Héctor Alejandro Quintanar
Maru Campos y la gira del bochorno
27/05/2026 - 12:05 am
"La pasarela de Campos en medios no es una mera estrategia de comunicación y control de daños".
El año 2018 significó una entrada en crisis de tres importantes partidos políticos mexicanos, PRI, PAN y PRD; de la cual a la fecha de hoy no logran salir y, a juzgar por sus acciones y discurso, tampoco logran dimensionar. Ello ha traído varias consecuencias, donde sobresale una particular, y es la de cómo el protagonismo opositor se mudó al espacio mediático, por encima de las plataformas partidistas. Así, las tesis centrales contra los gobiernos emanados de Morena se han encontrado no en los posicionamientos legislativos de los grupos parlamentarios o en las arengas institucionales de las fuerzas partidistas, sino en los encabezados del periódico Reforma y, poco después, en diatribas y montajes de porros impresentables como Carlos Loret.
Después de 2024, con la crisis electoral del PRIAN agravada, la inercia persiste, aunque ahora con muchas más limitantes. Por eso, sin caer en especulaciones conspirativas, es siempre muy revelador observar las conductas repitentes del ecosistema mediático mexicano, cuya vena opositora sería legítima si al menos la abrazara con honestidad y apertura; y tratara de hacer un juego duro, pero limpio y apegado lo más posible a la verdad.
Ello, porque no hace falta hacer una radiografía amplia de cómo ha sido la relación de los medios comerciales con el obradorismo desde hace veinte años; en los cuales han sido una plataforma de mentiras cínicas en su contra (y resaltan como ejemplos la famosa “quema de pozos petroleros”; la “casa en la Toscana de López Obrador”, el mito de que el tabasqueño “nunca se tituló”; o que asesinó a su hermano). Pero también han sido esos mismos medios no sólo ecos o portavoces, sino actores involucrados. Resalte aquí, por ejemplo, el caso de los llamados videoescándalos de 2004, donde los registros que daban cuenta de acciones indeseables y probables actos de corrupción de diversos perredistas, fueron entregados por instancias del Estado mexicano que participaron en su conformación, como el CISEN, no al Ministerio Público, donde correspondía, sino a Televisa, porque importaba mucho más el escarnio en pantalla que la verdad jurídica.
Con antecedentes así era predecible la conducta mediática rayana en lo miserable a partir de 2018, donde han sobresalido episodios grotescos como los llamados de Javier Alatorre a desobedecer las medidas ante la pandemia de COVID-19 en el año 2020, o las campañitas en esa misma televisora de Salinas Pliego contra los libros de texto. Los medios como actor político no son ninguna novedad, pero sí resalta que en México han robado cámara, literalmente, como espacio opositor por excelencia.
Esta puntualización ayuda a tratar de entender la reciente pasarela de la Gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, por diversos medios y noticiarios, en una especie de estrategia de control de daños, luego de la avalancha de información que la exhibe más y más como una facilitadora de una injerencia de la CIA en México; y como alguien que violó la Ley de Seguridad Interior y la Constitución al no seguir el procedimiento institucional para el mecanismo binacional de cooperación entre nuestro país y los Estados Unidos.
La presencia de Campos en estos días se dio en los espacios mediáticos de Latinus, con Carlos Loret; en MVS en el noticiario del estridente Luis Cárdenas; en Radio Fórmula con el insufrible Joaquín López-Dóriga; en el sitial de entrevistas de la farandulera Adela Micha; y, desde luego, con el guiñapo de Salinas Pliego, Javier Alatorre.
Como se sabe, en el discurso político, importa tanto lo que se dice como lo que no se dice; ante quién se dice y dónde se dice. En ese sentido, es muy significativo, aunque nada sorprendente, que la Gobernadora limite su participación a medios afines, aunque éstos presuman de “críticos del poder”, que, curiosamente, ante ella fueron unas seditas ajenas a cualquier observación que pudiera incomodarla. Campos no dio ni una sola entrevista a un medio que le pudiera hacer preguntas realmente importantes y que fueran al fondo del problema que ella ha encabezado en días recientes.
