Un Quijote en Tenochtitlán
Juan Carlos Monedero
¿Quién le pone el cascabel al chantajista Trump?
23/05/2026 - 12:00 am
"El problema geopolítico hoy es si te pliegas a lo que te pidan los gringos o te rebelas en nombre de la soberanía".
Hay algo que la gente no recuerda. En el día nacional de 2003, después de que Zapatero se comprometiera a sacar las tropas españolas de Irak, al paso de la bandera norteamericana, Zapatero se quedó sentado. George Bush nunca lo recibió en la Casa Blanca. Lo vivieron como una ofensa irreparable. Por el contrario, Aznar se dejó fotografiar en el rancho de Bush con los pies encima de una mesa y fumándose un puro. No en vano ya se habían hecho la foto de las Azores con Blair, Bush y Durao Barroso, Las derechas del mundo están alineadas con los EU. Con Obama y Biden, en nombre del multilateralismo. Con Trump, en nombre del unilateralismo.
Lo que la derecha está prometiendo a la izquierda en todo el mundo es o sumisión o cárcel y plomo. La promesa en Honduras del narcopresidente Juan Orlando Hernández, liberado por Trump de 45 años de cárcel por traficar con toneladas de cocaína, de matar lo que hiciera falta para controlar al país ya se está cumpliendo y van más de 20 muertos en el país esta semana. En Cuba, Marco Rubio quiere ver correr ríos de sangre. Bukele no deja moverse a la izquierda salvadoreña y en Argentina y en Ecuador los presidentes dedican buena parte de su tiempo a perseguir a los correístas y a los peronistas. Uribe pide a EU que intervenga en Colombia porque sabe que van a perder las elecciones y en México, Felipe Calderón, Lilly Téllez, Ricardo Salinas Pliego y toda la internacional del odio se reúnen en EU con políticos trumpistas para intentar acorralar al gobierno de Claudia Sheinbaum.
Por no hablar del psicópata Ministro israelí que, como todo ese gobierno, ha maltratado a los voluntarios de la flotilla SUMUD, incluyendo, como han denunciado los miembros de la flotilla con lágrimas en los ojos e informes médicos, violaciones, igual que han hecho bajo la mirada indiferente del mundo con las palestinas y palestinos. Trump prometió en la Estrategia de Seguridad Nacional plomo a los disidentes y, por el contrario, a los políticos que se arrodillaran pases gratis de 24 horas a Disneylandia, barra libre de Coca-Cola, además de dejarles traficar con droga y explotar en sus países a los trabajadores tanto como reclamen sus negocios.
España está ahora conmocionada con la persecución al expresidente Zapatero, una persona que se echó a la espalda la campaña del PSOE en las elecciones presidenciales de 2024, logrando detener la caída libre de los socialistas. Al tiempo, es un figura política relevante que se ha puesto del lado de los gobiernos de cambio de América Latina, a los que defiende en público y con los que ha colaborado en las campañas electorales expresando su apoyo. En la reunión de Barcelona, donde estuvieron, junto a Pedro Sánchez, Claudia Sheinbaum, Lula da Silva, Gustavo Petro y Yamandú Orsi, Zapatero hizo de anfitrión, algo de lo que tomaron nota en la Internacional del Odio. Y que no se puso de pie cuando pasaba la bandera.
Dicen que a Zapatero lo persiguen por tráfico de influencias. Como eso es ilegal en España, pues llegados a este punto los jueces serán los que establezcan si ha existido delito o no. La pregunta no resuelta es por qué sí a Zapatero y no a Felipe González, quien nunca ha dado explicaciones de su fortuna ni de sus relaciones con Carlos Slim; por qué al socialista y no a Aznar, que metió a España en la guerra de Irak, que desplegó la mentira propagada por el grupo mediático de Rupert Murdoch de las inexistentes armas de destrucción masiva y que, sorpresa, terminó entrando en el consejo de administración de Murdoch; por qué al expresidente que labró una relación con el gobierno de Nicolás Maduro y no al Presidente Rajoy, en cuyo gobierno se creó una policía política que perseguía a adversarios políticos, inventaba pruebas para incriminar a la izquierda y a los independentistas catalanes y creó, según todos los indicios que juzgarán los jueces, una banda para destruir pruebas de la corrupción de su gobierno.
Pero el problema geopolítico hoy es si te pliegas a lo que te pidan los gringos o te rebelas en nombre de la soberanía.
