Ciudad de México, 18 de junio (SinEmbargo).– El “Memorando de Entendimiento” entre Estados Unidos e Irán, tan celebrado por Donald Trump, “es difícil ver como algo distinto a una humillante retirada para un Presidente que inició una guerra innecesaria prometiendo transformar Oriente Medio”, escribe el periodista Ishaan Tharoor en The New Yorker.
“La guerra y sus consecuencias podrían representar un fracaso decisivo para la política exterior de Trump, uno que incluso podría haber fortalecido a Irán en la región”, expone Tharoor, al tiempo que explica cómo se supone que Estados Unidos e Irán dedicarán los próximos dos meses a ultimar los detalles de un acuerdo más amplio sobre el programa nuclear iraní. “Si llegan a un acuerdo más amplio, es dudoso que sus términos sean superiores a los que, según se informa, se ofrecieron justo antes del inicio de la guerra, o a los establecidos en el Plan de Acción Integral Conjunto (PAC), el acuerdo nuclear de 2015 forjado por el Presidente Barack Obama con otras potencias mundiales, que Trump anuló durante su primer mandato”.
David E. Sanger, periodista que ha cubierto la presidencia de cinco mandatarios estadounidenses y ha informado sobre el programa nuclear iraní durante más de 20 años, refiere en The New York Times que, si bien los iraníes sufrieron pérdidas sustanciales en la guerra, “salieron de la confrontación con el ejército más poderoso del mundo habiendo demostrado que pueden utilizar el caos económico como arma”.
Sanger detalla que, aun cuando Donald Trump afirma que Estados Unidos sí logró muchos éxitos en el campo de batalla, como hundir “la poco impresionante armada iraní”, aniquilar “su pequeña fuerza aérea”, destruir gran parte de la base industrial de defensa de Irán y demoler algunas de sus posiciones de misiles y lanzadores móviles, lo cierto es que ese no era el objetivo de Trump. “Como dijo al inicio de la campaña, buscaba la destrucción total de los programas nucleares y de misiles, la caída del régimen y, como sugirió más adelante, el control estadounidense de la industria petrolera del país”. Nada de eso ocurrió.
De hecho, añade, el memorándum firmado el miércoles por la noche por el Presidente de Irán y Trump describe un procedimiento mediante el cual Teherán podría comenzar a recibir miles de millones de dólares en activos que han permanecido congelados durante años. The New York Times cuestiona que, aunque Trump insiste en que el dinero sólo se liberará a cambio de "buena conducta", en esencia, “se trata de la misma concesión que Barack Obama hizo hace 11 años y que Trump ha criticado duramente desde entonces”.
El fracaso de Trump
The Economist es duro al criticar esto último: “tras fracasar en su intento de derrotar a Irán con bombas, ¿podrá el Presidente Donald Trump salvar la situación con sobornos?”, cuestiona la revista británica. “Después de semanas de negociaciones sobre cómo poner fin a la guerra, él y su homólogo iraní firmaron un breve memorando de paz. Este consiste en la promesa de grandes sumas de dinero para Irán, siempre y cuando este país convenza a Trump de que ha abandonado cualquier plan para desarrollar armas nucleares. Se trata de una apuesta arriesgada e improbable que obliga a los países de Oriente Medio a reflexionar profundamente”.
“El memorando descarta muchos de los objetivos bélicos de Trump. No habrá cambio de régimen; no habrá ayuda para el pueblo iraní, que sufre grandes penurias; no habrá límites para los misiles balísticos de Irán ni para su apoyo a grupos afines. En cambio, el acuerdo se centra en dos cosas. Una es la reapertura del estrecho de Ormuz, donde se evidencia la insensatez de la guerra de Trump y la humillación de su retirada. Antes de los combates, los buques tenían libre paso; después de los 60 días que dura este acuerdo, es muy probable que tengan que pagar una tarifa”, critica el medio británico.
The Economist ahonda en que el otro foco de atención es el programa nuclear: “El régimen no ha cedido prácticamente nada. Su promesa de no obtener una bomba es antigua. Reducirá la concentración de sus reservas de uranio enriquecido y discutirá el resto de su programa, pero los asuntos son complejos e Irán es un maestro en dilatar las negociaciones. Y luego están los sobornos. Irán puede exportar petróleo y derivados de inmediato. Dependiendo del progreso de las conversaciones, Estados Unidos descongelará activos por valor de decenas de miles de millones de dólares, levantará las sanciones y ayudará a crear un fondo de al menos 300.000 millones de dólares para la reconstrucción y el desarrollo. Trump está cansado de la guerra. Si, como está previsto, las tropas estadounidenses se retiran en 30 días, su capacidad para usar la fuerza se verá limitada”.