En un discurso completamente olvidable y monocorde, expuesto con entrevistadores a modo, Campos se centró a decir que “hay una campaña en su contra” de parte “del régimen”, en referencia al Gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum. Por un lado resalta la ignorancia y la deshonestidad de la Gobernadora. Quién sabe qué entienda ella por régimen, pero éste significa el entramado legal e institucional de un país del cual ella forma parte como autoridad, le guste o no. Por otro lado, a la señora Campos se le olvida que antes de su episodio entreguista ante la CIA, ella era un personaje absolutamente anodino ante el cual el Gobierno federal empleaba poco tiempo para criticar o confrontar, a pesar de que en 2021 quiso montarse a los deseos de ser una especie de Gobernadora impugnadora contra Morena, y desde esa postura lanzó bravatas mal informadas tanto en su campaña como en la campaña de Alejandra del Moral en el Estado de México en 2023. Campos no era en absoluto ninguna actriz política a la que Morena o Sheinbaum dedicaran más que algunos comentarios en tono de etcétera. ¿Cuál campaña en su contra, pues?
Fuera de eso, el discurso de la Gobernadora chihuahuense se centró en hacer comparaciones indirectas entre ella y Rubén Rocha Moya, y en mostrar una impericia declarativa alarmante, que la llevó incluso a episodios vergonzosos como con López-Dóriga, donde exhibió que ella estaba leyendo instrucciones o un teleprómter o cosa parecida, porque al no lograr hacerlo bien perdió la paciencia y lanzó una reprimenda a su equipo y al de producción del noticiario.
De parte de los personajes que la entrevistaron, no hubo ni una sola pregunta relativa al estado que guarda Chihuahua como entidad, donde va en primer lugar desde hace tiempo en los delitos más lacerantes, como asesinato o secuestro. Tampoco a su actitud autoritaria al tratar de impedir una manifestación pacífica el fin de semana pasado, donde ella empleó recursos públicos para impedir el derecho de tránsito. Lo más “crítico” audible en esos intercambios monocromáticos llegó al preguntarle sobre la injerencia estadounidense y permitir sin recato que la Gobernadora dijera cuanto quisiera.
Y es ahí donde estriba otra parte relevante de su discurso, porque Campos admitió, quizá sin darse cuenta, el problema en el que está metida, porque sea por acción u omisión, es responsable de la presencia anómala, ilegal e inconstitucional de agentes de una instancia extranjera que, según ella, ameritaban estar ahí porque acabaron con un narcolaboratorio, acción que, aunque fuese cierta, palidece ante los más de 2000 que se han desmantelado desde 2024, en la Administración de Claudia Sheinbaum.
La pasarela de Campos en medios no es una mera estrategia de comunicación y control de daños, sino una confirmación de la vena partidista de esos medios y de cómo políticos del PRIAN recurren a ellos como salvaguarda institucional. Con la debilidad electoral que padecen, y con líderes ideológicos como "Alito" o Jorge Romero en los alicaídos PRI y PAN, es el manto mediático en el que hoy se refugian los gobernadores panistas cuando necesitan dar directrices partidistas.
Y de aquí sobresale una última cuestión. Mientras esta columna se escribe, la señora Campos ha sido citada a declarar ante la FGR por los hechos ocurridos en Chihuahua y la injerencia de la CIA. Es altamente probable que el empeño mediático hoy, en vez de hacer la impugnación crítica que cualquier político que haga lo que Campos hizo merecería, quiera pintarla como una posible perseguida política y se asuma que se le quiere desde el Estado hacer una especie de desafuero, como en su momento Fox se lo hizo a López Obrador en el bienio 2004-2005.
Eso en el fondo sería una especie de intento desesperado de construir una candidatura presidencial con tal de evadir las responsabilidades. Lo cual desde luego augura un fracaso peor que el de Xóchitl Gálvez. Pero eso no le importa a los medios, cuya posición partidista tiene una brújula mucho más mercenaria, y se pueden ver ganadores ante un dato incontestable: saben que gente como Campos es capaz de invertir 2086 millones de pesos en medios. Así, qué importa seguir perdiendo elecciones si el bolsillo corsario se embolsa esas cantidades.
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