España se quedó fuera del Plan Marshall por haber colaborado con Hitler y Mussolini. La Guerra Fría cambió la situación. La tensión con la URSS llevó a los americanos a aproximarse al general Franco, igual que lo hizo el Vaticano. En los Pactos de Madrid de 1953, Franco le dio permiso al gobierno de Estados Unidos para usar cuatro bases militares en España a cambio de 625 millones de dólares, algunas de las cuales llegaron a tener armas nucleares y que hoy están en la base de alguno de los enfados de Trump. El Concordato con la Santa Sede le entregó la educación a la iglesia católica.
Ese mismo año se rodaba y estrenaba “Bienvenido Mr. Marshall”, una película de humor en blanco y negro que era más negro que blanco. El argumento es divertido: en el pequeño pueblo castellano de Villar del Río, uno más de los pueblos de España, se preparan para la inminente visita de unos delegados estadounidenses del Plan Marshall. Un burócrata en nombre de un burócrata en nombre de un burócrata ha convencido al Alcalde de que su llegada traerá prosperidad, dinero y futuro. Para agradarles, el municipio decide disfrazarse de la España folclórica, atrasada y ridícula, expresada en una Andalucía convertida en caricatura: justo la imagen que el franquismo vendía al exterior. España era “diferente”.
Cada habitante del pueblo sueña a su manera con lo que los americanos van a traerle: el Alcalde sueña con infraestructuras, el cura con campanas nuevas, los agricultores con maquinaria, una vecina una lavadora, la cantante con cantar en Nueva York... Todo el pueblo se endeuda para construir una fachada andaluza artificial sobre un pueblo castellano, prepara bailes, colgaduras, trajes y sombreros y el Alcalde ensaya y ensaya discursos de bienvenida.
Y entonces ocurre la escena final: el pueblo en la calle principal con banderitas y música, preparada para recibir con aplausos, música y calor español, simplemente ve cómo los coches blindados de la delegación americana atraviesan el pueblo en pocos segundos y se pierden velozmente entre la polvareda de las tierras castellanas para no regresar jamás. Los americanos pasan de largo sin detenerse ni un momento. En realidad, no les interesa gran cosa lo que haga o diga ese pueblo siempre que no les interrumpa.
¿Puede estar pasando algo parecido ahora mismo en América Latina? Uno podría pensar que esa es la manera en la que se comportan Bukele, Noboa, Bolsonaro, María Corina Machado, Milei. Cuidado, algo no muy diferente de como trata a Zelenski, a Ursula von der Leyen, a Merz o, estos días, incluso, al Presidente de Taiwán, a William Lai, que ha salido diciendo que no son moneda de intercambio de nadie. Pese a lo que se juega Taiwán enfrentándose a Trump, ha salido protestando.
Lo que no hay duda es de lo que quiere Trump: convertir el continente latinoamericano en un protectorado, que pueda apropiarse de sus riquezas y que le aclamen en EU como clamaron en su día a los dirigentes que acabaron con los indios. Lo que no parece que tenga tan claro Trump es saber que en algunos países le resultará más sencillo y en otros más complicado.
Ahora mismo está el pueblo de Bolivia en la calle. A seis meses de la llegada de Rodrigo Paz al poder, el candidato impulsado por la Embajada norteamericana, Bolivia presenta una creciente ola de protestas, huelgas y bloqueos de carreteras producto del deterioro económico, la tensión política y el descontento social acumulado tras las primeras medidas de ajuste aplicadas por el Gobierno. Ya van incluso varios muertos y no hay que descartar que el Presidente tenga que marcharse. El desconcierto que tuvieron los dirigentes no lo tiene el pueblo que se ha echado a la calle.
En México, acaba de tener lugar una nutrida manifestación en Chihuahua contra la autorización de la Gobernadora, la conservadora Maru Campos, del PAN, a que funcionarios de la CIA entraran en el país, algo contrario a la Ley de Seguridad Nacional mexicana. Desde MORENA, el partido de Claudia Sheinbaum, se busca hacer un juicio político a esta Gobernadora por traición a la patria. Trump amenaza día sí y día también a la Presidenta mexicana, pero no se está dejando doblar el brazo y cada vez que desde EU se pone en duda la soberanía del país, México afirma su soberanía, especialmente en el centro y el sur de la patria de Morelos e Hidalgo.
De la misma manera, Petro en Colombia sigue gobernando, pese a todas las amenazas de Trump y las trampas de la derecha, incluyendo falsas grabaciones, en un país donde se celebran elecciones el 31 de mayo que, según todas las encuestas, ganará holgadamente en la primera vuelta Iván Cepeda. Aún está abierto si tendrá que decidirse la presidencia en una segunda vuelta. La Colombia enemiga de la democracia se ha ofrecido a Donald Trump. Otro Presidente que está aguantando la presión norteamericana es Lula. Recordemos que la gran manifestación de los seguidores de Bolsonaro en Río de Janeiro se hizo bajo una inmensa bandera de los EU. Pese a las enormes amenazas, Cuba está expectante, bajo la sospecha de que el Presidente norteamericano quiere completar de una vez el tablero latinoamericano.
