Ciudad de México, 1 de feb (SinEmbargo).– “Se ladeó la Torre”, dijo –a las 22:20 horas del jueves– un trabajador de Petróleos Mexicanos (Pemex) que estaba cerca. Declaró, en entrevista para Milenio Televisión, que las personas que entonces realizaban las labores de rescate fueron evacuadas.

Lo de la alarma es verdad. Elementos del cuerpo de bomberos informan que por temor ante un colapso fueron evacuadas alrededor de mil 200 personas que realizaban los servicios de rescate y retiro de escombros. Sin embargo, no se trata de la Torre, lo que tronaba, explican brigadistas, eran las paredes del Edificio B2.

Foto: Cuartoscuro

Las hélices de dos helicópteros cortan el cielo. El ruido no deja de sonar en el barrio de Anzures, ubicado al poniente de la capital mexicana. Las aeronaves van y vienen, a ratos se visualizan estáticas. El frío aún no quema la piel, se puede decir que ni siquiera hay un clima helado. Decenas de granaderos impiden el paso a las calles de acceso a los inmuebles de la sede de Petróleos Mexicanos. Hay un olor extraño en el aire parecido a la levadura del pan cuando éste se encuentra a punto de salir del horno; podría ser el hedor que proviene de las jaulas de los perros de rescate; o los vapores de alguna fábrica cercana.

En la calle, la gente camina con lentitud. Muchos son colonos que siguen sin poder dormir. Algunas personas hablan con los policías, con otro vecinos o con los reporteros. Expresan sus dudas, suposiciones, temores, hipótesis…, en pocas palabras, dan a conocer su testimonio.

Justo en la intersección de la calle Bahía de Santa Bárbara y Bahía de Ballenas, Leonardo Vargas, un señor que parce mayor de 50 años detalla que escuchó tronidos, fuertes tronidos que venían del Edificio B2 y por eso salió a la calle para investigar.

– ¿Usted cree que fue un atentado? –Cuestiona al reportero–.

– No lo sé. Es un supuesto por ahora.

– ¿Y si no nos quieren decir?

–  Eso se sabe tarde o temprano. ¿Tiene usted miedo?

– No. Pero mire (señala a dos elementos de la policía capitalina), traen metralletas. Eso me hace pensar que esto es más grave de lo que parece.

No sólo son dos los elementos de la Policía de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF) que tienen armas, al menos 10 uniformados más llevan en sus manos fusiles de alto calibre. Suben y bajan de un camión con placas A3-019, e impiden ser fotografiados. “¡Shif! ¿Para qué?”, dice uno.

En la calle Bahía de Chachalacas los reporteros se juntan, esperan noticias frescas; algo, lo que sea. “Ya va a hablar Osorio Chong”, grita un camarógrafo a los colegas minutos antes de las cero horas.

Frente a ellos pasa una señora y una joven. Se trata de una madre que escolta a su hija desde la calle Bahía de Todos los Santos, luego de que un taxi la dejará en ese lugar. Pudo haber llegado del trabajo o de la escuela, no se sabe, no quieren dar ninguna declaración. Entre cuchicheos hablan del “bombazo” en Pemex.

Foto: Cuartoscuro

En la esquina de Bahía de Chachalacas con Marina Nacional varias personas se amotinan en un puesto de dulces. Todos centran su atención en un televisor de 22 pulgadas, en él, una transmisión del mensaje en vivo del Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

Murieron 25 personas, dice: 17 mujeres y 8 hombres. Hay 101 heridos, de los cuales 46 están en atención médica. El resto fue dado de alta.

“Se siguen todas las líneas de investigación”, explica a la prensa que en ese momento lo cuestionaba en la calle de Bahía de Ballenas.

Por lo mientras, aquí, policías federales, reporteros y transeúntes le escuchan decir en vivo para Foro TV: “En este momento, es prioridad atender a las víctimas y a sus familiares. No contamos con información que nos permita precisar si hay personas todavía con esa condición [atrapadas]. Hace apenas un par de horas se rescató a una persona con vida, por lo que no escatimaremos esfuerzos para corroborarlo”.

