A menos que sea un disfraz, los mexicanos no visten de caudillos revolucionarios. ¿Por qué, entonces, se asocia este estereotipo al evento histórico? Los lazos entre la industrialización del cine y la Revolución Mexicana apuntan hacia una respuesta. Así, no es gratuito que Margarita de Orellana sitúe su libro La mirada circular en este periodo y en él analice la imagen del mexicano en el cine estadounidense. De esta manera, la recreación de batallas, actuada por revolucionarios para venderlas del otro lado de la frontera, es narrada en esta edición.

Por Natalia García Clark

Ciudad de México, 7 de julio (SinEmbargo).- A medida que vamos conociendo cada una de las anécdotas, éstas nos parecen familiares porque en el día a día existe una circulación excesiva de imágenes “falsas” que sobreviven en nuestra cultura, afirma Jacques Derrida, porque encarnan espectros que existen a partir de “los fantasmas que habitaban los films ya vistos”. El greaser, la frontera y la beautiful señorita son las tres figuras estelares que, según de Orellana, surgieron para representar a México en el cine de la Revolución; desbordan el marco temporal que las estudia y aparecen en la actualidad como fantasmas del pasado.

Bajo el nombre de inmigrante en la retórica política estadounidense y como narcotraficante en la industria del entretenimiento, el greaser retorna como el “ser irresponsable, traidor, vengativo y con una sexualidad incontenible”. El sarape, el bigote y el sombrero circulan infinitamente, pero ahora con el fin de proteger los valores consumistas de nuestros vecinos. La obscura y salvaje tez del mexicano, como aparece en los Westerns, resalta la superioridad del hombre blanco que reinaba en los grandiosos días del imperio yanqui, gracias a la exterminación y explotación de pueblos nativos americanos —misma que señala a ese “Otro” nacido en otra parte y que tiene rasgos árabes o africanos. De este modo, lo que importa es insertar el color de la piel en distintos rostros para destacar lo “diferente”. La mirada circular nos muestra que estas imágenes fueron siempre una puesta en escena, un imaginario compuesto por la actuación de algún Villa o Huerta antes de ser incorporadas al cine de ficción. Una simulación que, según Jean Baudrillard, carece de referencia a la realidad y que por lo tanto la ha reemplazado, lo cual resulta en un reciclaje eterno de imágenes: la hiperrealidad.

Se puede apreciar al greaser en películas contemporáneas como Ant-Man (2015), en donde un cómico, y no muy inteligente ladrón de origen mexicano logra convencer a su único amigo blanco, y suficientemente inteligente, de que robe el traje que lo convertirá en súper héroe. En la serie Breaking Bad (2008 – 2013), un maestro de química, Walter White, se vuelve traficante de metanfetamina y se enfrenta a mexicanos pandilleros, asesinos, traidores y más tontos que White. Machete (2010) es una celebración de lo hiperreal: el máximo reciclaje de fantasmas, estereotipos, escenas y diálogos. Incluso su personaje estrella, Danny Trejo, representa el greaser por excelencia —pelo largo y grasoso, piel morena, bigote, cicatrices en la cara, tatuajes y un machete.

L.M. Burrud, intrepido camarógrafo de la MFC, posa junto a dos soldados “indios” que se han quitado la camisa para obtener mayor impacto conematográfico. Kevin Brownlow, The War the West and the Wilderness, p. 97, Random House, 1979, en La mirada circular

La frontera se puede considerar, actualmente, como un lugar que separa y exilia “todo tipo de rufianes norteamericanos fuera de la ley” y protege a los bandidos que provocan el “desorden y caos.” Varias películas norteamericanas, en La mirada circular, cuentan historias en las que víctimas inocentes quedan atrapadas del lado mexicano de la frontera y sus vidas se ven amenazadas por los peligros que existen; usualmente, un héroe norteamericano tiene que entrar a México y salvarlos. Esta idea resurge en Man on Fire (2004), dónde una mujer estadounidense contrata a un guardaespaldas norteamericano para que cuide a su hija de los secuestros que abundan en la Ciudad de México. Como se acostumbra en estas películas, los policías mexicanos son corruptos y conspiran para secuestrar a la “güerita”, quien es salvada heroicamente por su guardaespaldas al final. Sicario (2015) encapsula la anarquía imaginada en México en una escena donde Alejandro, un agente latinoamericano, y Kate, una agente estadounidense, llegan a Ciudad Juárez. Varias patrullas mexicanas encienden sirenas y comienzan una persecución. “Bienvenida a Juárez,” le dice Alejandro a Kate mientras se revelan tres cuerpos descuartizados colgando de un puente. Machete (2010) muestra al mexicano como un animal peligroso que habita un ambiente repleto de “serpientes, escorpiones, tarántulas y cactus”. El misticismo con el que se representa la frontera sugiere que el crimen acecha en su proximidad, sin embargo, la barrera física aparece pocas veces en la mayoría de las películas y se alude a ella en los diálogos como recurso para incitar emociones por asociación.

