu sombra”. Estas nov... Ver más

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