En Venezuela hay un impasse donde todos parecen estar ganando tiempo después de haber sorteado el que, seguramente, era el principal peligro: una guerra civil donde la derecha, aunque no fuera mayoritaria, estaría armada y organizada por los EU. Esa sigue siendo la principal baza de Trump en la tierra de Bolívar.
La deportación -que no extradición, de Alex Saab a EU (no se le reconoce, por tanto, la nacionalidad) ha generado ríos de tinta y posiciones encontradas, ya que hace entender que los ajustes en marcha no están exentos de tensiones, y también presumir que los halcones del departamento de Estado aún no han dicho la última palabra. Que el ejército norteamericano haga maniobras y sobrevuele el territorio venezolano cuando hay riesgo de invasión de Cuba pasa una línea roja para muchos venezolanos que están viendo qué pasa. No se sabe por dónde saldrá esa actitud norteamericana arrogante que, incluso, ha expresado la voluntad de convertir a Venezuela en el estado 51. Decirle eso a los venezolanos es insultarles. Y ese pueblo es bravo. La insistencia de Trump de presentar el caso de Venezuela como un éxito, puede terminar volviéndose contra la presencia de los norteamericanos en el país, en la medida en que no se ve ninguna mejora y lo que puede venir no es especialmente virtuoso. Pese a que no ha aparecido el Tren de Aragua ni el Cártel de los Soles, no se ha terminado el bloqueo, ni se ha devuelto a Nicolás Maduro y Cilia Flores, ni parece que nadie en la administración Trump vaya a rendir cuentas por los cientos de asesinados el 3 de enero. Y se siguen aplicando medidas, entre ellas el mantenimiento de las sanciones, que enfadan de manera creciente a sectores del chavismo e, incluso, de la oposición. Como venimos diciendo, Trump está estirando la cuerda en Venezuela sin medir bien su resistencia. Como cuando prohíbe a México, a Venezuela, a la Unión Europea a negociar con China al tiempo que se vanagloria de los grandes acuerdos comerciales que han hecho sus grandes empresarios en China.
En la película española de 1953, se ridiculiza la adoración ciega de la España franquista hacia los Estados Unidos, la fe en una salvación exterior que nunca llega, la adulación arrobada hacia un país que se considera superior. El desprecio evidente de la delegación estadounidense, para quienes los españoles no eran más que un peón en el ajedrez mundial, queda perfectamente plasmado: no sois nadie y no nos importáis nada salvo vuestras bases militares y vuestro mercado. O vuestro petróleo, vuestro oro o vuestras tierras raras.
Berlanga no atacó al franquismo con discursos grandilocuentes, sino con algo mucho más efectivo: ridiculizando los valores fundacionales de esa España cobarde y sin proyecto soberano. ¿Vale para América Latina? En la película, el pueblo se humilla, se disfraza y se endeuda para agradar a unos visitantes que ni siquiera se detienen. La escena final es una de las metáforas más crueles del cine español: ni salvación exterior ni justicia interior. Perder la dignidad para nada. En América Latina, ese comportamiento es más de las élites.
El que se cree el Juez del mundo, Donald Trump, es enormemente caprichoso y no le están saliendo bien las cosas. Y en su mentalidad de comerciante, organiza su estrategia En los lugares donde sepa que no hay oposición, pasarán de largo sabiendo que tienen lo que buscan sin disparar una bala. En los que se opongan, descargará su ira. Corresponde a los dirigentes tomar decisiones y, si no quieren quedarse solos, explicarlas al pueblo. América Latina ha crecido mucho en conciencia el siglo XXI.
Hay países que están negociando, desde sus posiciones de fuerza o de debilidad, con el vendedor armado Trump. No sabemos qué pasará, pero en China vemos que el nuevo mundo que no terminaba de emerger lo hace con mayor rapidez. Lo que ocurra dependerá de la oposición que encuentre EU en los países que quiere arrodillar, de la respuesta internacional y de cómo sortee las crecientes dificultades internas que tiene en su país. Todos los países deben aprovechar para solventar los problemas que les quitan apoyo popular y todos los países deben prepararse para el nuevo mundo que saldrá de la pugna entre China y EU. Pugna en la que el resto de los países del mundo debieran decir algo.
En la escena final de la película, censurada por el franquismo, una bandera de papel norteamericana se va con el agua hacia la alcantarilla. Los pueblos del mundo tienen que decidir si obedecen o desobedecen a esa bandera. En los dos casos, hay consecuencias.
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