The New York Times refiere, al respecto, que los sectores más intransigentes del Partido Republicano de Trump ya han expresado sus objeciones, como también lo han hecho los israelíes, excluidos de las negociaciones “y temerosos de que Trump los esté obligando a un alto el fuego con Hezbolá que interfiera con su capacidad para desmantelar al grupo terrorista”. En ese sentido, Sanger prevé que “los historiadores debatirán durante años sobre las lecciones de un conflicto en el que Estados Unidos gastó decenas de miles de millones de dólares y en el que, según los informes, murieron 13 estadounidenses y más de 3000 iraníes”.
Los senadores republicanos Ted Cruz y Bill Cassidy rompieron con la posición de Trump y criticaron las concesiones incluidas en el “Memorando de Entendimiento”. Ambos consideran que el eventual levantamiento de sanciones petroleras y la posibilidad de que Teherán acceda a un fondo de reconstrucción de 300 mil millones de dólares representan un riesgo para la seguridad estadounidense. “La historia nos enseña que dar miles de millones de dólares a lunáticos teocráticos que quieren asesinarnos no es una buena idea. Creo que el presidente está recibiendo muy malos consejos sobre este acuerdo”, declaró Cruz.
Cassidy fue todavía más severo al advertir que Irán aprovechará los beneficios del acuerdo para reforzar sus capacidades estratégicas y mantener sus ambiciones nucleares. “Reagan se estará revolviendo en su tumba. Las ambiciones nucleares de Irán no se han frenado, y han aprendido que amenazar el estrecho de Ormuz funciona y sin duda lo aprovecharán en el futuro. Ahora, Irán podrá construir infraestructura completamente nueva gracias a este acuerdo”, escribió el Senador de Luisiana.
Las críticas republicanas se producen mientras Trump defiende su disposición a permitir que Teherán conserve parte de su arsenal de misiles balísticos, al considerar que la mayoría de ellos ha sido neutralizada.
El costo de una guerra sin victoria
No obstante, Ishaan Tharoor aborda en The New Yorker el enorme costo de la ofensiva estadounidense contra Irán: “Los contribuyentes gastaron unos veintinueve mil millones de dólares. Casi al mismo tiempo, el Washington Post informó que Estados Unidos había agotado gran parte de su arsenal de interceptores avanzados de defensa antimisiles, destinando más municiones a la defensa del territorio israelí que las propias fuerzas israelíes. En abril, Tom Fletcher, jefe de asuntos humanitarios de las Naciones Unidas, señaló que las sumas que Estados Unidos gastaba en su "guerra temeraria" podrían financiar el "plan de la ONU para salvar ochenta y siete millones de vidas" en situaciones de extrema necesidad humanitaria en todo el mundo”.
La NPR señala, por su parte, que el conflicto provocó “un aumento en los precios del petróleo, una inflación disparada y un incremento en las tasas hipotecarias en Estados Unidos, lo que complicó la labor del nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh. Además, convulsionó los mercados energéticos mundiales, paralizó una vía fluvial clave, provocó el racionamiento de combustible en países de Asia y África, interrumpió las cadenas de suministro de todo tipo de productos, desde semiconductores hasta fertilizantes, y afectó especialmente a las economías de países clave de Oriente Medio”.

El reporte cita además estimaciones de Moody's Analytics, según las cuales la guerra ha costado a consumidores y contribuyentes estadounidenses unos 132 mil millones de dólares hasta la fecha, una cifra que sigue aumentando. La guerra con Irán también ha asestado un duro golpe a nivel mundial. Este mes, por ejemplo, el Banco Mundial recortó su previsión de crecimiento económico mundial para 2026 al 2.5 por ciento, el nivel más bajo desde la pandemia del coronavirus.
Lo cierto es que lo ocurrido en Irán se suma a la gobernanza errática que ha demostrado Trump desde que regresó a la Casa Blanca hace más de 500 días. Peter Wehner escribe en The Atlantic cómo Trump “inició una guerra con Irán y, en cuestión de meses, la perdió. Está desmantelando la OTAN, una de las mayores alianzas militares de la historia. La inflación aumenta. La economía se desacelera. Y sus políticas arancelarias han sido un desastre”.
“Las señales del declive de Trump están por todas partes: monólogos divagantes durante las reuniones del Gabinete, paseos improvisados por el tejado de la Casa Blanca, levantarse y deambular hasta las ventanas del Salón Este durante las reuniones con ejecutivos petroleros. Su obsesión con el salón de baile de la Casa Blanca. El creciente número de publicaciones delirantes y nocturnas en Truth Social. La furia e indignación ante las preguntas rutinarias de la prensa. Y la constante reducción de su vocabulario, su sintaxis simplificada y su dependencia de un pequeño número de frases hechas y superlativos. Los asesores de Trump no hacen ningún esfuerzo por ocultar nada de esto. Él no lo permitirá”, destaca Wehner.



