Susan Crowley
Entre el fut y el arte, un Tin Larín
25/04/2026 - 12:03 am
"En su discurso Santamarina hace evidente las diferencias aparentemente irreconciliables entre el arte y el deporte, así lo indica en el prólogo de la exhibición".
No sorprende que el fútbol reúna a miles de espectadores en un estadio y a millones a través de la televisión. Pero lo que no deja de sorprender es que Guillermo Santamarina, conocido por todos como Tin Larín, reúna 1933 obras de 69 artistas de todo el mundo relacionadas con el fútbol. Una vez más su aguda mirada se enfoca en un tema del que se confiesa ajeno, pero en el que sabe encontrar los intersticios, las claves y códigos que ayudan a entrar y dejar correr por las venas la fascinación que produce.
Guillermo, es el mejor curador de arte de nuestro país y uno de los más destacados de América Latina. Admirado, respetado y siempre dispuesto a cambiar las reglas del orden institucional, trasciende el espacio restringido al arte contemporáneo para ligarlo con el deporte de las masas. Sin duda un desafío en el que ha puesto a prueba sus sentidos, su sensibilidad para conjugar imágenes, ideas, acontecimientos y para enaltecer y apoderarse de un tema sin caer en lugares comunes y predecibles.
Recorrer la exposición es un viaje. Desde los túneles de estadio simulados del artista Paul Pfeiffer que comunica una dimensión, la exterior o profana, con la otra, consagrada al fútbol. Una inmersión cargada de adrenalina, el clamor de la afición, sus gritos, porras, la música, los cornetazos antes de que un partido de inicio.
Así inicia Fútbol y Arte: Esa misma emoción en el museo Jumex para festejar el mundial, una muestra que explora a este deporte desde el género, la idea de comunidad, la identidad y la globalidad. Cuatro ejes que apuntalan los temas que Santamarina ha desarrollado de múltiples maneras desde los inicios de su carrera. Siempre contracultural, vanguardista, alternativo y prófugo de la institucionalidad; actitud que lo aleja de los clichés y de las tendencias en boga utilizadas por oportunistas. La diferencia entre sus imitadores y él es su forma de entender la vida, los procesos de una sociedad cambiante y la dinámica de los nuevos tiempos. Santamarina no es un improvisado, pero como los grandes maestros del jazz, sabe improvisar maravillosamente. Me refiero a encontrar los canales adecuados para transmitir no sólo un conocimiento, también el placer de contar una historia. Otra de sus virtudes, que hace de su práctica algo que se mueve en el terreno de lo líquido y la jerarquización a través de la intuición, es su pasión por la música que lo desborda y, me parece, en el fondo es su hilo conductor.
El espacio ha sido concebido por Santamarina en asociación con el despacho del arquitecto Mauricio Rocha. Se trata de una cancha de fut llanero que nos transporta a esa tradición de la cascarita tan arraigada en los países latinoamericanos. La zona de vestidores hace sentir al espectador como un invasor, me atrevo a decir un voyerista dentro del ámbito íntimo de los jugadores. Entre vallas metálicas, se establece un juego ambiguo, sensual en el que se siente la piel, el sudor, la musculatura de piernas y la forma de los cuerpos. Para muchos conocidos y conocidas míos, es razón más que suficiente para estar en un estadio.
En la exhibición se advierte como el estadio de gradas y pasto es también un estadio emocional, una forma colectiva de estar. En más de un sentido recuerda el fenómeno que representa un carnaval. El arte en su forma dionisíaca, en el que la catarsis es una función primordial de reacomodo y equilibrio de la existencia. En la obra de Manuel Mathar, se aprecia un joven futbolista recostado en el suelo. ¿Es Hipnos, dios del sueño? A su lado, unos floripondios, conocidos por sus propiedades narcóticas. Con los ojos abiertos en una postura erótica, extática el chico parece observar algo más allá de nosotros.