Foto: Cuartoscuro

Algo más sucede en el cruce de Marina Nacional y Bahía de Banderas: cerca de un grupo de 45 marinos salen del cerco instalado en ese punto. Todos tienen armas largas, chalecos y cascos. A su salida, un contingente de policías federales alinean su formación y con paso redoblado ingresan al Edificio B2. “Es el cambio de guardia”, comenta un elemento del Ejército mexicano del Plan DN–III–E.

En un intento por entrar a la sede de Petróleos Mexicanos (Pemex), un comandante de la Policía Federal señala que es imposible: “los peritos están trabajado. Si quieres ver los cuerpos, ya se los llevaron a Azcapotzalco. Aquí ya no hay nada”.

Los vecinos siguen circulando sobre Marina Nacional; muchos pasean perros, otros circulan en bicicleta y algunas más a pie. Todos miran con curiosidad las instalaciones que están detrás de la estatua del ex Presidente Lázaro Cárdenas.

La explosión –como los han manejado la autoridades–, afectó los primeros dos pisos del inmueble. Muchos vidrios, fierros y muebles siguen suspendidos aferrados a lo que queda de la estructura del recinto. Parece que todo pende de un hilo. Las ventanas están rotas pero los pedazos están sujetos a una especie de película ahumada que los mantiene pegados.

Desde las rejas se puede ver que los peritos siguen recolectado evidencia, usan batas blancas, guantes, cascos y cubre bocas. Diversos reflectores alumbran el perímetro. Casi todo el mundo ahí adentro está utilizando su celular o radio. Como si estuvieran reportando cada paso de la investigación. Pero es imposible saber de lo que hablan.

Foto: Cuartoscuro

Hay un nuevo suceso: los helicópteros se alejan; no se vuelven a escuchar. Eso sólo quiere decir que el titular de la Segob ha partido. Y así es, confirman elementos de la Policía Federal. Pero el silencio es interrumpido por el rugido de unas motocicletas: son los Topos que llegan para reanudar sus actividades de búsqueda y rescate.

Es casi la una de la mañana, por fin el cerco ha terminado. La calle de Bahía de Balderas está libre para todos. A lo largo de ese camino, diversos carros con maquinaria comienzan a salir con dirección a Marina Nacional. Hay también camiones militares estacionados donde algunos soldados permanecen recostados.

Foto: Cuartoscuro

Al final de Bahía de Balderas hay un estacionamiento y comienza una nueva ruta.

–Disculpe ¿cómo se llama esta calle? –pregunta el reportero–.

–Pregúntale a ése (señala el militar a su compañero), él fue quien puso la bomba.

– Es Bahía del Espíritu Santo. Pero yo no puse nada, fue aquel (hace un gesto con el rostro para regresar la broma a su similar).

En Bahía del Espíritu Santo se pueden observar los escombros, cientos o miles de escombros. Hay más gente trabajando con cubre bocas. Todos entran por la puerta 15. Hay personas que portan picos y palas, hablan de un posible atentado, pero sólo son conjeturas. Hasta el momento no ha bajado de un helicóptero un Osorio Chong para confirmar lo que se dice y se escucha en la zona del incidente; todo sigue siendo una “línea de investigación”.

El ruido es casi nulo a la 1:35 horas. Hasta el momento no ha habido ningún tronido que salga de los edificios de la Torre. Durante el recorrido por las cuatro calles que rodean la zona de desastre ya casi no se ven caminar a personas. Quizá la gente ya duerme. Quizá no: la explosión originada en el sótano del edificio B2 del centro administrativo de Petróleos Mexicanos (Pemex), y que cobró la vida de al menos 25 personas, dejó una marca difícil de borrar para los habitantes de la colonia Verónica Anzures y de la Ciudad de México.