La beautiful señorita sigue siendo un símbolo que atrae a cualquier cowboy con su largo y exótico pelo negro, sus pestañas grandes y su mirada seductora. Hoy, la criolla española fetichizada se ha transformado en esa extranjera de nalgas y pechos desbordantes y una sexualidad salvaje. Estos símbolos circulan muchas veces de manera subliminal y tan a menudo que podemos hacer un pastiche de recuerdos y reproducir un fantasma de la beautiful señorita en nuestras mentes. La beautiful señorita puede existir en diferentes versiones para diferentes etnicidades: europeas, asiáticas, negras. El objetivo general es la “apropiación del Otro a través de sus mujeres”, afirma de Orellana. Claro que al tratarse de una mujer latinoamericana, en especial mexicana, existe una carga colonial más fuerte. En varias películas de la Revolución, la beautiful señorita prefiere irse con el cowboy estadounidense a quedarse con el greaser. Hoy es casi imposible recordar entre nuestros fantasmas una representación cinematográfica en la que la beautiful señorita no tenga un romance heterosexual con un hombre blanco de cierta clase social que, además, le quite su pureza como Cortés a la Malinche.

W.H. Long es el actor que interpreta el papel del teniente federal que viola a la hermana de Villa. Teddy Sampson y Raoul Walsh interpretan el papel de la hermana burlada de VIlla y el joven Villa, respectivamente. En el recuadro final, Walsh es amenazado por la pistola de Long. Reel Life, abril 18, 1914, en La mirada circular.

Esta idea de sometimiento colonial se ve en la primera escena de The Counselor (2013) en la que el galán estadounidense de ojo claro le pregunta a su novia, Laura (Penélope Cruz), qué quiere que le haga en la cama. En esta escena, la sensualidad se insinúa en el acento latinoamericano de Cruz. Después de circundar un rato, Counselor logra que Laura le pida sexo oral, pero ella se arrepiente. Counselor utiliza sus habilidades súper dotadas para brindarle placer sexual y Laura concluye: “Me has arruinado para siempre”, a lo que el conquistador responde triunfante: “Eso espero”. En los Westerns, la beautiful señorita tiene que brindar oportunidades para mostrar el heroísmo del hombre blanco. En Maid in Manhattan (2002), Christopher, blanco y rico, se enamora de Marisa (Jennifer López) sin saber que ella trabaja como camarera. Marisa logra conseguir un vestido caro que resalta sus exóticas curvas latinas para verse con Christopher en una fiesta y al final, éste es tan bueno que decide quedarse con ella aunque descubre su origen. Modern Family (2009 – 2017) utiliza a la beautiful señorita para resaltar las diferencias entre un país avanzado y uno atrasado. En un episodio, Gloria (Sofía Vergara) no quiere acercarse a un lago en un viaje familiar porque ella cree que en ese lugar depositan cadáveres y drogas en su país. La conducta Gloria se basa en la premisa de que es tonta, está guapa, viene de un país peligroso o se casó con un viejo y adinerado estadounidense. Aunque Gloria es originaria de Colombia y no de México, finalmente se comporta como una beautiful señorita.

La figura de la beautiful señorita simboliza la unión total deseada de nuestra cultura con la del imperio en globalización. El Otro se vende, se explota y se consume con facilidad en el mercado. Como leemos en La mirada circular, desde la Revolución ha existido un interés de Estados Unidos en comercializar nuestra cultura, el cual se ha agudizado en años recientes por las tensiones políticas entre ambos países. Esta fascinación resulta en una constelación de fantasmas que fabrican la identidad mexicana en nuestra memoria. Si los espectros surgen de los espectros ya vistos en el cine, terminamos representando al mexicano tal y como aparece en la memoria norteamericana. Podríamos impedir que ciertos aspectos culturales se volvieran imágenes del imperio, pero es difícil considerando que, a pesar de la exclusión de ciertas comunidades y etnias en México, el espacio global continúa expandiéndose día con día. La mirada circular es una lectura relevante en nuestro presente porque nos muestra al mexicano como una imagen simulada. De cierta manera, Margarita de Orellana prevé el protagonismo de los fantasmas mexicanos y los fake news en la hiperrealidad. La diferencia entre las audiencias del ayer y hoy es que las actuales han dejado de buscar la objetividad en los medios para ser entretenidas perpetuamente. Se quedan pasmadas ante la brillante luz de sus pantallas digitales, buscando el like y el share que les permita ser la estrella más brillante del cielo por unos instantes antes de desvanecerse y ser reemplazada. Nuestra constelación se pierde entre la inmensidad del cosmos. Aquél que conozca sus orígenes y quiera encontrarlos puede deshacer este protagonismo, pero ¿puede formar algo que no sea otro conjunto de estrellas

Margarita de Orellana, La mirada circular. México: Artes de México, 2010. Pueden adquirir La mirada circular en el link https://catalogo.artesdemexico.com/