También fascinante, en estructura de códice, la obra de Gabriel Garcilazo La Liga Tlaxcalteca; vale la pena detenerse en ella. Imperdible la serie de Juergen Teller, Siegerflieges en la que la familia del artista es retratada mientras vive la pasión frente al televisor. Me reí muchísimo con un balón de Nicola Constantino Nipples con formas de pechos, humor y cachondería. De Francis Alys Children´s game, como todos los trabajos del artista, una manifestación de ternura y otredad. Emotivas también, son el sitio donde fue martirizado el poeta Pier Paolo Pasolini, a través de la mirada de Graciela Iturbe, Suspenden Playtime de Wangechi Mutu y la fotografía de Rodrigo Moya Jerónimo y su balón.
Para mí la reina de la expo es la obra de Sofía Echeverri, Dechado de impedimentos, trata de la exclusión de las mujeres en el fútbol. En 1970 la selección mexicana femenil obtuvo el tercer lugar que nunca se ha conseguido por un equipo varonil. Sin embargo este episodio de triunfo se borró de la historia. Con frases de las jugadoras bordadas en servilletas y textiles, se manifiesta la destreza manual de una mujer y el profesionalismo de las atletas, obligadas a vivir confinadas en el ámbito doméstico. Un reclamo de Echeverri a una actitud patriarcal que apenas comienza a combatirse.
Las Tribunas del colectivo Tercerunquinto, expanden el museo a la plaza exterior en Jumex. Como si se tratara de una síntesis para entender la magnitud del Estadio Azteca, utiliza las bancas desechadas durante su remodelación. El colectivo artístico interviene el espacio para significarlo. Como lo han hecho en tantos otros trabajos, al colonizar esta plaza, simbolizan su uso durante la exposición, transformándolo en escenario multidisciplinario para el arte.
¿Qué relación puede tener el arte con el fútbol? Me parece que conciliarlos requiere una enorme elaboración intelectual, porque no es sólo un vínculo entre arte y deporte que ya ha sido abordado desde la antigua Grecia en sus Panateneas, o en los años treinta en el espectacular film Olympia de Lily Riefenstahl.
Lo que la mirada de Santamarina aporta es la recuperación del deporte como un fenómeno de masas, una cultura del espectáculo convertido en cierta forma en rituales cuasi religiosos y los correlatos artísticos que provoca.
Estoy de acuerdo con Kith Hammonds que cita a Simon Critchley, “El fútbol es el ballet de la clase trabajadora. Es una experiencia sublime. Durante una hora y media, se desarrolla un orden temporal diferente y nos sometemos a él. Un partido de fútbol es una ruptura temporal con la rutina del día a día: extático, evanescente y, lo más importante, compartido”.
El fútbol es deporte, es noción de colectividad, es fanatismo y éxito. El arte es proceso, contemplación y una buena cantidad de fracasos. En su discurso Santamarina hace evidente las diferencias aparentemente irreconciliables entre el arte y el deporte, así lo indica en el prólogo de la exhibición: “el fut va sometido al triunfo. El fut es ganarle a contrarios. En el arte las únicas fuerzas enemigas son la imaginación y la fe en uno, desafortunadamente vencidas…”
Pero como ambos contienen una carga simbólica, pueden generar un discurso crítico que nos ayude a entender uno y otro y sus posibles cruces, coincidencias y yuxtaposiciones. Sin duda son dos nociones que interesan a todos de una u otra forma. Debemos reconocer que un mundial, una bienal, una feria de arte, o en este caso la exhibición Jumex creada por Guillermo, son espacios en los que a pesar de vivir una era de polarización, estridente y llena de violencia, son los espacios que pretenden ser foros de paz y reconciliación. Pueden considerarse como una forma de reunión mundial en la que se prioriza el encuentro, la comunión, la lucha siempre y cuando genere posibles acuerdos, o nuevas discusiones. Ser capaces de superar las diferencias y jugar limpio. El arte, como lo hemos visto en festivales de cine de este año y en la próxima Bienal de Venecia está al borde de perder esa ecuanimidad volviéndose extremadamente político. En el fut, de una manera por demás arbitraria, Trump acaba de proponer que, a cambio de Irán, Italia regrese al mundial. La estabilidad de estos entornos está fragilizándose cada vez más. Por eso, la exposición de Guillermo cobra más sentido que nunca. Una posibilidad de poner en pausa las diferencias.@Suscrowley
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